La acción coordinada de los miembros del G20
¿La coordinación entre los miembros del G20 puede reducir la deuda y los déficit?

Quien formula esta pregunta es Adam Triggs, analista de la Brookings Institution, e intenta darle respuesta en un informe que publica la página web de la institución. Sus planteos son aplicables a la reunión de ministros de finanzas que cerró la cumbre del G20 en Buenos Aires.
Los líderes del G-20 tenían una sola cosa en mente cuando se reunieron en Toronto en junio de 2010: la deuda. La respuesta que encontraron para la crisis que había estallado dos años antes fue efectiva para estabilizar los mercados, apuntalar el sistema financiero global y sostener el crecimiento mediante el estímulo fiscal coordinado.
El aumento del gasto, recortes impositivos, rescates a los bancos y el impacto de los estabilizadores automáticos, todo eso junto aumentó considerablemente la deuda y los déficit. Desde 2007 a 2018 los países del G20 sumaron US$ 33 billones (millones de millones) al grueso de la deuda global. El índice ajustado de la deuda pública -PBI de los países del G20 creció más de 40% entre 2007 y 2018. En Europa, la enorme deuda y los déficit en un contexto de moneda única y política monetaria única minó la confianza y generó una crisis de deuda que se expandió por el continente.
Los líderes del G20 advirtieron el problema cuando se reunieron en Toronto. Declararon que los acontecimiento recientes ponían de manifiesto la importancia de las finanzas públicas sostenibles y que los miembros debían implementar planes creíbles y graduales de crecimiento para lograr la sustentabilidad fiscal.
El resultado fueron los compromisos de Toronto. Muchos de los miembros se comprometieron a reducir a la mitad sus déficit para 2013 y estabilizar la relación deuda-PBI para 2016. Los compromisos excluían los mercados emergentes, Corea y Japón.
Al G20 se lo criticó por su brusco giro del estímulo a la consolidación. Muchos dijeron – con el diario del lunes – que había comenzado a consolidar demasiado pronto y que las metas inflexibles eran inapropiadas. También hubo acalorados debates dentro del G20. Algunos líderes querían consolidación (como Ãngela Merkel) y otros no (como Barack Obama). Había grandes debates entre austeridad y crecimiento, que terminaron favoreciendo el crecimiento, aunque con diferentes ideas sobre cómo lograrlo.
Los pronósticos de una pronta recuperación que hacían algunas organizaciones internacionales y algunos ministros de finanzas alentaban la consolidación fiscal. Pero esos pronósticos no se materializaron. El panorama económico que publicó el FMI en 2012 admitió que se habían subestimado los multiplicadores fiscales usados para los pronósticos. En lugar de 0,2 y 1,2 estaban en 0,9 y 1.7. Eso significaba que el retiro del gasto del gobierno tendría sobre la economía un efecto negativo más pronunciado en el corto plazo.
Entre 2010 y 2013 se hizo más claro para el G20 que el costo de sus compromisos originales sería más alto de lo que habían imaginado inicialmente y que a muchos países les costaría lograr los compromisos de Toronto. Aunque nunca hubo un anuncio formal, en 2013 el G20 abandonó los compromisos contraídos en Toronto y los reemplazó con las e estrategias fiscales de San Petersburgo.
Cada uno de los países del G20 (exceptuando Japón, Corea y los emergentes) diseñó una estrategia con compromisos específicos de política fiscal y una amplia estrategia de sustentabilidad fiscal a mediano plazo.
A pesar de los esfuerzos del bloque la deuda y los déficit siguen altos La gran pregunta que se plantea ahora es si la coordinación entre los miembros logrará bajarlos. La respuesta depende fuertemente de cómo se responden otras preguntas: ¿Tuvo éxito el G20 en sus anteriores intentos de reducir deuda y déficit?¿Es posible pensar en una consolidación fiscal coordinada? Y si esto es así ¿hay alguna otra forma de coordinación entre los países del G20? ¿Es eso políticamente posible? ¿El G20 influye en las políticas de sus miembros o las declaraciones de coordinación son una simple fachada?
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