¿Globalización en retirada?
Se ha instalado en los últimos meses. El eje de este nuevo debate es en torno a la globalización: ¿está en retroceso o sigue su marcha triunfal?
Media biblioteca respalda cada posición. El punto a tener en cuenta es cuál es la perspectiva elegida, el punto de partida.
En el mediano y largo plazo parece difícil que el proceso globalizador se estanque o desaparezca. El fuerte impacto de la tecnología disruptiva y la inmensa transformación en los medios y modelos de producción, tornan difícil esa hipótesis.
Pero en lo inmediato, en el corto plazo, hay algunos signos que indican una fuerte tendencia a reducir o desacelerar el proceso globalizador. De un lado la percepción política que representan el Brexit, la presidencia de Donald Trump con su nacionalismo exacerbado y la reivindicación de una clase media blanca estadounidense que ha vivido la desindustrialización tradicional y dispone ahora de menores ingresos que antes. La proliferación de nacionalismos y populismos en toda la geografía planetaria que cuestionan el viejo modelo capitalista y la expansión de la ola global.
Tal vez más importante aún, en este plano, es la caída importante en el volumen y frecuencia de fondos financieros que atraviesan las fronteras nacionales. La tremenda crisis financiera mundial que comenzó hace una década ha dejado cicatrices dolorosas. Durante 2007, los capitales que se trasladaron de un mercado a otro, fueron tres veces el tamaño de los que lo hicieron en 2016. Bancos, financistas e inversores siguen el mismo patrón de conducta. El capital que se mueve se traduce en inversiones de largo plazo, para expandir capacidad industrial o controlar marcas valiosas en mercados promisorios.
Con el clima actual, lo que más puede sufrir en lo inmediato es el comercio de bienes y productos. Ese es el verdadero temor cuando se habla de retroceso en la globalización. Porque lo cierto es que después de los excesos financieros de la década pasada, ahora el sistema financiero global es más resistente.
Sin duda, la primera señal es que préstamos a otros países es la primera manifestación del vuelo de capitales de un país en crisis. En cambio, los capitales que se mueven hoy de un país a otro lo hacen bajo la forma de inversión extranjera directa, compromisos de largo plazo que se perciben como productivos.
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