G20: no se esperan grandes decisiones

Decir que no hay optimismo entre los líderes del Grupo de los 20 próximos a reunirse es quedarse corto. En realidad, lo que hay es una profunda preocupación por el estado de la economía global.

14 noviembre, 2014

Muchos hablan en términos casi apocalípticos de la situación actual. Para Christine Lagarde, jefa del FMI, el mundo está atrapado en “una nueva mediocridad”. Para la OCDE, la economía global está “no levanta velocidad”; Jack Lew, secretario del tesoro de Estados Unidos, advierte que “el mundo debe evitar una década perdida europea”.

Con estos ánimos se realiza la novena cumbre del G20 en Brisbane, Australia. Lo que sorprende entonces es lo poco que los pronósticos económicos mundiales han sido revisados hacia abajo. En el caso del FMI, 0,1% para 2014 y 0,2% para 2015. El crecimiento global este año se calcula que estará ubicado más o menos como el promedio de los últimos 30 años. El de 2015, sería algo mejor.

Estas proyecciones relativamente optimistas por parte del FMI y casi todos los demás órganos pronosticadores no logran tapar el miedo que se huele en Brisbane.

Lo que la cumbre de Australia puede hacer es ocuparse de los grandes temas del día en la economía global. Una de las más básicas preocupaciones es el manejo de las tasas de cambio. Los políticos en Japón, eurozona y Gran Bretaña buscan aumentar sus exportaciones mediante políticas destinadas a debilitar sus propias monedad. La OCDE dice que hay una gran posibilidad de que haya “seria inestabilidad y volatilidad en las tasas de cambio”.

La cumbre, que reúne los mandatarios de las naciones más importantes, es el foro ideal para debatir este tema. Y sin embargo, lo que se supone que producirá es otra declaración suave denunciando excesos de volatilidad y movimientos desordenados en las monedas.

Otro tema en la agenda es el aumento del proteccionismo que está demorando el crecimiento del comercio, uno de los principales motores del aumento de la productividad y aumento del estándar de vida.

El problema es que los asistentes a estas reuniones dicen que más importante que los resultados precisos es el proceso de reunirse y hablar sobre las cuestiones. Con esta lógica, la cumbre de Brisbane es un adorno en el proceso de la diplomacia económica internacional.

 

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