La elección de octubre despejó la incertidumbre política y, sobre esa base, se fueron acumulando una sucesión de buenas noticias en la economía. No solo se tranquilizó el mercado cambiario, sino que –ayudado por la flexibilización de la banda cambiaria, cuyo techo desde enero se actualiza por IPC- el Banco Central viene acumulando reservas a un muy buen ritmo. Mientras, el descenso del riesgo país muestra una dinámica que despeja las dudas sobre cómo el Estado afrontará los vencimientos de la deuda pública.
El “lado B” de este proceso es la moderación en el proceso de baja de la inflación. Pero es recomendable un cambio de prioridad. En la situación que se enfrentaba a fines del 2023 bordeando la hiperinflación, lo más urgente e importante era bajar la inflación. Alcanzado el objetivo, más allá del subsistente crecimiento de los precios superiores a los que prevalecen en el resto del mundo, para los próximos meses mucho más urgente e importante que terminar de derrotar la inflación es salir del estancamiento en la producción. Las evidencias muestran que, dentro de una gran dispersión entre sectores, en promedio la actividad económica está estable desde comienzos del año pasado. Por eso, sin abandonar la expectativa de convergencia de la inflación interna a la internacional, la prioridad es salir del letargo en la producción. De allí que resulte particularmente inoportuna la falta de criterio que llevó a la renuncia de Marco Lavagna a la titularidad del INDEC. Parecería que el exagerar la importancia que tiene en cuanto variarán los precios al consumidor en los próximos meses derivó en decisiones que atentan contra la credibilidad.
Mucho más relevante es asumir que la estabilidad en la tasa de desempleo no es un síntoma de que el mercado de trabajo detuvo su proceso de degradación sino, por el contrario, una alerta de que, como hace más de una década que no hay generación de empleos de calidad, la gente apela al trabajo informal, especialmente como cuenta propia, para generar ingresos de subsistencia. Tanto por razones sociales como para darle sostenibilidad política al programa económico, es pertinente focalizar la atención en generar condiciones para un crecimiento sostenido de la producción y el empleo de calidad.
Otra vez hablando de proteccionismo
La contratación de una empresa extranjera para la construcción de una obra de infraestructura para Vaca Muerta generó otra ola de polémicas en torno al anacrónico antagonismo entre apertura y proteccionismo. Bajo los posicionamientos tradicionales se cae en un dilema inconducente. El aislamiento lleva a la decadencia porque los precios más altos empobrecen a la población en general y desalienta la producción nacional porque la somete a insumos y bienes de capital más caros. La integración al mundo, en un entorno plagado de factores que quitan competitividad, tampoco sirve para salir de la decadencia.
La manera de disipar el pesimismo es centrar el debate en identificar las condiciones que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible. Esto pone como prioridad la reconversión en el interior de las empresas y una agenda variada y compleja de políticas públicas. Se trata de revertir muchas malas decisiones que se fueron acumulando a lo largo de décadas y que son las que impiden una integración al mundo eficiente y sostenible.
Dada esta situación, la reforma con impactos más inmediatos es acelerar la transición hacia el régimen cambiario definitivo. Con equilibrio fiscal y baja del riesgo país el Tesoro está en condiciones de afrontar la deuda, permitiendo que el Banco Central se concentre en acumular reservas con emisión monetaria al ritmo que le permita abastecer la demanda de dinero. La secuencia siguiente es institucionalizar como ocurre, por ejemplo, en Perú un régimen bimonetario. Esto implica darle al dólar curso legal, lo que implica terminar de eliminar el cepo, y permitir que el sistema financiero intermedie, bajo reglas similares, con las dos monedas. El principal impacto, desde el punto de vista del funcionamiento de la economía, es ofrece más previsibilidad y que el crédito juegue un papel relevante como factor dinamizador y como insumo fundamental en el proceso de reconversión que necesitan afrontar muchas empresas.
Con impactos menos inmediatos, pero trascendentales aparecen reformas como la laboral. En esta área el proyecto en tratamiento en el Congreso tiene la integralidad y profundidad acorde a las magnitudes del problema. Sin perjuicio de ello, como se desarrolla con más detalle en los PAL N° 111 a N° 117, hay varios ajustes en su contenido que permitirán aumentar la potencia transformadora del proyecto. Particularmente relevante es incorporar instrumentos más eficaces para abordar los problemas que genera la legislación laboral en las empresas más pequeñas.
Otra área especialmente condicionante de la competitividad de la producción nacional es la tributaria. Con la actual conformación del sistema impositivo es muy difícil ser competitivo, especialmente en sectores de mayor valor agregado. Es evidente que la producción nacional queda muy descolocada al incorporar en sus costos la incidencia -no solo en la etapa del productor final sino de toda la cadena de suministros- de impuesto como ingresos brutos, sellos, cheque, tasas municipales, derecho de exportación, etc.
No está en duda la necesidad de transformar el sistema tributario, pero sí la manera de hacerlo. Particularmente cómo enfrentar las dificultades que derivan de que los tributos que hay que eliminar dependen de los tres niveles de gobierno y que en la mayoría de los casos aportan una proporción muy alta de los ingresos totales en el contexto de una fuerte restricción fiscal. ¿Es el régimen federal una maldición que impone, a través de los solapamientos de impuestos entre niveles de gobierno, trabas insalvables para la competitividad?
Si la opción es apelar a que la gradual baja del gasto público en los tres niveles de gobierno vaya generando las condiciones para eliminar los diferentes impuestos que erosionan la competitividad hay muchas razones para el pesimismo. El planteo peca por simplista y voluntarista. Pero si se está dispuesto a desplegar estrategias más disruptivas se pueden implementar, aun dentro de las restricciones que impone el régimen federal, reformas más acordes a lo que demanda un proceso de integración al mundo eficiente y sostenible.
La empresa que ganó la compulsa para la construcción de la infraestructura para Vaca Muerta tiene sede en India, un país como la Argentina con una organización federal y que tenía similares problemas tributarios por el solapamiento de impuestos entre niveles de gobierno. Atacó el problema con un “Súper IVA” a través del cual fusionó la maraña impositiva. Este es uno de los antecedentes que tomó como referencia Brasil, otro país federal, para avanzar en una ambiciosa reforma donde el IVA sustituirá la maraña impositiva que se impone desde los tres niveles de gobierno. Que el principal socio comercial de la Argentina entre en la etapa de instrumentación de una reforma tributaria con alto impacto en su competitividad es un hecho mucho más relevante que el impacto que puede llegar a tener el cambio de metodología en el Índice de Precios al Consumidor.
La tranquilidad cambiaria y financiera es una ventana de oportunidad. Pero no una solución permanente. Para aprovecharla hay que romper con inercias que vienen desde hace décadas. Entre ellas, sustituir la vieja dicotomía entre proteccionismo o apertura para centrar la atención en la secuencia e integralidad correcta de las reformas que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible.











