Finanzas argentinas: del cielo al subsuelo
En 2017 el país vendió US$ 2.750 millones en “bonos a 100 años”. Al año, se debió recurrir al FMI.

Siempre se recuerda una frase memorable de Harold Wilson, que fuera primer Ministro en Gran Bretaña, por el Partido Laborista: "en política, una semana es el largo plazo".
Para confirmar su vigencia, baste recordar dos situaciones recientes. En marzo de este año la única discusión sobre el tema de la sucesión presidencial era quien acompañaría a Mauricio Macri en la fórmula ganadora. Hoy, unos pocos meses después, nadie da por segura una victoria del actual mandatario. Por el contrario, son muchas las especulaciones sobre nuevos candidatos, de Cambiemos y de la oposición.
Lo mismo ocurrió en el campo de las finanzas y la deuda externa del país. En junio del año pasado el país emitió títulos de deuda a través de bonos con vencimiento a 100 años, y a una tasa de 8%. La aceptación inicial llegó casi a US$ 10 mil millones. Finalmente Argentina vendió de estos títulos hasta US$ 2.750 millones. Los inversores buscaban entonces altas tasas de interés, pero a la vez demostraban confianza en el "programa pro reformas del mercado", del gobierno nacional.
Menos de un año después, el mismo gobierno se vio obligado a solicitar un préstamo del FMI –inicialmente un pedido de US$ 30 mil millones, que se extendió a US$ 50 mil millones-. Había que controlar el daño que estaba causando la conmoción y disturbios del mercado financiero.
Lo cierto es que el mismo país que tiene un record de default en ocho oportunidades diferentes de los últimos 200 años (la más importante en 2001), logró sumarse hace un año al selecto grupo de países que podían permitirse tomar deudas a un siglo. Los financieros son mercados con memoria muy corta.
¿Cómo ocurrió ese cambio? En términos generales, los inversionistas extranjeros estaban muy de acuerdo con las medidas tomadas por el nuevo gobierno, que apuntaban a desmantelar la red de restricciones y controles puestos en vigencia por el anterior gobierno. Y eso jugaba a favor.
Pero luego hubo un cambio externo e interno. En el plano externo, las medidas de Donald Trump fortalecieron al dólar, subieron los intereses en EE.UU y se produjo un rápido retorno de capitales que buscaban altos rendimientos en las economías emergentes. Fue un vuelo a la seguridad y el fin de una era, donde los intereses eran bajísimo dentro de Estados Unidos.
Pero además, en el plano interno no había buenos resultados en la lucha contra la inflación. En el año pasado fue del orden de 20%. El gobierno prometió que sería de 15% para todo este año. En consonancia, el Banco Central, en enero, redujo las tasas de interés a 28% (alta para los estándares regionales) pero aun así no alcanzó a calmar la inquietud.
Se produjo una corrida contra el peso, que siguió desde entonces hasta estos días, y que siguió bajando su valor frente al dólar. Entre tanto, el escenario mundial y en especial en los países emergentes, no le da tregua al castigado peso, que parece que seguirá recibiendo embates.
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