Europa necesita diversificar su provisión de gas

La Unión Europea aplica una política de diversificación de las fuentes de energía, juntamente para la dependencia del petróleo y gas y de sus principales proveedores. En la mira  está Estados Unidos, que no parece interesado.

Quienes habían puesto sus esperanzas en las fuentes norteamericanas como alternativa al gas ruso  recibieron con desilusión los comentarios del CEO de la estadounidense Cheniere Energy, quien dijo que la posibilidad de exportar a Europa es impensable.

Después de que Rusia anexara Crimea en marzo y occidente comenzara a imponer sanciones a Moscú, Europa se vio obligada a evaluar su grado de dependencia de las exportaciones energéticas rusas.

Según el presidente del comité directivo de la Agencia Alemana de Energía, Stephan Kohler, Europa persigue objetivos estratégicos de reducir los suministros de gas ruso. “Hacia 2015, podremos ahorrar un volumen considerable del gas natural cuyo consumo en Alemania y Europa va a disminuir debido a un crecimiento del consumo del gas licuado y gas extraído de yacimientos en la plataforma marina”, dijo Kohler durante una videoconferencia Moscú-Berlín dedicada al tema del “Gas para Europa. La cooperación entre Rusia y la UE en materia de gas”.

Según los expertos alemanes, en realidad, Rusia depende de Alemania, porque la economía rusa depende demasiado de la exportación de hidrocarburos. Hoy en día,  80% del gas ruso se exporta a la UE.

“La UE sigue adelante con su estrategia de diversificación”, afirma la jefa del departamento “Energía, Transporte y Medio ambiente” del Instituto alemán de Economía, profesora Claudia Kemfert.

Hoy en día, la dependencia de la UE de Rusia puede crecer a medida que se realice el plan de cierre gradual de plantas nucleares, cree Kemfert. Según ella, el carbón puede ser una alternativa al gas natural.

Ucrania, la ruta tránsito para el gas ruso que fluye hacia Europa, es una pieza clave en este problema. Rusia envió unos 155.000 millones de metros cúbicos a Europa el año pasado, alrededor de 30%  de la demanda total, y más de la mitad de esa cantidad pasó a través de Ucrania.

Pero las opciones de diversificación que tiene Europa son limitadas. Desde mediados de abril, los 28 estados miembros tenían sus depósitos llenos al 48% con 38.000 millones de gas. Podrían aguantar un tiempo de interrupción en el suministro. Además, hay nuevas cañerías que conectan los países europeos y los hacen más resilientes. Hay nuevos gasoductos y oleoductos entre Rumania y Hungría, entre Hungría y Croacia, Eslovenia y Austria, Polonia y República Checa.  A fines de marzo, los líderes de Hungría y Eslovaquia inauguraron su propio conector. También se han instalado bombas  que operan en dirección contraria y permiten que el gas sea bombeado de oeste a este. La alemana RWE y la compañía polaca estatal PGNiG enviaron volúmenes pequeños de gas a Ucrania de esta forma el año pasado y actualmente están en conversaciones para llevar a Ucrania gas de Eslovaquia.

Esa infraestructura ayuda poco a países que  dependen casi totalmente de Rusia, como los estados bálticos. Ellos también han intentado diversificarse. Lituania ha construido una terminal de importaciones que es una plataforma flotante de gas natural licuado (LNG) que comenzará a ser operativa para fin de este año. Polonia también completará este año una terminal LNG.

Todos estos emprendimientos reflejan la esperanza de que Europa pueda reemplazar algo del gas ruso con importaciones de LNG. Pero eso significaría  un gran cambio en las tendencias actuales. Europa resultó profundamente dañada por el desastre nuclear Fukushima, que llevó a Japón a volcarse hacia la generación  energética a base de gas y obligó a que los barcos con LNG  viraran de Europa hacia Asia.

Si Europa quiere más LNG tendrá que pagarlo. El continente gasta unos US$ 11 por millón de unidades térmicas británicas (mBTU) en gas, mientras que en Asia, el LNG se vende a US$ 15 por mBTU.

Estados Unidos podría surgir como un gran exportador de LNG. Ya hay más de 28 propuestas para construir proyectos de exportación, pero se supone que sólo una fracción de todo eso saldrá adelante. Para 2025, calcula British Gas, Estados Unidos tendrá aproximadamente unos 90 bcm de capacidad exportadora y calcula que gran parte de eso irá a Asia.

Europa podría tratar de replicar el éxito de Estados Unidos en gas de esquisto y desarrollar sus propias reservas no convencionales de gas. Pero en este sentido el progreso ha sido lent5o porque algunos países, especialmente Francia y Bulgaria, han prohibido los procesos de fracturamiento hidráulico por contaminantes del ambiente. Aunque algunos países, como Gran Bretaña, están ansiosos por explotar las reservas de gas de esquisto, la oposición del público es fuerte.

 

 

 

 

 

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