Concentración del poder económico
El alerta y las preocupaciones por lo que se vislumbra de este proceso viene del ámbito empresarial.

Desde 1997, la concentración del mercado ha crecido en dos terceras partes de las industrias estadounidenses. Una décima parte de la economía está en manos de industrias donde hasta cuatro firmas controlan nada menos que dos terceras partes de los mercados sectoriales.
En toda Europa hay un proceso similar, aunque con algo menos de intensidad. En ambas geografías, los esfuerzos por disminuir o debilitar la excesiva concentración, no han tenido éxito. Empresas grandes y medianas, cámaras empresariales, y empresas que incursionan en la vanguardia del conocimiento, consultores y académicos, ven este avance con gran preocupación. No piensan que favorece al capitalismo. Más bien que lo perjudica.
Este debate que tiene un costado teórico importante, entronca con otra discusión que gana en intensidad. ¿Cuál es el propósito de una empresa? Ya no basta con ganar dinero, tener buenas ganancias como pregonaba Milton Friedman, hace más de cuatro décadas.
Desde los centros de estudios sobre negocios, crece la percepción de que la sociedad tiene un fuerte rechazo a empresas donde lo único que importa es la magnitud de las ganancias y el valor de las acciones. O el repudio a los directivos solamente atentos al monto de sus salarios y compensaciones especiales. Con el agravante que, en términos generales, la ganancia empresarial no es tan buena como antaño.
De ahí la vocación de muchos críticos de este cuadro, por redefinir el verdadero propósito de la empresa. Hay razones humanas, económicas y sociales que están presionando activamente por un cambio. Lo que obliga a pensar el propósito de la organización empresaria, a reflexionar sobre los mejores modelos imaginables, y a refundar la misma noción de la empresa.
Como cabal demostración del pesimismo sobre este tema, basta ver el tipo de atención que recibe el análisis del poder de las grandes empresas.
Cinco empresas –argumentan los pesimistas- Facebook, Alphabet, Amazon, Apple y Microsoft, concentran enorme porción del poder económico y hasta político. El temor se expresa así: es crucial controlar el poder y la disponibilidad de inteligencia artificial para evitar la dominación por parte de gigantescas empresas con enormes recursos económicos y base de datos.
Las grandes empresas ponen condiciones y los gobiernos casi siempre hacen su juego.
Amazon acaba de demostrar el desequilibrio de poder entre las grandes empresas y los gobiernos. Cuando el año pasado anunció que estaba buscando una ciudad para instalar una segunda sede, publicó un documento detallando todo lo que la ciudad tenía que ofrecer para poder competir. Además de exigir buenas rutas de acceso, buen transporte público y población con la debida preparación, el documento explicaba que los incentivos del estado y de los gobiernos locales serían factores importantes al momento de tomar la decisión.
No es la única. En 2001 la compañía aeroespacial Boeing hizo exactamente lo mismo, y la ciudad de Chicago, Illinois, resultó la ganadora. Funcionarios a nivel local y estadual presionaron agresivamente para atraer a la compañía: le ofrecieron generosos incentivos financieros, promovieron las ventajas comerciales y culturales de la ciudad y crearon una comisión de primera categoría.
No son sólo los gobiernos los que son manipulados. En Gran Bretaña, por ejemplo, cuando son los sindicatos los que hacen concesiones – como aceptar recortes en las jubilaciones o o contratos menos seguros para personal nuevo – casi siempre se debe a que la empresa ha amenazado con llevar la producción a países con costos más bajos.
Pero al tratar los empleos de la gente como moneda de cambio y sus ciudades como puntitos en el mapa corporativo las empresas están inoculando una sensación de inseguridad en la gente que erosiona su apoyo al capitalismo y a la globalización.
Lo que está claro es que ha llegado para quedarse, un temor creciente por la presencia activa de monopolios y por la concentración de poder dentro del mercado en distintos sectores y actividades. Aunque tal vez no todas las acusaciones a este proceso sean fundadas. Pero se usan para explicar por qué los salarios están estancados, por qué vastas capas de la sociedad se resienten y se vuelcan hacia regímenes más autoritarios que cuestionan la vigencia de la democracia tal como se la conoce.
El dato insoslayable es que hay menos cantidad de empresas hoy que las que había en los años 80, y que la concentración de mercado creció sustancialmente en 75% de las distintas industrias. Es decir, empresas hay menos. Pero el precio de productos y servicios sigue en ascenso.
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