Comienza el deshielo entre Brasil y EE.UU.
Luego de posponer dos años su visita oficial, Dilma Rousseff viaja el domingo a Washington. Se supone que con Obama tratarán de dejar atrás el problema del espionaje norteamericano y mejorar las relaciones comerciales.
En el año 2013 la segunda mujer más poderosa del mundo por ser la presidenta de Brasil, según la revista Forbes, dio la espalda Barack Obama por ser presidente de Estados Unidos, canceló una visita oficial reprogramada a Estados Unidos para expresar su repudio al espionaje norteamericano de correos y llamadas oficiales revelado por Edward Snowden, ex funcionario de la National Security Agency. El espionaje incluía correos relacionados con la petrolera estatal Petrobras.
Este próximo domingo, sin embargo, inicia su primera visita oficial a Washington luego de un marcado alejamiento de dos años. De entonces a ahora la situación de la mandataria ha cambiado sustancialmente. En 2013 estaba en el pico de su popularidad. Hoy, el escándalo de corrupción en Petrobras, que la toca directamente pues se trata de negociaciones turbias iniciadas hace bastantes años, cuando ella ocupaba el cargo de Ministra de energía.
Su popularidad ha caído, especialmente entre la clase media, y según expertos que miran esto desde afuera, necesita restaurar a nivel gubernamental, las buenas relaciones que siguen teniendo ambas potencias a nivel comercial. Ambas potencias son grandes socios comerciales.
Estados Unidos es un importante mercado para bienes manufacturados brasileños, como los aviones que produce Embraer, tercer fabricante de aviones del mundo.
China, en cambio, acaba de firmar con Rousseff, importantes proyectos de inversión en infraestructura y tiene mucho interés en los recursos naturales de Brasil.
Pero volviendo a las relaciones Estados Unidos-Brasil, ambos países se desconfían uno al otro. A Estados Unidos le molesta el proteccionismo brasileño. También le molesta que el país sudamericano le haya pagado con la misma moneda a la política de visas para entrar a Brasil. Si los brasileños tienen que sacar una visa para entrar a Estados Unidos, nos norteamericanos necesitan una para entrar a Brasil. Es el único país de América latina que le ha retrucado sus exigencias de ese modo.
La visita podría ayudar a Rousseff para mejorar su imagen porque la clase media, en general, mira a Estados Unidos con respeto.
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