Brasil: los primeros sondeos postelectorales son poco tranquilizadores para Lula

Por un lado, varios analistas de opinión estiman ya que Luiz Inácio da Silva puede ser derrotado por Geraldo Alckmin. Por otro, allegados al presidente creen que no podrá manejar un congreso dominado por la oposición.

3 octubre, 2006

Golpeado por nuevos escándalos y remiso a debatir con un pálido rival conservador, Lula tiene apenas cuatro semanas para hacer campaña en serio. Su oponente, también. Pero las primeras encuestas posteriores a los comicios indican que su ventaja sobre Alckmin de achica a no más de cuatro puntos.

En poco más de un mes, el capital político presidencial se contrajo de 57/62% al “magro 48,8% obtenido el domingo. Alckmin pasó de 35/37% a 41,4%. En Latinoamérica, esto se ve como derrota del venezolano Hugo Chávez y el argentino Néstor Kirchner, en tanto beneficia a una curiosa alianza conservadora: Estados Unidos-Méjico.

Impensables hasta hace algunas semanas, esos resultados plantean un octubre tenso. Además de casos de corrupción o peculado, el gobierno paga el precio de la extrema inseguridad, en un país manejado por mafiosos y narcotraficantes desde la cárcel. En este plano, hay varios puntos de contacto con Méjico, en tanto Argentina –pese a una sostenida campaña de corte político- ofrece un panorama mucho menos duro. Pero también ha vuelto al parlamento brasileño, como opositor, un emblema de corrupción feudal, Fernando Collor de Melo.

Por su parte, la disidente Heloisa Helena no logró llegar al 10% deseado y obtuvo apenas 6,9%. Este año, los comicios fueron normales y mucho más pacíficos que en 2002 (el padrón era de 126 millones). A su vez, la votación refleja el perfil socioeconómico del gigante. En el paupérrimo noreste, Lula consiguió 65% y Alkckmin 25%; en el próspero sudeste –abarca Río, San Pablo y el flanco hasta Río Grande del sur-, el gobierno obtuvo 35% contra 55% de la oposición. Lo malo es que los pobres sólo aportan votos, pero no aseguran gobernabilidad.

En las elecciones estaduales, al partido Sociademócrata (liberal conservador, en realidad) le fue todavía mejor. Ganó o retuvo las gobernaciones de San Pablo, Minas Gerais y los estados meridionales. Para peor, el oficialismo queda en minoría en el senado, donde no retiene ni un tercio. Tampoco es cómoda la relación de fuerzas en la cámara baja. Por eso, gente allegada a Lula piensa que no sería conveniente imponerse en la segunda rueda para, después, encontrarse con la imposibilidad de gobernar.

Si el retroceso no ha sido mayor es porque varios indicadores evolucionaron bien en los cuatro años de Lula. Por ejemplo, el desempleo primario cedió de 11,2 a 9,8% de la población activa, en tanto la pobreza lo hacía de 33 a 22,7% y la inflación minorista de 12,5 a 4%. La deuda pública pasó de 57,2 a 50,3% del producto bruto interno, en tanto el PB por habitante subía de R 7.630 a 8.400. En este caso influyó el retroceso del dólar (R 3,54 a 2,20), por lo cual en moneda fuerte esa estadística va de US$ 215,50 a 382. Esas cifras son la mejor arma de Lula para pelear este mes.

Un factor clave de varias economías en desarrollo, el crecimiento vegetativo de la población, sigue tan poco abordado en Brasil como en Méjico, Colombia y hasta Argentina. Sus sectores más desposeídos son fábricas de pobres y, por ende, violencia social. Durante la gestión de Lula, Brasil pasó de 172 a 188 millones de habitantes, número que lo pone en una categoría donde están Nigeria –que vive una intermitente guerra étnica- o Bangla desh.

Golpeado por nuevos escándalos y remiso a debatir con un pálido rival conservador, Lula tiene apenas cuatro semanas para hacer campaña en serio. Su oponente, también. Pero las primeras encuestas posteriores a los comicios indican que su ventaja sobre Alckmin de achica a no más de cuatro puntos.

En poco más de un mes, el capital político presidencial se contrajo de 57/62% al “magro 48,8% obtenido el domingo. Alckmin pasó de 35/37% a 41,4%. En Latinoamérica, esto se ve como derrota del venezolano Hugo Chávez y el argentino Néstor Kirchner, en tanto beneficia a una curiosa alianza conservadora: Estados Unidos-Méjico.

Impensables hasta hace algunas semanas, esos resultados plantean un octubre tenso. Además de casos de corrupción o peculado, el gobierno paga el precio de la extrema inseguridad, en un país manejado por mafiosos y narcotraficantes desde la cárcel. En este plano, hay varios puntos de contacto con Méjico, en tanto Argentina –pese a una sostenida campaña de corte político- ofrece un panorama mucho menos duro. Pero también ha vuelto al parlamento brasileño, como opositor, un emblema de corrupción feudal, Fernando Collor de Melo.

Por su parte, la disidente Heloisa Helena no logró llegar al 10% deseado y obtuvo apenas 6,9%. Este año, los comicios fueron normales y mucho más pacíficos que en 2002 (el padrón era de 126 millones). A su vez, la votación refleja el perfil socioeconómico del gigante. En el paupérrimo noreste, Lula consiguió 65% y Alkckmin 25%; en el próspero sudeste –abarca Río, San Pablo y el flanco hasta Río Grande del sur-, el gobierno obtuvo 35% contra 55% de la oposición. Lo malo es que los pobres sólo aportan votos, pero no aseguran gobernabilidad.

En las elecciones estaduales, al partido Sociademócrata (liberal conservador, en realidad) le fue todavía mejor. Ganó o retuvo las gobernaciones de San Pablo, Minas Gerais y los estados meridionales. Para peor, el oficialismo queda en minoría en el senado, donde no retiene ni un tercio. Tampoco es cómoda la relación de fuerzas en la cámara baja. Por eso, gente allegada a Lula piensa que no sería conveniente imponerse en la segunda rueda para, después, encontrarse con la imposibilidad de gobernar.

Si el retroceso no ha sido mayor es porque varios indicadores evolucionaron bien en los cuatro años de Lula. Por ejemplo, el desempleo primario cedió de 11,2 a 9,8% de la población activa, en tanto la pobreza lo hacía de 33 a 22,7% y la inflación minorista de 12,5 a 4%. La deuda pública pasó de 57,2 a 50,3% del producto bruto interno, en tanto el PB por habitante subía de R 7.630 a 8.400. En este caso influyó el retroceso del dólar (R 3,54 a 2,20), por lo cual en moneda fuerte esa estadística va de US$ 215,50 a 382. Esas cifras son la mejor arma de Lula para pelear este mes.

Un factor clave de varias economías en desarrollo, el crecimiento vegetativo de la población, sigue tan poco abordado en Brasil como en Méjico, Colombia y hasta Argentina. Sus sectores más desposeídos son fábricas de pobres y, por ende, violencia social. Durante la gestión de Lula, Brasil pasó de 172 a 188 millones de habitantes, número que lo pone en una categoría donde están Nigeria –que vive una intermitente guerra étnica- o Bangla desh.

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