Ayuda a las automotrices a cambio de compromisos con el clima

En un editorial, el Financial Times, pide a los gobiernos que no se equivoquen como en 2008 y aprovechen la crisis para forzar cambios necesarios para acercarse a las metas del Acuerdo de París.

La industria automotriz, junto con la aviación, son las más castigadas por la pandemia. En Europa occidental las ventas cayeron 80% al año si se compara con 2019 al mes de abril. En España, Italia y Gran Bretaña casi no se compraron autos en la que va del 2020. Se calcula que las ventas globales de autos nuevos caerán 20% este año. Las fábricas fueron cerradas y los compradores no aparecieron por las concesionarias.

 

Desde antes de la pandemia los fabricantes de autos ya tenían muchos problemas. Las ventas en los principales mercados ya declinaban y las nuevas regulaciones sobre emisión de gases los obligaban al costoso giro hacia los vehículos eléctricos presionaba sobre las ganancias. Los despidos ya estaban en la agenda y muchos de los grandes jugadores buscaban fusiones o alianzas. La pandemia lo único que hizo fue aumentar todo eso.

Para los gobiernos, la preocupación más inmediata es la supervivencia de una industria que no solamente hace un gran aporte a la economía nacional sino también un gran generador de empleo. En Francia el presidente Macron acaba de anunciar un paquete de apoyo de € 8.000 millones que incluye más subsidios para los compradores de autos eléctricos o híbridos y apoyo a la investigación en energía de hidrógeno. Macron fijó una meta: producir un millón de autos eléctricos al año para 2025.

 

Pero los políticos deberían aprovechar la experiencia de la historia reciente. Después de la crisis bancaria de 2008, muchos gobiernos brindaron a sus automotrices ayudas de distinto tipo, sea inyecciones directas de dinero o incentivos a los compradores para aumentar la demanda. Una de las experiencias que se extrajo de aquello es que nunca es fácil quitar esos incentivos a las compañías. Un plan de incentivos para aumentar la venta de autos eléctricos tal vez no tenga mucho sentido práctico en Europa donde las automotrices hacen pocos y venden perfectamente los tradicionales gracias a los subsidios que reciben. Tampoco se sabe con certeza que sea beneficioso alentar a la gente a dejar autos en buenas condiciones para comprar nuevos modelos de bajas emisiones.

 

Pero la caída de la demanda es un problema mucho mayor que el de recomenzar la producción. En Europa la demanda está 30% por debajo de lo normal. Si bien hay señales prometedoras en China, donde volvió la demanda cuando cesaron las cuarentenas, es improbable que en Occidente la demanda retorne en el mediano plazo. Muchos economistas predicen que el coronavirus traerá la mayor reducción en la actividad económica que se recuerda.

 

El diario Financial Times, en su editorial del 27 de mayo, recomienda a los líderes de gobierno, que recuerden la experiencia de los rescates de hace diez años y utilicen su influencia para cambiar para mejor el curso de la industria y del transporte. Les aconseja que pongan su dinero no para incentivar ventas sino para hacer realidad la infraestructura necesaria para abandonar de una vez por todas los hidrocarburos.

El editorial termina con una sugerencia concreta: toda ayuda financiera a las compañías automotrices debería estar condicionada a que trabajen en la misma dirección. La crisis de hoy brinda a los gobiernos la oportunidad de cumplir con las metas del Acuerdo de París para combatir el cambio climático.

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