miércoles, 14 de enero de 2026

Tiangong bajo presión: cómo Shenzhou 22 salvó el plan espacial de China

La nave no tripulada Shenzhou 22 ya está acoplada a la estación Tiangong y actúa como “bote salvavidas” para la tripulación de Shenzhou 21, en una misión de emergencia sin precedentes para el programa espacial chino.

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Como se informó en esta sección, la Agencia China de Vuelos Tripulados decidió adelantar el lanzamiento de Shenzhou 22 tras detectar microgrietas en una ventanilla de la cápsula Shenzhou 20, atribuidas a un probable impacto de desechos orbitales.  Ahora ese diseño se puso a prueba: el cohete Larga Marcha 2F despegó desde Jiuquan el 25 de noviembre y, unas tres horas y media más tarde, la nave se acopló al módulo central Tianhe, devolviendo a la estación su configuración segura. 

De la teoría a la práctica del “launch on need”

El dato relevante ya no es solo que China cuente con un esquema de respaldo, sino que haya demostrado su capacidad de activarlo en tiempos comprimidos. Según la información oficial, la campaña de preparación de Shenzhou 22 se completó en unos 16 días, frente a los 45 habituales de una misión estándar.  El cohete y la nave, previstos para una rotación tripulada en 2026, pasaron del modo de reserva a un lanzamiento efectivo que restableció la capacidad de evacuación de Tiangong. 

En la columna anterior se mencionaron antecedentes de este enfoque en otros programas. El operativo chino funciona ahora como validación de un esquema similar en una estación nacional de nueva generación.

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Veinte días de gestión de crisis

La secuencia se extendió durante unos veinte días, desde la detección del daño en la ventana de Shenzhou 20 hasta el acoplamiento de Shenzhou 22. En ese lapso se tomaron tres decisiones críticas: posponer el regreso previsto de Shenzhou 20, utilizar Shenzhou 21 como vehículo de retorno para esa tripulación y convertir Shenzhou 22 en nave de emergencia. 

El resultado fue una estación que, durante más de una semana, operó sin un vehículo de evacuación disponible. El lanzamiento de Shenzhou 22 cerró esa ventana de riesgo y permitió mantener la permanencia de los tres astronautas actuales. La agencia china presenta el conjunto como un modelo de coordinación entre análisis técnico y ejecución industrial. 

Repuestos, suministros y logística

Shenzhou 22 llegó cargada con repuestos para la estación, equipos destinados a intervenir sobre la ventanilla dañada de Shenzhou 20, suministros médicos y una dotación ampliada de alimentos frescos para una misión de seis meses. 

El programa todavía no definió si Shenzhou 20 será reparada para regresar sin tripulación o si se optará por una desorbitación controlada sobre el Pacífico. La decisión impactará en la planificación de Shenzhou 23 y en el uso de los puertos de atraque de Tiangong. 

Basura espacial y costo de la redundancia

El incidente que dio origen a esta cadena de decisiones vuelve a colocar en primer plano el impacto de la basura espacial en las actividades en órbita baja. Un daño localizado en una ventana, atribuible a un fragmento de tamaño milimétrico, obligó a reorganizar el cronograma de misiones, alistar un cohete y una nave de respaldo y mantener durante días una ocupación superior a la prevista. 

Desde la óptica económica, el caso ilustra la tensión entre costo y resiliencia. Mantener un sistema permanente de “launch on need” exige inversiones en infraestructura y turnos de guardia, pero reduce la probabilidad de pérdida de misión y de daño reputacional para un programa que aspira a posicionarse como proveedor de servicios científicos y comerciales en órbita baja.

Lo que viene para Tiangong

Con Shenzhou 22 acoplada, Tiangong recupera una configuración considerada segura: tres tripulantes y una cápsula lista para el regreso. Si el operativo continúa según lo previsto y la rotación con Shenzhou 23 se concreta en 2026, China habrá superado su primera emergencia orbital sin interrupciones significativas en la agenda científica. 

En un entorno de órbita baja cada vez más congestionado, la competitividad ya no dependerá solo de la cantidad de satélites o del ritmo de lanzamientos, sino de la capacidad de cada actor para absorber impactos imprevistos. En ese tablero, Shenzhou 22 pasa de ser un simple vuelo de reemplazo a convertirse en una demostración de madurez operativa del ecosistema espacial chino.

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