La empresa de Elon Musk destacó que el sistema alcanzó la fase orbital prevista y ejecutó de forma controlada las maniobras de reentrada, validando correcciones aplicadas tras las fallas de los últimos intentos.
Competencia en un mercado estratégico
La consolidación de Starship tiene implicancias directas en el mercado global de lanzadores. El vehículo está diseñado para transportar más de 100 toneladas en órbita, lo que lo posiciona como un competidor directo de Vulcan Centaur (United Launch Alliance), New Glenn (Blue Origin) y el SLS (NASA). Su éxito podría reordenar contratos millonarios en el marco del Programa Artemis, orientado al regreso a la Luna, y en el suministro de satélites para defensa y comunicaciones.
En este terreno, los contratos estatales de Estados Unidos son clave. La Fuerza Espacial y la NASA licitan servicios de transporte orbital y misiones lunares que pueden superar los US$ 10.000 millones en la próxima década. La certificación plena de Starship abriría la puerta a que SpaceX incremente su participación en ese segmento, relegando a competidores que dependen de cronogramas más dilatados.
Política y negocios entrelazados
El avance técnico ocurre en paralelo a una relación política compleja entre Musk y el presidente Donald Trump. Desde su regreso al poder, la administración republicana reforzó la idea de “America First” en el espacio, privilegiando a contratistas nacionales. En ese esquema, SpaceX ocupa un lugar central como proveedor recurrente, aunque el vínculo entre ambos líderes combina tensiones y afinidades.
Trump ha celebrado públicamente los logros de SpaceX, pero también ha cuestionado el peso político y mediático de Musk, que en paralelo lanzó su propio movimiento político en el escenario interno. La puja se traduce en un juego de equilibrio: por un lado, la Casa Blanca necesita los avances tecnológicos de la compañía para sustentar la estrategia espacial estadounidense; por otro, busca evitar que Musk concentre un poder excesivo sobre áreas críticas como defensa, telecomunicaciones y exploración lunar.
Una disputa de largo aliento
La prueba exitosa de Starship reanima la discusión sobre la sostenibilidad de los programas espaciales a gran escala. SpaceX apuesta a reducir costos mediante la reutilización total del vehículo, lo que implicaría tarifas muy inferiores a las que ofrecen sus competidores. Si ese modelo se confirma, la compañía podría dominar el mercado de lanzamientos comerciales y militares en los próximos años.
El desenlace dependerá de dos factores: la capacidad de la empresa para sostener una frecuencia de vuelos sin incidentes y la definición política de Washington sobre cómo distribuir los contratos estratégicos. En ambos planos, el décimo vuelo marca un punto de inflexión que trasciende lo técnico y coloca a SpaceX en el centro de la competencia industrial y geopolítica.












