El 13 de octubre de 2025, desde la base Starbase en Texas, SpaceX efectuó la undécima prueba de vuelo de su cohete Starship (versión Block 2), protagonizando un nuevo éxito tecnológico: el propulsor Super Heavy realizó un amerizaje controlado en el Golfo de México, mientras que la nave superior ejecutó maniobras atmosféricas y volvió a encender uno de sus motores en pleno vuelo.
Ese logro confirma que, tras varios fallos en 2025, el programa Starship recupera momentum técnico. Esta misión fue la última de la variante Block 2, y marca el paso al desarrollo de versiones más avanzadas (V3, V4) con mayor tamaño, potencia y capacidad operativa.
Desde la perspectiva institucional, la NASA ya había incorporado al sistema Starship dentro de su cartera de servicios de lanzamiento: en marzo de 2025 modificó el contrato NLS II para permitir que SpaceX compita con Starship junto con Falcon 9 y Falcon Heavy en futuras misiones.
Significado técnico y logístico del test
Este vuelo validó dos aspectos clave para la ambición de SpaceX:
1.Reencendido de motor en vuelo. Reavivar un propulsor durante la fase de retorno es esencial para maniobras de captura orbital, acoplamientos y retorno controlado.
2.Recuperación parcial del Super Heavy. Aunque la etapa no fue completamente reutilizada en esta misión, se avanzó en la integración de maniobras de descenso controlado que son piezas centrales del diseño de reutilización completa.
La combinación de estos avances permite que Starship siga acercándose a su objetivo de reducir el costo por kilogramo lanzado, superando los retos económicos que históricamente han frenado el desarrollo espacial comercial.
Contexto del mercado global de lanzadores
El mercado mundial de servicios de lanzamiento exhibe un crecimiento acelerado: según un reciente informe, el segmento alcanzó USD 19,32 mil millones en 2024 y se proyecta que crezca a una tasa anual compuesta del 15,3 % entre 2025 y 2034. En el ámbito comercial, se estima que el mercado válido para lanzamientos privados alcanzará USD 9,4 mil millones en 2025 y podría escalar a USD 36,7 mil millones para 2035.
Estas cifras confirman una transición del espacio como nicho estatal al espacio como eje de inversión privada. En ese terreno, SpaceX ha ganado ventaja competitiva significativa gracias a su éxito con los cohetes reutilizables Falcon 9 y Falcon Heavy, modelos que redefinieron el valor costo-eficiencia del mercado espacial.
Desde publicaciones previas en Mercado, se destacaba que el ingreso creciente del sector comercial favorece modelos de negocio que integran lanzamiento, gestión de constelaciones y servicios satelitales como paquetes completos. Con Starship, SpaceX aspira a ser no solo proveedor de lanzamientos, sino operadora integral de plataformas de transporte interplanetario. (Nota de contexto para el lector de Mercado: en ediciones anteriores se analizó cómo la irrupción de satélites pequeños y constelaciones masivas ha elevado la demanda de lanzamientos frecuentes, lo que exige sistemas escalables y reutilizables).
Dimensión geopolítica y estratégica
El éxito de esta misión refuerza el liderazgo espacial estadounidense en un momento de intensificación de la competencia internacional. China, Rusia, India y la Unión Europea intensifican sus esfuerzos espaciales y tecnológicos, pero carecen hoy de un rival directo que combine escala, reutilización y ambiciones de exploración lunar/marciana.
El programa Artemis de la NASA planea retornar astronautas a la Luna en esta década, y el contrato ampliado con Starship apunta a que ésta actúe como módulo de transporte entre órbita lunar y superficie. En este escenario, quien domine el transporte espacial de carga y tripulación dispondrá de influencia estratégica sobre alianzas internacionales, acuerdos de exploración y acceso a recursos extraterrestres.
Para América Latina y México, la relevancia será indirecta pero creciente: una reducción en los costos internacionales de acceso al espacio favorece proyectos regionales de lanzamiento satelital, observación terrestre, telecomunicaciones y vigilancia climática.
Riesgos y desafíos pendientes
A pesar de las victorias recientes, persisten varios retos técnicos y regulatorios:
•Certificación de seguridad: la NASA y agencias regulatorias como la FAA exigen estándares estrictos para vuelos tripulados, y el historial mixto de Starship obliga a una revisión exhaustiva.
•Reutilización plena: aún no se ha demostrado la recuperación completa y rápida de ambas etapas del cohete, un elemento esencial para optimizar costos.
•Desarrollo iterativo: la transición a versiones V3 y V4 implicará tiempo y recursos. Musk ha señalado que una Future Starship de 142 metros, con 42 motores, podría debutar en 2027.
•Competencia disruptiva: nacientes empresas espaciales y programas estatales podrían adoptar tecnologías alternativas (como propulsión avanzada, reutilización parcial u órbita modular) y erosionar ventajas puramente dimensionadas.
La undécima prueba de Starship marca un nuevo jalón en la evolución del transporte espacial. Con reencendidos en vuelo y recuperación parcial de etapas, SpaceX consolida su derecho de piso tecnológico. En un mercado de lanzadores en plena expansión, esto no solo redefine la competencia comercial, sino que redibuja el mapa estratégico del poder espacial.
Si bien los desafíos técnicos y regulatorios siguen presentes, el impulso logrado en esta misión otorga credibilidad al plan ambicioso de Musk de llegar a la Luna —y eventualmente Marte—, y coloca a SpaceX en una posición privilegiada para deliberar alianzas, contratos gubernamentales y rutas de exploración futura.











