viernes, 9 de enero de 2026

Starlink se queda con el espectro de EchoStar y reconfigura el tablero satelital

La industria satelital atraviesa una transformación sin precedentes. La operación anunciada por EchoStar y SpaceX, valuada en 17.000 millones de dólares, no es solo la mayor transacción en el sector de las telecomunicaciones en 2025: es una señal clara de hacia dónde se dirige el futuro de la conectividad.

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EchoStar confirmó la venta de su portafolio completo de licencias de espectro —AWS-4 y H-block— a SpaceX, matriz de Starlink. El acuerdo incluye pagos en efectivo, acciones de SpaceX y la asunción de compromisos financieros de deuda. Además, contempla un pacto estratégico: los clientes de Boost Mobile, propiedad de EchoStar, podrán acceder a la red Direct to Cell de Starlink, integrándose así a la plataforma 5G nativa en la nube de la compañía.

Una jugada que cambia el mapa

Lo que está en juego trasciende lo económico. Con este movimiento, Elon Musk asegura para Starlink el control de un espectro exclusivo que le permitirá consolidar la oferta de conectividad directa a celulares. Hasta ahora, el servicio satelital dependía de acuerdos con operadoras móviles tradicionales. A partir de esta adquisición, la compañía podrá desplegar su nueva generación de satélites con independencia total, fortaleciendo un modelo vertical que combina infraestructura orbital, frecuencias y relación directa con el cliente.

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La presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, lo expresó con claridad: “Con espectro exclusivo, Starlink desarrollará la próxima generación de satélites Direct to Cell, capaces de mejorar la cobertura para clientes en cualquier parte del mundo”. La declaración resume la visión de un negocio que no conoce fronteras.

La caída de EchoStar

Del otro lado, EchoStar venía atravesando un escenario complejo. Sus resultados financieros de 2024 mostraron un repunte, pero la tendencia volvió a ser negativa en 2025, con pérdidas netas de más de 200 millones de dólares en el primer trimestre. A ello se sumaron presiones regulatorias de la FCC y dudas sobre su capacidad para sostener compromisos de deuda.

La venta a SpaceX aparece como una salida ordenada para una empresa que fue pionera en televisión satelital y banda ancha, pero que no pudo seguir el ritmo de inversión necesario para competir en el nuevo tablero de las constelaciones LEO.

Competencia en redefinición

La operación reacomoda el mapa global. Amazon, con su proyecto Kuiper, avanza en el despliegue de satélites para competir con Starlink. China impulsa Spacesail como alternativa estratégica a las redes occidentales. Y Europa busca sostener su proyecto IRIS² para no depender de Musk. En ese escenario, la compra de espectro fortalece la posición de SpaceX como actor dominante, capaz de marcar el ritmo del mercado y de condicionar a sus rivales.

La región no es ajena a este reordenamiento. Con geografías extensas y baja densidad poblacional en zonas rurales, América Latina se perfila como un espacio clave para la expansión de los servicios D2D. Starlink ya tiene operaciones en Argentina y Brasil, donde su irrupción generó tensiones con operadores tradicionales. Claro cuestionó públicamente el avance de la compañía en segmentos corporativos, mientras reguladores buscan adaptar marcos normativos a una realidad que avanza más rápido que la regulación.

La apuesta de Musk encuentra un aliado inesperado en la política: Javier Milei, presidente de Argentina, ha mostrado afinidad con el fundador de SpaceX y facilitó la autorización exprés del servicio. Un vínculo que, en paralelo, convive con su enfrentamiento con Telecom en torno a la compra de Telefónica.

Un antes y un después

La compra del espectro de EchoStar por parte de Starlink marca un antes y un después en el sector. Para algunos, es la consolidación definitiva del proyecto de Musk, que pasa de ser un proveedor de internet satelital a un operador integral de telecomunicaciones. Para otros, es una advertencia: depender de un único actor con tanto poder tecnológico y financiero puede generar vulnerabilidades en materia de soberanía digital.

En cualquier caso, la tendencia es irreversible. La conectividad directa desde el espacio dejó de ser promesa y se convirtió en política empresarial. EchoStar se retira de la primera línea. Starlink, en cambio, acelera. Y el tablero global de telecomunicaciones nunca volverá a ser el mismo.

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