jueves, 5 de febrero de 2026

Quién controlará el acceso al espacio en la próxima década

La supremacía de la compañía estadounidense Space X en lanzamientos y reutilización reordena costos y estrategias industriales. Europa acelera su agenda de autonomía, mientras China despliega mega-constelaciones y busca cerrar la brecha tecnológica.

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SpaceX convirtió el lanzamiento orbital en una actividad de alta cadencia y costos marginales bajos, apoyada en reutilización e integración vertical. En 2024 realizó 134 misiones Falcon, más de la mitad de los intentos globales del año, y proyectó hasta 180 para 2025, según el informe de SpaceNews Intelligence. 

El efecto no se limita al mercado comercial: la nueva estructura de precios y frecuencias empuja a gobiernos y bloques regionales a revisar sus políticas de soberanía tecnológica. Europa intenta recuperar autonomía tras retrasos en Ariane 6; China acelera lanzamientos y constelaciones propias para reducir dependencia externa. 

Detrás de la competencia aparece un patrón: el acceso al espacio dejó de ser un “servicio” para convertirse en infraestructura crítica, donde la escala industrial y la continuidad política pesan tanto como la innovación.

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Estados Unidos: escala, integración y ventaja de costos

El informe estima que el costo interno de un lanzamiento Falcon podría ubicarse en torno a US$ 15 millones, impulsado por la reutilización sistemática, aunque el precio de mercado de una misión estándar rondaría los US$ 70 millones. La diferencia habilita caja para proyectos de gran escala, desde el crecimiento de Starlink hasta Starship. 

En paralelo, el negocio rideshare reconfiguró la economía de satélites pequeños: la oferta de Transporter permite precios tan bajos como US$ 325.000 para 50 kg a órbita sincrónica al Sol. Esta presión forzó cambios de estrategia en varios actores y redujo márgenes en segmentos tradicionales de agregación de lanzamientos. 

En el plano estatal, la compañía se consolidó como socio central para misiones sensibles: el reporte señala que SpaceX capturó siete de nueve asignaciones para el año fiscal 2025 dentro de la U.S. Space Force (≈US$ 846 millones) y proyecta alrededor de 60% de misiones NSSL Phase 3 Lane 2 a lo largo del ciclo contractual. 

Europa: autonomía estratégica con brecha industrial

Europa paga el costo de una transición incompleta. Tras el retiro de Ariane 5 y con Ariane 6 afectado por demoras, varios satélites europeos —incluidos programas con relevancia estratégica— recurrieron a lanzamientos de SpaceX en 2024. Esa dependencia se volvió un argumento político en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica. 

La respuesta europea combina tres líneas de acción: acelerar tecnologías de reutilización (Themis y el motor Prometheus), reforzar la “autonomía estratégica” como eje de la política espacial y ordenar el mercado con regulación. El informe menciona, además, la necesidad de cadencia para programas de infraestructura: la constelación soberana IRIS² demandaría al menos 13 lanzamientos Ariane 64 para su despliegue. 

El punto crítico es industrial. Aun con apoyo público, Europa enfrenta fragmentación, mayores costos y menor tolerancia al riesgo. El objetivo no es solo competir en precio, sino asegurar capacidad propia en un mercado donde un proveedor domina la disponibilidad.

China: planificación estatal y volumen en construcción

China avanza con una lógica de política industrial y seguridad nacional. El informe registra 68 lanzamientos orbitales en 2024 y destaca el empuje de dos mega-constelaciones que, en conjunto, proyectan 27.000 satélites. En ese marco, se menciona a Qianfan (Spacesail) como el desarrollo chino orientado a competir en el terreno de la conectividad LEO. 

A diferencia de Europa, el desafío chino no es la coordinación presupuestaria sino la prueba tecnológica a escala: la reutilización orbital masiva —el principal diferencial de costos del modelo SpaceX— todavía no aparece validada con la misma consistencia. La apuesta es que el volumen de despliegue, el respaldo estatal y la capacidad manufacturera cierren la brecha en un horizonte más largo.

En términos de estrategia, China privilegia control y resiliencia: acceso al espacio como condición para telecomunicaciones, observación, navegación y proyección de poder, con menor dependencia de retornos financieros de corto plazo.

Starship y un mercado cada vez más concentrado

El informe plantea que Starship podría redefinir el mercado “otra vez” si logra cadencias mensuales o semanales hacia 2027, con capacidades de carga muy superiores a los sistemas actuales. La implicancia es directa: proveedores no reutilizables podrían quedar relegados a nichos regionales o contratos estatales de respaldo, si sobreviven financieramente. 

Esa hipótesis convive con riesgos: regulaciones, eventuales reacciones geopolíticas y la propia incertidumbre técnica. Aun así, el punto de partida es asimétrico: hoy no existe un competidor con escala equivalente y continuidad demostrada.

Para Europa y China, el dilema no es únicamente tecnológico. También es de gobernanza: cuánto costo adicional y cuánto tiempo se está dispuesto a pagar por autonomía, en un mercado donde la eficiencia industrial se transformó en poder estratégico. 

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