El X-37B, el avión espacial construido por Boeing para la Fuerza Espacial de Estados Unidos, tiene programado su regreso al espacio en la misión USSF-36, con fecha tentativa a partir de las 23:40 del jueves 21 de agosto desde la plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. La ventana de lanzamiento se extenderá hasta las 5:11 del viernes 22, con una alternativa disponible el sábado 23.
Una nave envuelta en secreto
El X-37B es un vehículo autónomo, de un cuarto del tamaño del transbordador espacial de la NASA, diseñado para realizar misiones de larga duración sin tripulación. A diferencia de los antiguos transbordadores, viaja encapsulado en la cofia de un cohete y se despliega en órbita como un satélite, para luego regresar planeando sobre una pista como un avión convencional. Esta característica le otorga rapidez en la vuelta a operaciones, sin los tiempos de reacondicionamiento que demandarían otros sistemas.
Aunque su uso está rodeado de hermetismo, la Fuerza Espacial confirma que transporta experimentos tecnológicos destinados a reforzar la capacidad estadounidense en el espacio. Boeing, su fabricante, destaca que la nave está optimizada para ensayos de comunicaciones seguras, propulsión avanzada y maniobras orbitales de bajo consumo de combustible.
Antecedentes de la misión
La última vez que voló fue el 28 de diciembre de 2023, montado sobre un Falcon Heavy de SpaceX. Permaneció más de 434 días en órbita, hasta aterrizar en marzo de 2025 en la Base Vandenberg, en California. Durante ese período, el avión espacial realizó su primera maniobra de aerofrenado, utilizando la fricción atmosférica en las capas superiores de la termosfera para ajustar la órbita con un consumo mínimo de propelente.
Esa demostración representó un avance significativo: mostró que un vehículo reutilizable puede prolongar su misión y ajustar trayectorias en condiciones de baja densidad atmosférica, lo que abre posibilidades para futuras expediciones a regiones más alejadas de la Tierra.
Perspectivas y proyección
En esta nueva misión, la Fuerza Espacial busca validar tecnologías críticas para la exploración en el espacio profundo, en un contexto de competencia creciente con China y Rusia. El programa se inscribe en la estrategia del Pentágono para garantizar la autonomía y la resiliencia de Estados Unidos en un dominio considerado clave para la defensa nacional.
El X-37B también ha servido como plataforma para experimentos en generación de energía solar en órbita y transmisión inalámbrica de energía a la Tierra, un campo de investigación con potencial impacto en el futuro energético global.
SpaceX y el negocio militar
La compañía de Elon Musk es un socio central en este esquema: sus lanzadores Falcon Heavy y Falcon 9 han transportado las siete misiones previas del X-37B. Con la USSF-36, SpaceX consolida su rol como contratista estratégico del Departamento de Defensa, combinando su experiencia en reutilización de cohetes con proyectos de seguridad nacional.












