La compañía de componentes satelitales anunció el programa en Bremen, durante Space Tech Expo Europe, y detalló su hoja de ruta: dos misiones precursoras en 2026 y un hito central, ARAQYS-D3, previsto para el primer trimestre de 2027. La misión, prevista para 2027, tiene como objetivo poner a prueba en órbita un panel solar de 2 kilowatts fabricado directamente en el espacio. Volará en un lanzamiento compartido de SpaceX, utilizando una plataforma satelital de Astro Digital y con la integración a cargo de Maverick Space Systems.
Según explicó el director ejecutivo de la firma, Thomas Sinn, el concepto busca responder a una restricción que empieza a condicionar la economía del espacio: la necesidad de potencia eléctrica abundante y a menor costo para aplicaciones como centros de datos en órbita, vehículos de transferencia orbital, comunicaciones direct-to-device y constelaciones con alta demanda energética.
Paneles diseñados para el espacio
El núcleo tecnológico de ARAQYS-D3 será una manta de células solares terrestres, lanzada enrollada. Una vez en órbita, un sistema de despliegue la desenrolla y una estructura se “imprime” sobre su superficie mediante una resina fotopolimérica que se cura con luz ultravioleta. Esa estructura rigidiza el conjunto y permite prescindir de bisagras y mecanismos de sujeción y liberación diseñados para soportar el despegue.
La diferencia frente a los paneles solares tradicionales es estructural. En el enfoque clásico, los paneles rígidos plegables requieren espesores mayores, bisagras robustas y sistemas de liberación complejos para soportar vibraciones y cargas durante el lanzamiento. Ese diseño suma masa y volumen justo en el tramo más costoso de la cadena de valor, el acceso al espacio. El modelo de Dcubed traslada parte de esa complejidad al entorno orbital, donde las exigencias mecánicas son distintas.
El segundo componente de la propuesta es económico. La empresa plantea utilizar células solares de uso terrestre en lugar de dispositivos calificados para el espacio. Según Sinn, esta elección permite reducir el costo desde varios cientos de dólares por watt a valores de dos dígitos en dólares por watt. Se trata de una opción orientada a satélites con vidas útiles de alrededor de cinco años, habituales en plataformas de bajo costo y alta reposición, como las megaconstelaciones de comunicaciones.
De los demostradores a un panel de 15 metros
ARAQYS no se limita a un demostrador puntual. La compañía lo presenta como una gama de soluciones de energía espacial que incluye paneles solares desplegables convencionales y, en una etapa posterior, sistemas de generación fabricados en órbita con mayor escala, pensados incluso para futuros esquemas de “plantas de energía espacial” y transmisión dirigida de potencia.
En este contexto, ARAQYS-D3 será un satélite de clase ESPA, de aproximadamente un metro de lado, con un panel solar que, una vez desplegado, alcanzará unos 15 metros de longitud. La producción del satélite y del sistema de manufactura se reparte entre las instalaciones de la compañía en Múnich y Berthoud (Colorado), lo que configura una cadena industrial con presencia en Europa y Estados Unidos.
Astro Digital aporta la plataforma satelital y la ingeniería de misión, mientras que Maverick Space Systems se encarga de la intermediación de lanzamiento y la integración en el vuelo compartido de SpaceX previsto para 2027. La proximidad entre la oficina de Dcubed en Estados Unidos y la sede de Astro Digital en Colorado facilita, según señalaron las empresas, una coordinación estrecha en diseño e integración.
Misiones precursoras y madurez tecnológica
Antes de ese objetivo central, la hoja de ruta contempla dos demostraciones. La primera, Dcubed-1 o ARAQYS-D1, es un cubesat de 3U cuyo propósito es fabricar en órbita una viga estructural de 60 centímetros mediante el mismo proceso de impresión y curado ultravioleta.
La segunda, ARAQYS-D2, volará como carga útil en una misión spacevan de Exotrail. En ese caso, la empresa ensayará el despliegue e impresión de un panel solar de aproximadamente un metro de longitud y una potencia del orden de los 100 watts, sostenido por dos largueros de resina. Documentación técnica presentada ante la Agencia Espacial Europea indica que, si la misión resulta exitosa, la tecnología alcanzará un nivel de madurez tecnológica elevado para este tipo de estructuras fabricadas en órbita.
Ambas misiones se integrarán en vuelos compartidos de SpaceX en el primer trimestre de 2026, lo que permitiría a la empresa pasar de demostradores parciales a un sistema de kilowatts en el plazo aproximado de un año.
Impacto potencial en la economía del espacio
El movimiento estratégico de Dcubed se inscribe en una tendencia más amplia. A medida que los costos de lanzamiento descienden, el cuello de botella se desplaza hacia la generación de energía en órbita. Las constelaciones de comunicaciones, los sensores de observación con alta demanda de potencia y los futuros centros de datos espaciales requieren cada vez más watts por kilogramo, con paneles solares que superan las capacidades de los diseños tradicionales sobre plataformas pequeñas.
Si ARAQYS consigue reducir de manera sostenida el costo por watt a niveles de dos dígitos en dólares, el impacto alcanzará a toda la cadena de valor: operadores de megaconstelaciones, proveedores de servicios de datos y conectividad, y nuevos proyectos de infraestructura orbital, incluidos los que operan en América Latina. Para estos actores, la disponibilidad de paneles solares fabricados en órbita podría traducirse en satélites más livianos, lanzamientos más económicos y mayor margen para cargas útiles de alto rendimiento.
ARAQYS-D3 será, en ese sentido, más que un experimento tecnológico. Funcionará como prueba de concepto para un modelo de producción de energía pensado desde el espacio y para el espacio, cuya viabilidad económica definirá si los grandes paneles solares del futuro seguirán saliendo de fábricas terrestres o comenzarán a imprimirse directamente en órbita.












