Amazon Leo: el desafío de Bezos para competir con Starlink
El proyecto que Amazon concibió como Kuiper terminó de ponerse en marcha y aspira a romper el monopolio de Elon Musk en internet satelital. Cuándo estará operativo, en qué zonas, cómo se diferencia de Starlink y de OneWeb, y qué cambia para la Argentina.

La carrera por la conectividad satelital dejó de ser un monólogo. Durante un lustro, Starlink fue sinónimo de internet desde el espacio: un sistema sin competencia comparable, que hoy supera los 10.400 satélites en órbita, de los cuales unos 10.397 están operativos. Pero un segundo jugador con bolsillos igual de profundos terminó de arrancar. Amazon Leo —el proyecto que Amazon bautizó primero como “Kuiper”— es, por capital, ambición y escala, el único contendiente occidental con chances reales de discutirle el mercado masivo a Musk. El obstáculo es la distancia: cuando Leo recién supera los 300 satélites, Starlink ya tendió una red que concentra cerca del 65% de todos los satélites operativos del planeta.
De “Kuiper” a “Leo”: seis años para bautizar una apuesta
La idea nació en 2019. Amazon la presentó como Project Kuiper —en homenaje al cinturón de objetos helados del sistema solar— y en 2020 obtuvo de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) la licencia para desplegar una constelación de 3.236 satélites en órbita baja. Los primeros satélites de producción recién despegaron en abril de 2025, a bordo de un cohete Atlas V de United Launch Alliance. El salto simbólico llegó en noviembre: el 12 de noviembre de 2025 Amazon rebautizó Project Kuiper como Amazon Leo y abrió una lista de espera para la beta pública. El cambio de nombre no fue cosmético: marcó el pasaje de programa de desarrollo a producto comercial.
La carrera contra el reloj regulatorio
Aquí aparece la primera gran tensión del proyecto. La licencia de la FCC impone un calendario exigente: desplegar 1.618 satélites —la mitad de la primera generación— antes del 30 de julio de 2026. Con poco más de 300 en órbita, Amazon ya pidió una prórroga de dos años y contrató 22 lanzamientos adicionales para intentar cerrar la brecha.
La debilidad estructural es que Amazon depende de cohetes ajenos para llegar al espacio, y esa dependencia seguirá hasta que el New Glenn de Blue Origin entre en operación, previsto para 2027. Para sostener la cadencia, la compañía montó la mayor compra de lanzamientos comerciales de la historia: más de 80 misiones repartidas entre cinco familias de cohetes —Atlas V, Falcon 9, Ariane 6, Vulcan Centaur y New Glenn— por encima de los US$ 10.000 millones. Es una estrategia única: ningún otro operador reparte su flota entre tantos proveedores.
El número que define la asimetría
La distancia es abismal, y por eso conviene precisar por qué Leo es, aun así, el “único rival real”. Starlink alcanzó los 10 millones de suscriptores activos en febrero de 2026 y opera en más de 150 países; los analistas proyectan que podría duplicarse otra vez hacia fin de año, hasta unos 18,4 millones de clientes, mientras la propia SpaceX habla de superar los 25 millones. El servicio aporta cerca de dos tercios de los ingresos de SpaceX, que prepara su salida a bolsa en 2026.
Frente a esa máquina, ningún competidor occidental tiene volumen comparable. Lo que distingue a Amazon no es su flota actual, sino su retaguardia: capital prácticamente ilimitado, una red logística global y la integración con Amazon Web Services, la mayor nube del mundo. Esa combinación es la que convierte a Leo en una amenaza creíble y no en una nota al pie.
Dos modelos de negocio para una misma órbita
Starlink y Amazon Leo comparten física —satélites a baja altura para minimizar la latencia— pero divergen en el modelo comercial.
Musk apostó al trato directo con el usuario final: el cliente compra la antena, la instala y paga su abono, sin intermediarios. Amazon eligió el camino opuesto. En América Latina, su estrategia pasa por aliarse con operadores de telecomunicaciones —como DirecTV y Sky en Brasil— para masificar el servicio apoyándose en redes de distribución, logística y bases de clientes ya consolidadas.
A eso suma una pata que Starlink no tiene: la integración nativa con AWS para mover datos hacia almacenamiento y análisis de inteligencia artificial. Amazon sostiene que sus terminales ofrecerán velocidades de hasta 1 Gbps y un desempeño de seis a ocho veces superior en subida y el doble en bajada frente a las alternativas satelitales que hoy usan los clientes corporativos, una promesa que recién podrá auditarse cuando arranque el servicio comercial.
OneWeb: el tercero que juega otro partido
Conviene despejar una confusión frecuente. OneWeb —hoy bajo el paraguas de Eutelsat tras la fusión de 2023— suele mencionarse como tercer competidor, pero no juega el mismo partido.
Su constelación de 648 satélites orbita a unos 1.200 kilómetros de altura con inclinación casi polar, lo que le da cobertura verdaderamente global, incluidos los polos. La diferencia decisiva es el modelo: OneWeb provee conectividad de manera mayorista a clientes corporativos, gubernamentales y marítimos; no vende directamente al consumidor y opera como complemento de los 34 satélites geoestacionarios de Eutelsat en una arquitectura multiórbita.
Nacida en 2012 y rescatada de la quiebra en 2020 por el gobierno británico y Bharti Global, la compañía mira hacia la soberanía europea. Encargó a Airbus 440 satélites de nueva generación —100 en diciembre de 2024 y otros 340 en enero de 2026, por unos € 2.200 millones— con entregas desde fines de 2026, compatibles con el sistema soberano europeo IRIS².
Cuándo estará operativa y en qué zonas
El cronograma es la otra incógnita. En su carta a los accionistas, el CEO Andy Jassy fijó mediados de 2026 como ventana para el lanzamiento comercial, con una beta empresarial ya activa que incluye a Verizon, AT&T, Vodafone, Vodacom, JetBlue, la australiana NBN, la NASA y la latinoamericana Vrio.
La cobertura no llegará de golpe a todos lados. La arquitectura de tres capas, entre 590 y 630 kilómetros de altura, está optimizada para latitudes de entre 30° y 56°, y el servicio se expandirá primero desde las latitudes norte y sur hacia el ecuador a medida que se sumen satélites.
Para una fase inicial de servicio se necesitan unos 578 satélites. Con la flota actual, la disponibilidad amplia luce más realista hacia 2027. En el camino, Amazon sumó otra pieza: en abril de 2026 anunció un acuerdo para adquirir Globalstar, con cierre previsto para 2027.
La Argentina, en el mapa del despliegue
Para el mercado local, el dato relevante es que la grilla de latitudes favorece al Cono Sur. La Argentina fue uno de los países autorizados por el Gobierno en febrero de 2024 para prestar internet satelital junto con Starlink y OneWeb, y Starlink opera comercialmente desde marzo de ese año.
La llegada de Amazon Leo se canaliza a través de una alianza regional. El servicio será comercializado por DirecTV Latin America —del grupo Werthein— en la Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay, y por Sky en Brasil.
El despliegue, programado para avanzar de manera gradual desde el sur del continente hacia el ecuador durante 2026, juega a favor del país. La compañía anticipó dos terminales: una compacta, con velocidades cercanas a los 100 Mbps, y una estándar de hasta 400 Mbps, estimada en unos US$ 400 por unidad.
El contraste de fondo es industrial. Mientras la conectividad LEO queda cada vez más en manos de operadores privados internacionales, el operador satelital estatal argentino mantiene su actividad principal en el segmento geoestacionario y mayorista, fuera de esta competencia directa.
Los próximos lanzamientos
El calendario inmediato confirma la aceleración. La próxima misión, LE-03 (Leo Europe 3), está prevista para el 17 de junio desde el puerto espacial europeo de Kourou, en la Guayana Francesa, a bordo de un Ariane 64.
Será la carga útil más grande hasta la fecha: 36 satélites, cuatro más que las dos misiones europeas anteriores, gracias a los propulsores mejorados P160C. También marcará los 100 satélites de Amazon Leo lanzados por Arianespace en menos de cinco meses.
Hacia adelante, la presión es doble: cumplir —o renegociar— el plazo de la FCC para 2026 y, sobre todo, sostener una cadencia capaz de poblar la constelación.
A más largo plazo, el horizonte se amplió en enero, cuando la FCC aprobó 4.500 satélites adicionales de segunda generación, elevando el total previsto a 7.727 unidades, con el 50% a desplegar antes de febrero de 2032 y el resto antes de febrero de 2035.
La pregunta ya no es si habrá competencia en el cielo, sino cuánto tardará el segundo jugador en achicar una ventaja que hoy se mide en miles de satélites y millones de clientes.
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