jueves, 8 de enero de 2026

Amazon Leo cerró 2025 con 180 satélites y el reloj regulatorio en marcha

En doce meses, el proyecto de conectividad en órbita baja de Amazon pasó del primer lote de producción a un despliegue sostenido con Atlas V y Falcon 9. La hoja de ruta combinó inversión logística en Florida, acuerdos comerciales y un cambio de marca para preparar la etapa comercial.

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El año 2025 fue, para Project Kuiper, el tránsito desde el cronograma en papeles hacia una operación industrial medible. La compañía inició el despliegue de satélites de producción, sumó capacidad propia de procesamiento previo al lanzamiento y cerró el año con 180 unidades en órbita bajo una nueva denominación: Amazon Leo.

La secuencia no disipó el problema central: la autorización de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) exige tener operativa la mitad de una constelación de 3.236 satélites (1.618) antes del 30 de julio de 2026. Con esa fecha como ancla, cada decisión de 2025 puede leerse como una respuesta a plazos, disponibilidad de cohetes y capacidad de producción.

Del anuncio al primer despliegue operativo

A comienzos de año, la cobertura periodística de Mercado ubicó a Kuiper como el intento más ambicioso de disputar el mercado de banda ancha satelital en órbita baja, con una constelación de más de 3.000 unidades y una entrada más lenta que la de Starlink. La historia ya venía marcada por una demora: los primeros satélites de prueba se lanzaron en octubre de 2023, y el despliegue de producción se postergó.

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El punto de inflexión llegó en abril, cuando se concretó el primer lanzamiento operativo de satélites de producción. Fue el inicio formal de la carrera del año: de allí en adelante, el problema dejó de ser “si despega” y pasó a ser “a qué ritmo se repite”.

La logística como cuello de botella

El 29 de julio, la compañía explicitó esa transición con una inversión de US$ 139,5 millones en el Centro Espacial Kennedy (Florida) para montar infraestructura propia de procesamiento de satélites. La instalación, inaugurada en abril, fue presentada como una respuesta a cuellos de botella de terceros y como soporte para operar hasta tres campañas de lanzamiento simultáneas y procesar más de 100 satélites por mes.

Esa apuesta se justificó por una combinación de atrasos, dependencia de calendarios de proveedores y presión regulatoria. En el mismo artículo de Mercado se enumeraron postergaciones por clima y anomalías técnicas en lanzadores, además de la cercanía del umbral de la FCC.

Atlas V y Falcon 9: la estrategia multi-proveedor

El 17 de julio, este medio registró un hecho con valor simbólico: SpaceX puso en órbita 24 satélites de Kuiper con un Falcon 9, en la primera de tres misiones contratadas bajo un acuerdo anunciado en diciembre de 2023 por US$ 3.100 millones. La lectura fue directa: la compañía necesitaba diversificar proveedores para sostener cadencia.

El esquema combinó lanzamientos con Atlas V de United Launch Alliance (ULA) y misiones con Falcon 9. Hacia fin de 2025, el recuento publicado tras el vuelo LA-04 señaló cuatro misiones en Atlas V y tres en Falcon 9 para totalizar 180 satélites en órbita.

De 80 a 180 satélites: la curva de 2025

La cobertura de fines de julio ubicaba el despliegue por debajo de 80 satélites, frente a una constelación planificada de más de 3.200. Esa distancia funcionó como termómetro del atraso respecto del cronograma original.

En agosto, el proyecto pasó otro umbral: superó los 100 satélites en órbita y quedó “en carrera” para alcanzar a OneWeb en los meses siguientes, según la nuestra interpretación editorial.

El 27 de septiembre, un Atlas V liberó otros 27 satélites y llevó la constelación a 129 unidades. En esa nota se recordó un dato operativo clave: el sistema se consideraría comercialmente viable con un umbral inicial de 578 satélites, antes del despliegue completo.

La secuencia cerró el 16 de diciembre con LA-04: otros 27 satélites y un total de 180 en órbita, además del recordatorio explícito del plazo del 30 de julio de 2026.

Del satélite al servicio: terminales y movilidad

En paralelo al conteo orbital, 2025 incorporó señales de producto. En agosto se informó que la compañía preveía iniciar operaciones a fin de año, con una estrategia de arranque gradual y foco en regiones con brecha de conectividad. Se mencionaron metas de latencia por debajo de 50 milisegundos y zonas iniciales de cobertura que incluían el noreste de Brasil, la Amazonia y el corredor andino.

En septiembre, Kuiper sumó un acuerdo de movilidad aérea: JetBlue anunció una alianza para incorporar conectividad satelital en su flota, con proyecciones de velocidades “multi-gigabit” y un despliegue de servicio previsto hacia 2027.

El 6 de diciembre, el proyecto mostró otra pieza de mercado: el terminal Leo Ultra, presentado como una antena de matriz en fase full-duplex para empresas, con velocidades anunciadas de hasta 1 Gbps de bajada y 400 Mbps de subida, y un “programa de vista previa” para clientes corporativos antes de un despliegue amplio.

Cambio de nombre y prioridad regional

En noviembre, el proyecto adoptó una marca: Amazon Leo. La formalización, atribuida a Rajeev Badyal, buscó asociar el servicio con la órbita baja y con una etapa más próxima a la comercialización. La cobertura lo ubicó como un cambio de fase: de “nombre en clave” a plataforma de mercado, con más de 150 satélites en órbita al momento del anuncio.

Ese giro se conectó con una disputa más amplia en América Latina. En una nota del 15 de noviembre, la publicación describió a la región como terreno de competencia entre Starlink —con ventaja por volumen y despliegue— y Amazon Leo, que llega con un calendario más lento y un modelo de lanzamientos dependiente de terceros.

El saldo de 2025 y el examen de 2026

El año dejó una curva clara: Kuiper pasó de inaugurar el despliegue de producción a sostener una secuencia de misiones que elevó la constelación a 180 satélites. También dejó instalada la tensión que definirá el próximo tramo: la distancia entre ese número y el umbral regulatorio de 1.618 satélites para el 30 de julio de 2026.

En la economía de las megaconstelaciones, la competencia no se decide solo por diseño de satélites o acuerdos comerciales. Se decide por cadencia industrial, disponibilidad de lanzadores y cumplimiento de ventanas regulatorias. En 2025, Amazon Leo mostró la primera parte de esa capacidad. En 2026, deberá probar si puede sostenerla a escala.

 

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