viernes, 3 de abril de 2026

    El libre mercado no alcanza

    Las economías del este y del sur de Europa necesitan algo más que mercado libre. La privatización y la desregulación son esenciales. Pero también se imponen nuevas políticas industriales. El Banco Mundial está comenzando a aceptar esta línea de pensamiento que defiende Japón.

    Los otrora países comunistas y también las naciones más pobres de Europa occidental aceptan el ajuste estructural, que incluye privatizaciones y desregulación, como requisito indispensable para el crecimiento sostenido. Y es sobre ese supuesto que el Banco Mundial otorga préstamos a esos países. Adelanta fondos a condición de que se pongan en marcha programas de ajuste.

    Ahora el Banco está revisando su política. No porque ya no crea en la necesidad del ajuste estructural. Considera, simplemente, que no es suficiente. Y es Japón quien ha tenido un papel fundamental al obligar al organismo multilateral de crédito a reconsiderar algunos conceptos que hasta ahora eran tratados como verdades incuestionables.

    Mientras Estados Unidos presenta la libertad de mercado como la cura para todos los males, Japón se aferra a la combinación de política industrial y vigor del mercado que le dio (como también, en diferente grado, a otras economías del sudeste asiático) fuerza y proyección mundial.

    Recesión a la japonesa.

    O es una maravillosa campaña de imagen pública a nivel mundial, para aliviar la presión de EE.UU y de las grandes economías sobre el gobierno japonés; o de verdad hay malas noticias en Japón.

    Bastó que el índice bursátil de Tokio bajara del mágico nivel de 20.000 puntos para que, súbitamente, el mundo se enterara de que hay dificultades en la economía japonesa, que pueden significar que se estanque el crecimiento y que se llegue a la versión nipona de la recesión.

    En los tres últimos años, el valor de los mercados de capital de Japón se redujo en 50%. En el último trimestre de 1991 se contrajo la economía. Las exportaciones crecieron 2,2% el año pasado, mientras que las de EE.UU. lo hicieron en 7%. La reducción en las importaciones, visto desde esta nueva perspectiva, tiene menos que ver con proteccionismo o barreras arancelarias, que con la real situación de la economía. La fuente de recursos financieros a bajo costo para la industria local se está secando.

    Los optimistas recuerdan que la inflación anual es menor a 3%, que el desempleo apenas supera 2%, que el déficit presupuestario es reducido y que el servicio de la deuda es menor que en otros países industrializados. Los pesimistas en cambio prefieren señalar que las tasas de interés son altas, que las utilidades de las empresas se evaporan, que aumenta el número de empresas en bancarrota, y que la reducción en la producción industrial ha sido brutal en los últimos tres meses.

    Si como se supone, el índice bursátil Nikkei desciende más en las próximas semanas (se habla de una caída hasta el nivel de 15.000 puntos) los valores bursátiles japoneses estarán por debajo de su valor histórico.

    Las elecciones de renovación parlamentaria en julio pueden hacer peligrar, por primera vez seriamente, la hegemonía absoluta del Partido Liberal en el gobierno desde hace 40 años.

    ¿También en Alemania?.

    En Alemania todavía no hay recesión. Pero hay múltiples signos de que puede haberla para julio próximo. Por ahora hay un estancamiento pronunciado, pero la acción combinada de presión salarial y de altas tasas de interés podría sumir en recesión al único de los “tres grandes” capaces de actuar como locomotoras de la economía mundial. Además de la castigada Gran Bretaña, hay estancamiento o recesión en Italia, España, Bélgica, Holanda, Francia, Dinamarca y Austria. Lo positivo es que las tasas de inflación se han reducido. Hay posibilidades de que muchos de estos países recuperen el ritmo de crecimiento -aunque con mucha lentitud- en la segunda mitad del año.

    El nuevo enemigo.

    No es la inflación. Tampoco el déficit fiscal o el de la balanza comercial. El nuevo cáncer de las economías industrializadas es el desempleo, que se ha convertido en crónico, y que ocupará un lugar prominente en la agenda de futuros debates. En Estados Unidos la tasa de desempleo es de 6 a 7%. El problema es: ¿cuál es la responsabilidad de la nación ante una economía incapaz de generar los empleos necesarios? O dicho de otra forma: ¿qué hace una sociedad con la gente que le sobra? Una de las mejores formas de exponer el dilema es la del profesor Frederick C. Thayer, de la Universidad de Pittsburgh. Un consenso político, de los economistas y también de la prensa, consagró la noción de que un alto nivel de desempleo actuaba como disuasivo para elevar salarios. Por tanto, mientras no existiera técnicamente una recesión -ausencia de crecimiento durante dos trimestres consecutivos-, el alto nivel de desempleo era un indicador de prosperidad.

    La fórmula Dunkel.

    El destino de la Ronda Uruguay del GATT sigue en el pulmotor, y probablemente fracase como en los intentos anteriores, a pesar de que el hecho significará la conformación de bloques comerciales rivales, en guerra abierta. Lo que está en consideración es la iniciativa del director general del GATT, Arthur Dunkel. Su propuesta es la siguiente: el primer paso es que los gobiernos se comprometan a reducir en 20%, antes de 1999, todos los subsidios y ayudas que brindan a sus productores agrícolas (medidos por un índice especialmente confeccionado). El segundo paso es que las actuales barreras proteccionistas se conviertan en aranceles, que deberán ser reducidos en 36% también antes de 1999.

    El tercero, y más difícil, es que durante el mismo período el volumen de exportaciones agrícolas de cada uno de los países involucrados se reduzca en 24% y que los precios sostén que los gobiernos usan para comprar la producción local se reduzca también en 36%.

    Bastión japonés en Europa.

    Uno de cada dos automóviles producidos en Gran Bretaña será japonés. Y se podrá exportar al resto de la Comunidad Europea. Nissan, Toyota y Honda duplicarán su producción anual que, sumada, será de 600.000 vehículos. Japón acordó con la CE restringir la exportación de autos a Europa, pero al mismo tiempo invierte fuerte en varios países europeos para aumentar su producción local. Además de los tres mencionados, Mitsubishi producirá 200.000 coches en Holanda para 1996. En su planta británica, Nissan produce 75 vehículos anuales por empleado (39 en su fábrica de Japón), contra 24 de Vauxhall.

    Estatismo en Israel.

    Según una investigación de la Hoover Institution de Stanford, solamente 25% de la economía israelí es absolutamente libre de la injerencia estatal. El gobierno controla 93% de la tierra. La industria química es estatal, como también las vinculadas al sector bélico, servicios públicos, aerolíneas, teléfonos y cinco de los grandes bancos. Solamente 5 de las 160 empresas estatales han sido privatizadas, y parcialmente.

    ADEMAS.

    ¿Quién perdió Rusia?.

    Así como en la década de los ´50 la pregunta que mortificaba la conciencia política estadounidense era quién había perdido China, pronto podría ocurrir lo mismo si el gobierno de Boris Yeltsin sucumbe. Esa es la cruda opinión de Richard Nixon, expresada en momento poco conveniente para George Bush, a quien apunta sin nombrarlo.

    Proteccionismo.

    La principal víctima del proteccionismo de EE.UU. no es Japón. Es Canadá, con quien hay un acuerdo firmado para liberar totalmente el comercio mutuo. Además de docenas de conflictos durante el año pasado, la crisis se produce ahora con las decisiones de la aduana estadounidense de prohibir el ingreso de automóviles de marca japonesa fabricados en Canadá, y de imponer aranceles especiales a la madera terciada del vecino país.

    Ferrocarriles ingleses.

    80% de los encuestados en Gran Bretaña se opone a la privatización del sistema ferroviario. La razón es sencilla. Como empresa privada debe dar ganancias. Hay dos vías para lograrlo: por un alza importante en las tarifas, o el cierre de ramales ineficientes. En ambos casos pierden los usuarios y muchas comunidades servidas por el tren.