En Argentina, algunas fábricas automotrices, unos pocos procesos electrónicos e industrias químicas de avanzada dan trabajo a un centenar de robots.
Los japoneses tienen tantos robots como habitantes se contaban en Buenos Aires a fines del siglo pasado: 267.534. Tocan el piano con cinco dedos, pescan, manipulan átomos en plantas nucleares y realizan las tareas insalubres de limpieza.
En Argentina, la Fundación para el Uso de la Robótica (FunRobot) no contabiliza más de un centenar. Se los ve ajustando tornillos o soldando en superficies milimétricas en la planta de Sevel en Palomar, construyendo turbinas para Industrias Pescarmona y hasta sirviendo el café en las oficinas que el INVAP (un instituto perteneciente a la provincia de Río Negro que se dedica a la alta tecnología) posee en Bariloche.
Aunque parezca ficción, de las entrañas de los laboratorios argentinos salió un aparato mecánico con brazos para ejecutar órdenes programadas en una computadora que se exportó a Chile: “mira” la madera en los camiones que la transportan, la mide y la pesa. Su costo: US$ 50.000.
De ese mismo reducto tecnológico partió hacia Atucha un robot especialmente concebido para reparar el conductor que se había roto en la central nuclear, con el riesgo de propagación de radiactividad que ello significaba.
Sin embargo, en opinión de los expertos, los argentinos nos hallamos a años luz de la robótica de punta. En Estados Unidos ya se la utiliza en la manipulación de plásticos y en la industria aeroespacial, y muy pronto se verá aparecer a estos individuos mecánicos computarizados en la fabricación de telas, alimentos, productos farmacéuticos, en la construcción y en los hospitales.
Los norteamericanos poseen la tercera población de robots más importante del mundo, con 39.200 ejemplares. Pero, según el titular de FunRobot, Roberto Angel Urriza, Estados Unidos cuenta con la planta más robotizada en la electrónica: la de la compañía Apple, en California, donde con menos de 50 empleados “humanos” se ensambla una computadora cada 12 segundos.
Los robots no se enferman, y son raros los casos de accidentes. Sólo se registran en la historia tres casos fatales (dos en Japón y uno en Estados Unidos) que los tuvieron por protagonistas.
Urriza estudió la incorporación de la robótica en la reconversión industrial española. Cuenta que el primer robot hispano nació en 1982 y salió de los talleres de la empresa sueca Asea, radicada en Sabadell, que ahora, con componentes nacionales, produce uno pendular, completamente eléctrico, de montaje, que se exporta a todo el mundo.
Actualmente España planea llegar a una proporción de un robot por cada 10 mil obreros industriales. Y ello, según este consultor de Naciones Unidas, no implica peligro de desocupación.
En una mesa redonda que compartió con empresarios y sindicalistas durante una tradicional exposición que se celebra en Zaragoza, escuchó que un hombre de negocios le respondía al dirigente gremial que había vinculado al robot con el desempleo: “Si yo no hubiera tomado en su momento la decisión de automatizar la línea de producción, habría tenido que cerrar, dejando en la calle a 2.500 operarios. ¿Era preferible eso o que una veintena de personas hayan tenido que salir a buscar trabajo?”.
POBLACION MUNDIAL DE ROBOTS.
Japón 267.534
URSS 98.770
EE.UU. 39.200
Alemania 25.315
Italia 10.131
Francia 9.731
Checoslovaquia 6.997
Inglaterra 6.290
Suecia 3.615
España 2.014
Bélgica 1.604
Singapur 1.412
Australia 1.408
Suiza 1.087
China-Taiwán 988
Holanda 939
Austria 890
Finlandia 702
Polonia 677
Noruega 509
Dinamarca 432
Hungría 190
Nueva Zelandia 131
Africa del Sur 140
Argentina 100
