miércoles, 21 de enero de 2026

    La ilusión del nafta y el futuro del Mercosur

    Los grandes temas que dominarán la agenda de debates del próximo año se vinculan con la inserción comercial argentina en las grandes corrientes del comercio internacional con la perspectiva de surgimiento de problemas fiscales y de financiamiento externo y con el perfil industrial que resulte de la apertura económica, con los importantes retoques que se están introduciendo discretamente en este campo.

    Despejado el panorama político y con mayor certidumbre -por lo menos así se supone-, la reflexión debería circular en torno de los grandes temas económicos pendientes. No para estimular visiones apocalípticas o pesimistas a ultranza (que también las hay), sino para levantar la vista sobre el horizonte y analizar los problemas que se pueden presentar, y el abanico de alternativas disponible.

    El mismo ejercicio lo realizó MERCADO hace un año (consultar la edición 903, de enero de 1993, página 35) y, transcurrido el período, se puede decir que con alta proporción de aciertos. Ya se logró la reforma previsional que ahora debe instrumentarse, sigue pendiente la reforma a la legislación laboral, se acentúan los problemas derivados de la privatización y de las nuevas circunstancias que

    rigen las relaciones entre los consumidores-clientes-usuarios y las empresas privatizadas.

    Decía MERCADO en aquella oportunidad: “La ofensiva contra el esquema de integración regional ganará en intensidad. El gran argumento lo brinda la incertidumbre brasileña, aunque el motor real de la campaña lo aportarán los intereses afectados”. La situación es la misma, pero agravada.

    También como se decía en ese momento, tiene vigencia esta reflexión: “No hay un solo caso de integración económica en el mundo que no comience con los países vecinos”.

    Lo que sigue es un breve inventario de las cuestiones -viejas y nuevas- que estarán en el tapete durante los próximos meses.

    1. LA ARGENTINA Y EL NAFTA.

    De pronto, buena parte del sector privado y no pocos funcionarios acarician la idea de un rápido ingreso argentino en el Nafta. Pertenecer al bloque comercial de América del Norte y tener garantizado acceso al principal mercado consumidor del mundo enciende el entusiasmo.

    ¿Hasta qué punto es genuina esta ilusión? Para muchos es una creencia auténtica. Piensan que hay enormes dificultades que remontar, pero el ingreso mexicano, que parecía casi imposible hace pocas semanas, renueva la esperanza. Suponen que en definitiva es una perspectiva viable.

    Otros, con diferente proyecto, esgrimen la tesis de adherir al Nafta como una manera de distraer la atención y postergar el proceso integrador con el Mercosur. Así como hace dos años esos mismos voceros insistían en la conveniencia de dar prioridad a la integración total con Chile, ahora levantan

    la bandera del Nafta.

    1994 será el año de la desilusión de muchos sectores con la posibilidad del hipotético ingreso argentino en el Nafta. Al final, quedará más claro que una estrategia de ampliación del mercado pasa por el Mercosur o no pasa por ningún lado (al menos durante los próximos cinco años). Pero, por otra parte, la apertura comercial indiscriminada quedará definitivamente archivada.

    Bastará evaluar el deterioro sufrido por el presidente Bill Clinton en esta batalla, las poderosas fuerzas que dentro de Estados Unidos se movilizaron en contra de la iniciativa, y las concesiones que tuvo que hacer Washington para lograr el voto favorable de los legisladores rebeldes, para tener un panorama realista.

    El fast track, o la vía rápida por la cual el Congreso estadounidense debe aprobar o rechazar en bloque -sin enmiendas- un tratado comercial, es un recurso excepcional que se agota con el Nafta y con el futuro de la Ronda Uruguay del GATT. Sin este mecanismo, el proceso puede ser eterno y

    además, en el mejor de los casos, las modificaciones que pueden surgir tornarían irreconocible el proyecto original.

    Otro enfoque que se pierde de vista es el actual resultado de la balanza comercial. Como socios comerciales, el gran déficit argentino no es ya con Brasil, sino precisamente con Estados Unidos. Una eventual inclusión en el Nafta, más que garantizar mayores exportaciones hacia ese destino, puede

    aumentar más las importaciones de ese origen.

    Además, los productos de exportación argentinos compiten con los de Estados Unidos, lo que no ocurre en el caso de Brasil. Prueba de ello es que nuestras exportaciones a Brasil crecen, mientras disminuyen hacia los demás destinos. Una eventual negociación con el Nafta tiene futuro únicamente desde el Mercosur.

    2. EL FUTURO DEL MERCOSUR.

    Este será el gran debate de 1994. Hay presiones para postergar la integración y esas presiones tienen distintos orígenes:

    * Las diferencias entre Argentina y Brasil con respecto al arancel externo común sobre los bienes de capital (Brasil quiere proteger más que la Argentina);

    * Los intereses de algunos sectores que pronto verán caer las listas de excepción hoy vigentes en el comercio entre los dos países.

    * Los desequilibrios macroeconómicos en Brasil.

    El último ingrediente, que es el argumento más reiterado, es tal vez el que más pronto puede despejarse. En gran medida dependerá del nuevo plan económico que se aplique en Brasil. Los grandes desequilibrios macroeconómicos conspiran contra la velocidad y eficiencia del proceso integrador, pero hay algo que no debe perderse de vista. Las actuales dificultades brasileñas tuvieron

    su contrapartida favorable en el volumen de los capitales externos que ingresaron a la Argentina. Un Brasil más ordenado es históricamente un polo de atracción de inversiones, en detrimento de nuestras posibilidades de captación.

    Sobre la protección a los bienes de capital hay una seria discrepancia. Brasil tiene una industria de este tipo y quiere alentarla y protegerla. Argentina, en principio, ha decidido no tenerla. Para nuestro país la urgencia es reconvertir la industria, equiparla y tecnificarla para que aumente su capacidad exportadora. Para ello hace falta tener arancel cero en bienes de capital. Habrá que encontrar una solución transitoria para que la Argentina cumpla su objetivo, y la solución -como siempre en estos casos- deberá pasar por mutuas concesiones significativas.

    Hoy, como hace doce meses, la resistencia más fuerte proviene de los sectores que pronto verán caer las listas de excepción vigentes en el comercio entre ambos países. En especial, la siderurgia y la industria textil. Al decir de Manuel Herrera, ex secretario de la Unión Industrial, la suspensión de los plazos beneficiaría a “unos 160 productos dentro de los miles ya incluidos en el acuerdo, y algunos más amparados por salvaguardias. El acuerdo rige ya para casi la totalidad de la producción nacional, con reducción de 75% del arancel vigente”.

    Habrá que ponderar cuidadosamente cada uno de estos elementos porque, ¿a qué otro país que no sea Brasil podemos exportar trigo con reembolso?

    3. RESURGIMIENTO DE LOS PROBLEMAS FISCALES.

    La lucha contra el famoso “costo argentino” tiene su precio. Durante el año próximo, con el propósito de inducir mejoras en el balance comercial, tanto el gobierno nacional como los provinciales sacrificarán algunos impuestos (aportes patronales y otros tributos menores).

    Por otra parte, a mediados de año la vigencia de la reforma previsional les restará a las arcas del Estado las contribuciones personales a la seguridad social (11% de la nómina de salarios). Solamente por este concepto dejarán de ingresar $ 100 millones mensuales, lo que no es una cifra irrelevante.

    Ambos conceptos, reducción impositiva y menor recaudación previsional, significarán en 1995 un monto equivalente a $ 2.500 millones. En 1994, todavía ingresarán recursos especiales aportados por las privatizaciones que restan, pero nunca de la significación de este año y del anterior. La recaudación tributaria sigue cumpliendo sus metas, aunque con creciente dificultad. Y se comienzan a detectar nuevas y sofisticadas variantes de evasión.

    Habrá que monitorear si -como pretende el gobierno- la lucha contra la evasión salva la brecha.

    4. FINANCIAMIENTO EXTERNO.

    Las tasas internacionales de interés comenzarán a subir a corto y largo plazo. Como consecuencia, en la Argentina aparecerán tendencias recesivas. Sin embargo, no habrá en 1994 un episodio traumático que ponga en peligro serio al programa de convertibilidad.

    En gran medida, el éxito del plan de convertibilidad se debe a una excepcional circunstancia favorable externa: las tasas internacionales han descendido a casi una tercera parte del nivel que tenían a principios de la década anterior (ver la edición 912, página 20).

    Si se contempla el déficit comercial previsto para este año (no menos de US$ 3.200 millones), el resultante de los servicios reales y de los servicios financieros (amortización de la deuda externa, especialmente), la Argentina necesitará, como mínimo, el ingreso de US$ 8.500 millones y tal vez

    US$ 10.000 millones en 1994.

    El aumento en el precio internacional de los granos puede aumentar nuestras exportaciones en US$ 500 millones. Pero el movimiento de capitales es inmensamente mayor que el de mercancías. Hay que apreciar que frente a necesidades de US$ 10.000 millones tendremos una ganancia comercial de

    US$ 500 millones por mejor venta de nuestros granos.

    5. CAVALLO Y LAS PROVINCIAS.

    Hay un viejo pleito pendiente entre la conducción económica y los gobiernos provinciales. La tesis del equipo económico es que en las provincias no se hizo el ajuste que ya tuvo lugar en el orden nacional, lo cual es cierto. Pero también lo es que la contrapartida del ajuste riguroso en esas jurisdicciones es el creciente desempleo. Y las cifras de desocupados reales o de ocupados

    disfrazados es suficientemente alta.

    En todo caso, el ministro intentará aprovechar el período sin elecciones que se abrirá después de los comicios constituyentes de marzo para imponer el ajuste en las provincias. Habrá numerosos conflictos entre gobierno nacional y gobiernos provinciales. El ajuste en las provincias aumentará el desempleo regional.

    6. MAS POLITICA INDUSTRIAL.

    La técnica seguida por el equipo económico es impecable: el discurso oficial es francamente aperturista, pero simultáneamente aumentan las medidas (como resoluciones antidumping, legítimas en el marco del GATT) que tienden a brindar protección a algunos sectores que atraviesan por dificultades.

    Esa es, en el fondo, la gran cuestión. Cuál es el criterio, cómo se decide a qué sector favorecer. En el área privada cunde la sensación de que en muchos casos la elección depende de que beneficie a los amigos del gobierno o a los que tienen gran capacidad de presión, con independencia de un plan general que apunte a definir un perfil industrial.

    Para sintetizar, se puede decir que el año próximo habrá menos apertura comercial y mas política industrial. El ministro Cavallo seguirá sacrificando la apertura comercial externa para moderar los problemas que se le plantean con la cuenta corriente (US$ 10.000 millones). A tal fin incrementará también el uso de instrumentos de política industrial.

    Esos instrumentos, sin embargo, no concitarán unanimidad entre los industriales. Los conflictos internos en la industria y en las organizaciones corporativas que la representan se harán más visibles en 1994.

    7. QUIEBRAS, FUSIONES, ADQUISICIONES.

    Los precios relativos y la necesidad de aumentar la productividad incentivarán fusiones empresarias, demandarán una mayor concentración, pero también habrá quiebras. A fines de 1994 habrá que analizar cómo queda el mapa de la estructura empresaria argentina.

    El tema de la rigidez cambiaria no se toca más dentro del país. Hace falta que venga un observador externo como Lee Iaccoca para que plantee el tema. Pero eso no significa que el problema no exista y que las grandes empresas no le estén buscando solución. Se está en la tarea de encontrar una solución privada al manejo cambiario.

    Para tener una pista de por dónde puede transcurrir esa solución hay que observar la estrategia de grandes grupos que operan en sectores problemáticos, como es el caso de la siderurgia. Inversiones o alianzas en el exterior permiten asegurar una situación monopólica de hecho: se pueden importar productos elaborados por la misma firma en el exterior a menor costo que el local, y exportar los producidos aquí a un costo razonable. De este modo, se aprecia que una economía abierta no es incompatible con situaciones monopólicas de hecho.

    Curiosamente, por esta vía se puede liquidar el objetivo tan buscado de la plena competencia. A los que elaboran productos a partir de insumos siderúrgicos puede convenirles importarlos. Pero si esa posibilidad se traba a través de reclamos antidumping, no habrá posibilidad real de reducir

    costos.

    8. EL SISTEMA FINANCIERO Y EL DESTINO DEL CREDITO.

    Todo indica que el crédito seguirá concentrándose en el consumo, la vivienda y lo que capten las empresas privatizadas. No hay síntomas de que los bancos presten atención a proyectos de inversión de envergadura en el agro y la industria.

    No hay observador económico que no piense que es la hora de una profunda reformulación del sistema financiero, y sin embargo es un tema del que nadie quiere hablar. Hay dos grandes interrogantes en este campo: uno es con qué van a ganar los bancos, y el otro, quiénes estarán en condiciones de captar el crédito disponible.