El estrecho de Ormuz y el alto el fuego reordenan petróleo, dólar y bitcoin

La fragilidad del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán volvió a ubicar al estrecho de Ormuz como punto crítico para el petróleo, con efectos en inflación, tasas y flujos de capital, mientras analistas de VT Markets y Janus Henderson Investors evalúan el impacto en divisas, oro y criptomonedas

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La distensión parcial entre Estados Unidos e Irán introdujo un alivio momentáneo en los mercados, pero el foco volvió rápidamente al estrecho de Ormuz, el paso por donde transita cerca del 20% del suministro global de petróleo. Con el alto el fuego vigente cuestionado por ambas partes y atravesado por dudas operativas, el escenario quedó definido por la vulnerabilidad de ese cuello de botella y por la posibilidad de disrupciones en el suministro energético.

Para Justin Khoo, analista senior de mercados en VT Markets, la tensión en torno a Ormuz dejó de ser un episodio regional. “Una crisis sistémica que afecta al sistema financiero mundial”, dijo. En esa lectura, el comportamiento del crudo funcionó como señal: tras una baja inicial asociada al alto el fuego, el retorno rápido del precio a la zona de los 100 dólares reflejó que los inversores continuaron descontando riesgos sobre la oferta.

El encarecimiento de la energía se traslada al resto de la economía a través de mayores costos de transporte, producción e insumos básicos, con impacto directo sobre la inflación global. “Comprender los efectos en cadena en las economías mundiales y el flujo de capital ya es una necesidad, no una opción”, dijo Khoo. En ese contexto, el dólar se fortaleció por una doble vía: como activo de refugio y por la expectativa de tasas que podrían mantenerse más altas durante más tiempo, con un endurecimiento de las condiciones financieras a nivel global.

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El reacomodamiento también alcanzó a los activos digitales. En la evaluación de Khoo, el bitcoin quedó ante una prueba en su aspiración de consolidarse como “oro digital”. La inestabilidad en monedas tradicionales puede impulsar su adopción como reserva de valor alternativa, aunque la restricción de liquidez global y nuevas regulaciones bancarias podrían limitar el ingreso de capital institucional y tensionar su desempeño.

Desde Janus Henderson Investors, el analista de investigación Noah Barrett puso el foco en la sostenibilidad del alto el fuego y en sus implicancias para el mercado energético. “La reapertura del estrecho (de Ormuz) durante dos semanas permitiría reanudar el flujo de crudo bloqueado y aliviar la presión sobre los precios”, dijo. Sin embargo, advirtió: “Necesitamos confianza en que no volveremos a enfrentarnos a amenazas o ataques graves en el corto plazo”.

La reacción inicial del mercado tras el anuncio de Donald Trump incluyó una caída del Brent cercana al 15,5%. Aun así, Barrett anticipó precios elevados frente a los niveles previos al conflicto: “La prima de riesgo sigue siendo alta, por lo que esperamos un piso más alto para el petróleo”.

Más allá del crudo, el encarecimiento del gas natural —insumo clave para producir fertilizantes— incorporó presión sobre alimentos y la cadena agroindustrial, con traslado inflacionario al consumidor final. En América Latina, el cuadro expuso vulnerabilidades: Argentina enfrenta limitaciones para absorber shocks externos, Perú depende de importaciones energéticas y México combina oportunidades por su perfil petrolero con riesgos derivados de su dependencia del gas. En paralelo, el oro quedó atravesado por fuerzas contrapuestas: demanda de refugio por la fragilidad del alto el fuego y presión a la baja por la posibilidad de tasas más altas, en un escenario de volatilidad sin dirección clara.

“La prima de riesgo sigue siendo alta, por lo que esperamos un piso más alto para el petróleo”, dijo Noah Barrett, analista de investigación en Janus Henderson Investors.

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