Chequeo médico antes de entrenar: claves para detectar riesgos cardíacos silenciosos

Antes de iniciar o intensificar una rutina de actividad física, la evaluación previa ayuda a identificar enfermedades cardiovasculares sin síntomas y a ajustar el plan de entrenamiento, en un contexto global en el que la inactividad se asocia a 5 millones de muertes por año y el 31% de los adultos no alcanza los niveles recomendados

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La consulta y evaluación médica previa al inicio o al aumento de la actividad física se consolida como una herramienta de prevención para detectar condiciones cardiovasculares que pueden no presentar síntomas y que, ante el esfuerzo, pueden desencadenar eventos cardíacos graves. El chequeo, conocido como “apto médico”, se plantea como una práctica aplicable más allá del deporte de alto rendimiento.

El ejercicio regular se vincula con la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, la mejora de la salud mental y una mejor expectativa de vida. En paralelo, a nivel global la inactividad física se asocia a cinco millones de muertes por año y más del 31% de la población adulta no alcanza los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud. En ese escenario, el desafío no se limita a promover el movimiento, sino a hacerlo de manera segura.

El riesgo aparece cuando existen enfermedades cardiovasculares no diagnosticadas. En esos casos, el ejercicio puede actuar como desencadenante de un episodio grave. “Muchas veces no hay señales claras. Personas aparentemente sanas pueden tener una condición cardíaca no diagnosticada, y el ejercicio puede ser el primer momento en que se manifiesta”, dijo Pablo Ottonello (MN 123.413), médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina.

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La evaluación cardiovascular previa puede funcionar como instancia de detección temprana y, según cada caso, incluir una historia clínica completa con antecedentes familiares, electrocardiograma (ECG), ecocardiograma con maniobras específicas como Valsalva, prueba de esfuerzo, resonancia magnética o tomografía cardíaca. También contempla estudios genéticos cuando existe sospecha de enfermedad hereditaria. El objetivo es identificar factores de riesgo y condiciones que, sin ese abordaje, podrían permanecer inadvertidas.

Entre las patologías bajo foco figura la miocardiopatía hipertrófica (MCH), una enfermedad genética caracterizada por el engrosamiento anormal del músculo cardíaco. Se la considera una de las principales causas de muerte súbita en menores de 35 años, especialmente en el contexto de actividad física intensa. Su prevalencia estimada es de uno cada 500 personas, aunque estudios recientes sugieren que podría ser mayor —hasta uno en 200— debido al subdiagnóstico.

En Argentina, alrededor de 92.000 personas viven con MCH, dentro de un universo de 138.000 afectados por distintas miocardiopatías. Entre el 80% y el 90% de los casos nunca son detectados clínicamente. Uno de los motivos es que síntomas como palpitaciones rápidas, falta de aire, dolor en el pecho, mareos, fatiga o desmayos suelen confundirse con molestias habituales del ejercicio, lo que retrasa el diagnóstico.

Además, persiste la idea de que detectar una enfermedad cardíaca implica abandonar la actividad física. “La detección de una enfermedad cardíaca puede hacer creer que no podremos realizar más actividad física, pero no es así en gran parte de los casos”, dijo Ottonello. Para acceder a contenidos validados, señales de alerta y recursos educativos sobre MCH, está disponible www.podriasermch.com.ar, plataforma desarrollada por Bristol Myers Squibb en el marco de “Mi Corazón Habla”.

Hacer ejercicio con evaluación médica previa puede marcar la diferencia entre entrenar con seguridad o enfrentar un evento inesperado.

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