Las mujeres concentran el 49% de los créditos vigentes en Argentina, pero acceden a solo el 41% de los montos financiados. En términos concretos, por cada $100 otorgados a hombres, las mujeres reciben $69. El dato surge de un análisis de SIISA, empresa de tecnología y buró con foco en el mercado de crédito, elaborado con información del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y bases propias, correspondiente a diciembre de 2025.
La brecha en los montos no se explica por mayores niveles de incumplimiento. El estudio sostiene que los niveles de morosidad entre hombres y mujeres no presentan diferencias significativas, por lo que descarta que el diferencial responda a un mayor riesgo crediticio asociado al género. La lectura del documento conecta el acceso a financiamiento con condiciones estructurales del mercado laboral, como los ingresos y la formalidad.
En ese marco, el informe plantea que el sistema financiero asigna montos en función de la evaluación de capacidad de pago. “El sistema evalúa riesgo y capacidad de pago, no género”, dijo Alberto Teszkiewicz, coordinador de Investigación y Desarrollo de SIISA. La conclusión se apoya en la idea de que, cuando existen brechas salariales y mayores niveles de informalidad laboral, también aparecen límites para acceder a crédito de mayor escala.
El trabajo incorpora además una mirada federal sobre la distribución del acceso. A nivel nacional, existen aproximadamente 98 mujeres con crédito por cada 100 hombres. En algunas provincias, la cantidad de mujeres con financiamiento supera a la de los hombres: Santiago del Estero registra 126 mujeres cada 100 hombres; Formosa, 120; Chaco, 113; Río Negro, 111; y La Pampa, 110. En contraste, en la Ciudad de Buenos Aires la relación es de 93 mujeres cada 100 hombres.
Aun en los distritos donde la participación femenina en cantidad de créditos resulta mayor, el estudio remarca que persisten diferencias en los montos. El documento señala que avanzar hacia una mayor equidad en el acceso al financiamiento requiere ampliar la información disponible para evaluar perfiles crediticios, especialmente en segmentos con mayor informalidad.
En esa línea, el análisis propone integrar datos bancarios y no tradicionales para construir evaluaciones más completas, sin modificar los criterios de riesgo. Entre las variables mencionadas aparecen el historial de pago de servicios y la actividad económica no bancaria. “El desafío está en construir modelos de scoring más integrales”, dijo Teszkiewicz, coordinador de Investigación y Desarrollo de SIISA.











