Un dispositivo de rastreo satelital volvió a encender una discusión científica sobre las ballenas jorobadas en el Atlántico Sur. La señal, activa en las aguas de las islas Orcadas del Sur, en la Antártida, había estado semanas antes frente a las costas de Camarones, en la provincia de Chubut. El recorrido se integró a un hallazgo que está modificando lo que se conocía sobre el comportamiento de la especie y el papel de las áreas marinas protegidas.
Hasta hace poco, la presencia de estos cetáceos en el litoral patagónico se consideraba una rareza. Los mapas históricos sostenían que las jorobadas que se reproducen en Brasil migraban hacia la Antártida por rutas oceánicas profundas. Lucas Beltramino, biólogo integrante del Proyecto Patagonia Azul, recordó que al inicio de los trabajos en la zona, durante 2019, la especie figuraba como ocasional. “Podría llegar a verse como en cualquier lugar del mundo, pero no como una especie que sea estacional, como hemos visto últimamente que lo es”, explicó.
El cambio de escenario se volvió más nítido cuando los avistamientos comenzaron a multiplicarse y el equipo cruzó su banco de imágenes con la plataforma global Happywhale. A partir de esas coincidencias, se detectó que individuos registrados en la zona de Camarones habían sido vistos previamente en Brasil, en la Antártida o en el Canal Beagle. Ese patrón impulsó la iniciativa de marcar ejemplares con dispositivos satelitales para conocer hacia dónde se desplazan cuando abandonan las costas de Chubut.
El proyecto de marcaje se concretó este año junto con investigadores de la Universidad de California. Durante enero se colocaron transmisores a tres ballenas jorobadas. En ese período, los animales permanecieron alimentándose casi exclusivamente dentro de los límites del Parque Provincial Patagonia Azul y en Puerto Visser, un sector aledaño que actualmente carece de protección legal.
Tras esa residencia alimentaria, dos transmisores se desprendieron. El tercero continuó enviando datos y permitió reconstruir un tramo del viaje hacia el sur. “Lo hacía a una velocidad impresionante, incluso de 200 kilómetros de avance por el mar en un mismo día”, describió Beltramino. Luego de 15 días de desplazamiento rápido, el patrón de nado se volvió errático y los puntos de ubicación comenzaron a mezclarse, lo que llevó al equipo a deducir que el animal había llegado a una nueva zona de alimentación antártica.
Semanas después se sumó una coincidencia: parte del equipo de la Universidad de California, en trabajo de campo en Orcadas del Sur, reportó el avistamiento de dos ejemplares ya registrados previamente en la costa de Chubut. Con más de cuatro años de muestreo, el proyecto también consolidó una estacionalidad: desde fines de octubre o principios de noviembre hasta marzo, con un pico menor en mayo.
“Podría llegar a verse como en cualquier lugar del mundo, pero no como una especie que sea estacional, como hemos visto últimamente que lo es”, dijo Lucas Beltramino, biólogo integrante del Proyecto Patagonia Azul.











