Dejar de ahorrar en papel para empezar a invertir en ladrillos es, en Argentina, una decisión de supervivencia financiera. Para el inversor promedio, la seguridad se redujo históricamente a dos opciones: el colchón, donde el capital se estanca frente a la inflación global, o el plazo fijo bancario, donde se acepta una rentabilidad mínima a cambio de una simple promesa de papel. Sin embargo, en la era de las finanzas colaborativas, es momento de preguntarnos por qué confiarle nuestro esfuerzo a una entidad financiera tradicional cuando podemos convertirnos en el motor que ayuda a una familia a alcanzar su hogar, contando con una garantía mucho más sólida y tangible.
Invertir a través de este tipo de herramientas busca cambiar la incertidumbre por la certeza de una garantía real sobre un inmueble. La pregunta que muchos se hacen es cómo logramos ofrecer una TNA de hasta el 13.5% en dólares, una cifra que duplica lo que ofrece el mercado tradicional. La respuesta reside en la eficiencia del modelo de finanzas colaborativas. Al eliminar la pesada estructura y las ganancias que los bancos retienen para sí mismos, generamos una tasa de equilibrio justa. El solicitante paga menos intereses y el inversor recibe más; es un ecosistema donde el valor se queda en las personas y no en los intermediarios.
Entiendo perfectamente que prestarle a un desconocido puede generar dudas. Por eso, no dejamos nada librado al azar. Nuestra trayectoria de ocho años y más de 1700 créditos otorgados se respalda en un dato contundente: mantenemos un 0% de ejecuciones hipotecarias. Este éxito se basa en una ingeniería de riesgo de hierro. En primer lugar, el inversor posee un mutuo hipotecario a su nombre, lo que le otorga la prioridad legal absoluta sobre el activo inmobiliario. Además, somos sumamente conservadores: sólo financiamos hasta el 35% del valor de la propiedad. El hecho de que el comprador aporte el 65% restante de su propio capital es el mejor antídoto contra la morosidad, ya que nadie quiere poner en riesgo semejante inversión personal por una cuota que, por contrato, nunca supera el 40% de sus ingresos.
Nuestra alianza exclusiva con la red RE/MAX nos permite garantizar estándares de calidad y procesos notariales que no tienen competencia en el mercado. Pero incluso ante el imprevisto, Lendar actúa como un socio integral. Somos una plataforma de conexión y también el representante legal y operativo del inversor. Si ocurriera una demora, nuestro equipo se encarga de toda la gestión de cobro, desde lo administrativo hasta lo legal. Un detalle clave que demuestra nuestra transparencia es que la totalidad de los intereses punitorios generados por un retraso van directo al bolsillo del inversor; la plataforma no recibe porcentaje alguno de esos montos.
Sabemos que la vida cambia y a veces se necesita recuperar el capital antes de lo previsto. Por eso, el modelo prevé mecanismos de liquidez. Si el solicitante cancela el crédito anticipadamente, el inversor recibe un beneficio adicional del 4% más IVA sobre el saldo de capital. Y si es el inversor quien necesita retirarse, facilitamos la conexión en un mercado secundario para ceder la participación a otros interesados, manteniendo siempre la validez legal de la garantía.
Invertir de esta manera es, en definitiva, profesionalizar el ahorro. Es salir del sistema bancario convencional para entrar en un modelo transparente y auditado donde, desde montos accesibles, cualquier persona puede obtener una renta mensual previsible. Lo más importante es que este sistema permite al inversor dormir tranquilo, sabiendo que su dinero no depende de una entidad financiera, sino que está firmemente respaldado por ladrillos.












