El Día Internacional del Queso se celebra cada 27 de marzo como una iniciativa nacida en Europa e impulsada por productores de Francia e Italia, que luego se extendió a nivel global. En Argentina, la efeméride encuentra a un mercado con consumo sostenido: el promedio se ubica en torno a los 12 kilos por persona al año, uno de los niveles más altos de América Latina, de acuerdo con datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).
Ese patrón de demanda se refleja en las preferencias locales. Predominan los quesos blandos, con el queso crema como referencia, seguidos por los semiduros y, en menor medida, los duros. En paralelo, variedades como el queso azul ganan interés entre quienes buscan sabores más intensos, lo que abre espacio para estrategias de portafolio que conviven entre el consumo cotidiano y opciones de perfil más marcado.
En ese contexto, San Ignacio, empresa santafesina con 87 años de trayectoria, sostiene el desarrollo de su línea de quesos, una categoría que integra su historia productiva junto con el dulce de leche. La compañía opera con plantas en Sauce Viejo y en Hipatia, desde donde elabora y amplía su oferta. “Venimos trabajando hace años en mejorar continuamente ‘cómo hacemos lo que hacemos’, revisando procesos y ampliando el portfolio para acompañar las distintas formas de consumo”, dijo Alejandro Reca, CEO de San Ignacio.
Dentro del portafolio, la firma organiza su propuesta en tres productos asociados a distintos momentos de uso. En queso azul, elabora en la planta de Hipatia un producto inspirado en el paladar francés, con textura cremosa y sabor intenso y levemente picante. En ese segmento, San Ignacio figura como el segundo exportador de queso azul de la Argentina.
En la categoría de queso crema, la línea Blancrem clásico y light se orienta al consumo cotidiano y se adapta a preparaciones dulces y saladas. La propuesta se vincula con desayunos y meriendas, y también con aplicaciones de cocina como rellenos, salsas y recetas de pastelería. La versión light se presenta como bajo en grasas.
La tercera oferta es Blancrem sin lactosa, diseñada para personas con intolerancia a la lactosa que buscan mantener el sabor y la funcionalidad del queso crema tradicional. “El queso es un producto muy incorporado en la mesa de los argentinos y con usos cada vez más amplios. Hoy conviven el consumo cotidiano con variedades más intensas, que empiezan a ganar espacio en nuevas ocasiones”, dijo Reca.
La línea completa cuenta con certificación sin gluten, un atributo que amplía las posibilidades de consumo para celíacos y para quienes eligen evitar el gluten.












