Adrián Pascoe plantea el paso del advocacy reactivo al posicionamiento institucional estratégico

En un contexto de conversación pública permanente y polarizada, el directivo de EDRIS by another analiza cómo la confianza se vuelve un activo frágil y por qué el silencio puede funcionar como herramienta de comunicación cuando existe una arquitectura previa de principios y territorios de intervención definidos

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La discusión sobre el rol de las empresas en el debate público dejó de centrarse en la respuesta táctica ante crisis y avanzó hacia la construcción de un posicionamiento institucional con reglas propias. Adrián Pascoe, director de Comunicaciones Estratégicas para LATAM en EDRIS by another, plantea que el advocacy corporativo ya no puede limitarse a reaccionar frente a reformas regulatorias, crisis reputacionales o coyunturas políticas, porque las organizaciones operan en una conversación pública permanente, digital y altamente polarizada.

En ese escenario, cada declaración y cada silencio inciden en la legitimidad. La transición del advocacy reactivo al posicionamiento institucional aparece como un cambio estructural: no se trata de aumentar el volumen de mensajes, sino de definir con claridad qué territorios se habitan, bajo qué principios y con qué coherencia. Esa definición previa funciona como marco para decidir cuándo intervenir, cómo hacerlo y cuándo una pausa puede resultar más eficaz que una respuesta inmediata.

La confianza institucional emerge como un activo estratégico, pero frágil. El Estudio de Confianza 2025 de PwC registra que el 81% de los consumidores declaró haber dejado de comprar a una empresa por falta de confianza, mientras que el 76% de los colaboradores considera que las comunicaciones claras son determinantes para construirla. A la vez, el trabajo expone una brecha entre la percepción de los ejecutivos y la de los públicos: el 81% de los ejecutivos cree que sus clientes confían en su organización, pero solo el 32% de los consumidores comparte esa percepción. La distancia revela una desconexión entre narrativa interna y percepción externa, con impacto directo sobre la gestión reputacional.

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En este marco, la improvisación comunicacional amplifica riesgos. Pascoe sintetiza esa lógica en una definición: “El advocacy reactivo es una forma de improvisación sofisticada”, dijo Adrián Pascoe, director de Comunicaciones Estratégicas para LATAM en EDRIS by another. El planteo apunta a que, cuando una organización se activa solo ante presión externa, cede al entorno la capacidad de marcarle la agenda y limita su margen de maniobra.

El silencio, lejos de equivaler a ausencia, puede convertirse en una herramienta estratégica. Investigaciones del Program on Negotiation de Harvard Law School sostienen que el silencio deliberado puede proyectar control, fomentar escucha activa y evitar respuestas impulsivas en escenarios complejos. Trasladado al ámbito corporativo, una pausa puede comunicar autoridad si existe un posicionamiento institucional claro; sin esa arquitectura previa, el silencio tiende a interpretarse como evasión o falta de liderazgo.

El pasaje hacia un modo estratégico implica abandonar la lógica de “apagar incendios” y asumir que la conversación pública es parte del entorno operativo permanente. Ese enfoque requiere definir territorios estratégicos de intervención, integrar Public Affairs y comunicación corporativa en la toma de decisiones, preparar vocería estratégica alineada a principios claros y monitorear riesgos reputacionales de forma continua.

“El silencio no siempre es vacío; puede ser señal”, dijo Adrián Pascoe, director de Comunicaciones Estratégicas para LATAM en EDRIS by another.

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