jueves, 2 de abril de 2026

    Jugadas de pizarrón

    En un parque, un grupo de diez gerentes, con los ojos vendados,
    discute acaloradamente acerca de cuál es la mejor manera de formar un
    triángulo equilátero con la extensa soga que tienen en la mano,
    y de lograr, además, que uno de sus vértices apunte hacia determinada
    ciudad.

    A pocos metros de allí, una docena de ejecutivos hace
    equilibrio sobre una banda elástica que une siete
    árboles y cada vez que uno cae o toca el piso, todos vuelven
    atrás y comienzan de nuevo, tomados de las manos, la tarea de
    recorrer el difícil camino aéreo entre los
    árboles.

    ¿A qué están jugando? ¿Por qué las
    empresas a las que pertenecen pagan sumas considerables para que
    practiquen estas actividades? La respuesta está en el trabajo
    en equipo.

    Al día siguiente todos, esta vez de traje y corbata,
    intentarán aplicar en sus empresas lo que aprendieron en este
    entrenamiento, que busca desarrollar la capacidad de trabajar en
    equipo, una cualidad que ahora se cotiza alto en las empresas.

     

    La línea horizontal

    Las nuevas estructuras de las organizaciones, más planas y
    con menos niveles jerárquicos, requieren una
    interacción mayor entre las personas, que sólo puede
    lograrse con una actitud cooperativa y no individualista. Por otra
    parte, cada vez existen más proyectos especiales dentro de las
    empresas que sólo pueden abordarse desde un verdadero trabajo
    interdisciplinario en equipo, para el que se requiere una actitud y
    una capacitación especiales.

    “Los equipos constituyen una forma de organización del
    trabajo que da excelentes resultados”, asegura Marcelo Vázquez
    Avila, profesor y director adjunto del Master Ejecutivo en
    Dirección de Empresas del Instituto de Altos Estudios
    Empresariales (IAE). “Una encuesta que llevó a cabo Industry
    Week revela que más de 26% de las 1.000 empresas
    norteamericanas más grandes están organizadas
    así.”

    En este marco, las empresas argentinas han comenzado a impulsar el
    trabajo en células, en grupos autónomos y en todo tipo
    de equipos, y a utilizar terminología como team building
    (formación de equipo), team work (trabajo en equipo) o team
    leadership (liderazgo de equipo).

     

    La base está

    ¿Por qué algunas empresas apuestan a jugar en equipo?
    ¿Cualquier grupo de personas trabajando juntas es un equipo?
    ¿Qué ganan las empresas con esta práctica?

    “Cuando uno entra a una oficina y ve que alguien está
    preparando la facturación, otro analiza las cuentas
    corrientes, otro prepara la gestión de cobranzas y otro se
    encarga de cobrar, lo que hay es, simplemente, gente trabajando.
    Generalmente no se trata de un equipo de trabajo”, señala
    Héctor Fainstein, consultor, psicólogo social y
    profesor de la cátedra de Conducción de Equipos de
    Trabajo en la facultad de Ciencias Económicas de la
    Universidad de Buenos Aires.

    “Un equipo es un conjunto de personas que realiza una tarea para
    alcanzar resultados”, define. “El logro de resultados es una de las
    características diferenciales de los equipos. En la palabra
    resultados se revela el sentido deportivo de la competencia, no
    sólo en cuanto a la intención de ganar, sino
    también en cuanto a ser competente.”

    “Sin embargo no es el resultado en sí mismo el factor
    constitutivo del equipo. Sí lo es el proceso de
    búsqueda permanente de mejora de los resultados.”

    Desde mediados de siglo, distintos expertos en organización
    empiezan a reconocer la importancia de los equipos, al principio
    centrándose en empresas, y particularmente en equipos ad-hoc
    para proyectos especiales.

    La necesidad de trabajar en equipo llegó de la mano de
    propuestas como Calidad Total, sistemas integrados de gestión
    como SAP, reingenierías y procesos de cambio, el Premio
    Nacional a la Calidad, programas de integración regional, y
    otras que requieren la participación e interrelación de
    diversos sectores funcionales de las empresas.

    Las estructuras más planas de esta última
    década &endash;que eliminaron varios niveles de
    supervisión&endash;, las nuevas tendencias laborales y la
    necesidad de reducir costos, llevaron a las empresas a pensar en los
    equipos como una forma de trabajo regular, con trabajadores
    autónomos responsables por los resultados de la tarea del
    grupo y con una reducción de costos que puede alcanzar hasta
    30%, según distintas estimaciones.

    Esta tendencia, que comenzó en las grandes empresas,
    está llegando también a las más pequeñas,
    en las que una buena coordinación entre sus integrantes es
    clave para alcanzar resultados.

    “Las empresas promueven el trabajo en equipo porque han detectado
    que es una de las ventajas competitivas de esta época. La
    sensación de pertenencia que da el trabajo de equipo es uno de
    los valores más importantes de esta época”, explica
    Fainstein. Y advierte: “sin embargo hay que señalar que muchas
    lo desarrollan más como una moda o una expresión de
    deseos que como una forma de trabajo que, como tal, requiere un
    entrenamiento especial y constante”.

     

    Entrenar para ganar

    De los más de US$ 1.000 millones anuales que las empresas
    invierten en capacitación en la Argentina, un porcentaje cada
    vez mayor es dedicado al desarrollo de las habilidades para trabajar
    en equipo. Este tipo de capacitación incluye cursos,
    seminarios, talleres y actividades no tradicionales como juegos al
    aire libre, alpinismo, o cursos de supervivencia, en las que los
    participantes viven el trabajo en equipo.

    Paradójicamente, la mejor forma de aprender a trabajar en
    equipo parece ser el mismo trabajo en equipo. “El instructor
    sólo le da recursos al equipo para que pueda aprender sobre
    sí mismo”, sostiene Horacio Mobilia, consultor en Recursos
    Humanos y docente.

    Con este concepto en mente, la firma AO Consulting, introdujo en
    la Argentina la metodología de outdoor training, un conjunto
    de actividades, juegos y ejercicios, que se desarrollan al aire libre
    y que buscan enseñar a trabajar en equipo desde la
    práctica.

    Luis María Cravino, presidente de la firma especializada en
    recursos humanos, explica que el trabajo en equipo “hay que vivirlo.
    Nadie va a trabajar mejor en equipo o dejar de ser individualista
    porque vea en un seminario una transparencia que habla bien del
    trabajo en equipo”, afirma, en abierta crítica a quienes creen
    que el trabajo en equipo puede enseñarse de maneras
    tradicionales.

    En una jornada de este tipo de entrenamiento, los participantes,
    reunidos en grupos, deben resolver distintos problemas que requieren
    de la participación intelectual y física de todos, y
    que ponen de manifiesto los beneficios y dificultades del trabajo en
    equipo: cruzar objetos en una secuencia dada sobre un río
    imaginario, desenredar una madeja de hilos, ordenarse en una fila de
    menor a mayor con los ojos vendados y con un límite de tiempo,
    o atravesar un camino lleno de obstáculos sin que
    ningún integrante del equipo se equivoque.

    “Cada vez que empieza un juego, la gente tiene una respuesta
    típica: Mmm… no se puede hacer. Es imposible”, relata
    Cravino. “Después de una o dos horas de trabajo descubren que
    es posible, y aparece la analogía con algún problema en
    la organización que nadie podía resolver. Mientras
    estamos sentados en el pasto analizando cómo salió un
    juego, alguien dice: encontré la solución al problema
    que tengo en la empresa.”

    Luego de las actividades, los participantes analizan con el
    entrenador cómo se desempeñó el equipo,
    cuáles fueron las dificultades y cómo se resolvieron,
    cómo se tomaron las decisiones, cómo y quién
    ejerció el liderazgo, cómo se fue desarrollando la
    confianza y qué sintieron al depender de los demás para
    alcanzar los objetivos.

    “La gente no sólo cree que la comunicación, el
    trabajo en equipo y la confianza sean buenos porque lo vieron, sino
    porque lo vivieron”, afirma Cravino entusiasmado. “Es la diferencia
    entre aprender y cambiar.”

    Vázquez Avila, quien también conduce actividades al
    aire libre para los estudiantes del IAE, explica que el entrenamiento
    para conducir reuniones de equipo es también decisivo. “Buena
    parte del trabajo en equipo se traduce en reuniones donde se
    resuelven problemas y se toman decisiones. Una reunión de
    equipo es algo muy complejo, intelectual y social a la vez. Requiere
    que sus participantes tengan habilidades intelectuales: pensar y
    decidir colectivamente; y de tipo social: comunicar, escuchar
    activamente, apoyar y buscar consenso.”

     

    El premio

    En un artículo publicado por la Harvard Business Review
    titulado “Seis mitos peligrosos acerca de las remuneraciones”, el
    especialista Jeffrey Pfeffer explica que los incentivos individuales,
    tan de moda en estos tiempos, tienden a boicotear el trabajo en
    equipo y a disminuir el desempeño de los individuos y de la
    organización, al desarrollar una visión individualista
    y de corto plazo.

    “A veces se enfoca el tema de trabajo en equipo en los conflictos
    personales, en la dinámica grupal. Ese es un plano”, explica
    Mobilia. “Pero hay otro que es el de la arquitectura, el
    sostén estructural de un equipo. Y una buena arquitectura de
    las recompensas es fundamental.”

    Mobilia relata un caso en el que intervino como consultor, cuando
    un banco detectó problemas en algunas sucursales, entre el
    personal de ventas y el personal administrativo. “En una sucursal,
    por ejemplo, una promotora generaba muchos ingresos, y eso era para
    ella un logro totalmente individual. Pero no tenía el apoyo de
    los administrativos, que le cajoneaban o le retrasaban los
    trámites. En otra oficina, en cambio, un vendedor exitoso
    había inventado un circuito para repartir su comisión
    con los administrativos. Se había dado cuenta de que
    necesitaba a los otros. De allí surgió la propuesta de
    desarrollar incentivos grupales.”

    En muchas empresas suele haber una contradicción entre lo
    que dicen (“queremos trabajar en equipo”) y lo que hacen: remunerar a
    sus empleados según sus logros individuales.

    “Bajo el paraguas de un plan de incentivos de grupo se responde
    honestamente a la pregunta de los trabajadores: ¿qué
    puedo hacer yo para mejorar el desempeño?”, destaca
    Vázquez Avila.

     

    Jugadas virtuales

    Los especialistas coinciden en que, para que un equipo funcione,
    sus integrantes deben tener confianza en los demás, y en que
    la confianza se va desarrollando en los encuentros, a través
    de la discusión, el intercambio de ideas y las impresiones que
    cada miembro del equipo se va formando de los demás.

    En las relaciones cara a cara es un proceso gradual, que el
    líder o coordinador de equipo puede regular. Pero la
    incorporación de la tecnología cambia la forma de
    trabajar de muchos equipos. “Antes se presumía que un equipo
    desarrollaba sus tareas en un mismo tiempo y espacio”, explica
    Fainstein. “Ahora, los equipos deben trabajar en distintos lugares y
    a veces en distintos tiempos.”

    ¿Qué sucede cuando muchos equipos en grandes compañías
    no se reúnen cara a cara sino que establecen su comunicación a
    través del correo electrónico? El profesor Sirkka L. Jarvenpaa
    de la Universidad de Texas, y la profesora Dorothy E. Leidner del Insead, en
    Francia, estudiaron 29 equipos de trabajo que operaban globalmente y que sólo
    mantenían comunicaciones vía e-mail. Las conclusiones de la investigación,
    publicadas en la Harvard Business Review, mostraron que los equipos virtuales
    en los que más confianza desarrollaron sus integrantes y que, en consecuencia,
    mejor funcionaron compartían tres características: primero, una
    etapa inicial de mails con contenido social; segundo, un claro establecimiento
    de los roles; y tercero, un fuerte entusiasmo y orientación a la acción.

    En el primer contacto parecía estar la clave de la confianza. En aquellos
    equipos en los que no se había desarrollado una actitud de sociabilidad
    en el primer e-mail, se habían suscitado luego conflictos o falta de
    productividad. Todo equipo tiene su base en las personas y, más allá
    de la frialdad de una relación a distancia, sus integrantes necesitan
    de los demás.