El 1º de agosto de 1981, Michael Bloomberg fue despedido de Salomon Brothers. Tenía 39 años y había hecho
toda su carrera dentro de la empresa. Le compraron su
participación en la sociedad por US$ 10 millones, pero en la
vida no todo es dinero. Su esposa ahora tendría que decirle a
sus amigas que su marido había sido alguna vez un importante
operador de Wall Street. “Estaba preocupado de que Sue sintiera
vergüenza por mi nuevo status, mucho menos visible”, confiesa
Bloomberg en su autobiografía, “y también temía
no poder mantener a mi familia”.
¿Cómo hizo Bloomberg para superar esta vuelta del
destino? Primero le compró a su esposa un tapado de piel y
luego montó su propio negocio. Hoy, Bloomberg Financial
Markets brinda información financiera on line a casi 100.000
terminales en todo el mundo. Tiene programas de radio y
televisión, publica una revista y se ha convertido en una
celebridad que vale por lo menos US$ 1.300 millones y quizá
más. Su trabajo ha promovido la eficiencia en muchos mercados
de capitales y conseguió quedarse con muchos de los clientes
de Dow Jones y Reuters, sus rivales más poderosos. “Tuve la
ventaja”, comenta, “de haber competido contra verdaderos gigantes de
esta industria”.
¿Qué se puede perder?
¿Cómo explicar las motivaciones de personas audaces y
emprendedoras como Mike Bloomberg y el comportamiento de los gigantes
a los que destruyen? Reuven Brenner, profesor de economía de
la Universidad McGill de Montreal, ha dedicado su carrera a encontrar
una respuesta a esa pregunta. Y esa respuesta se resume con el nombre
de un juego: el rango.
Brenner se refiere así a las personas que deciden correr un
riesgo cuando perciben que no es mucho lo que pierden si fracasan o,
en el lenguaje de Wall Street, cuando los posibles beneficios superan
ampliamente a los perjuicios.
Habitualmente es una crisis desagradable lo que funciona como
catalizador: un despido, o un competidor que lanza un producto
superior. Frente a esas circunstancias adversas, la gente percibe que
alguien le saltó por encima, como en el juego del rango.
¿Qué dirán ahora los analistas? ¿Qué
le dirá su mujer a sus amigas?
El mundo parece sombrío y la única manera de salir
adelante es arriesgar, probar algo nuevo. Y la riqueza del mundo se
alimenta de estos esfuerzos de emprendimiento.
Las estériles suposiciones de la microeconomía
convencional atribuyen a este espíritu emprendedor el objetivo
de “maximizar las ganancias”. Esto es ridículo, dice Brenner,
y la mayoría de los empresarios coinciden con él.
Después de todo, quien emprende algo nuevo está creando
un negocio. Entonces, ¿dónde están las ganancias
que busca maximizar?
La economía ortodoxa no sólo no puede explicar por
qué la gente arriesga su tiempo y su dinero para llevar
adelante una nueva idea, sino que resulta igualmente inútil
cuando intenta dar respuesta a la pregunta más interesante:
¿por qué algunas naciones avanzan mientras otras se
estancan? De ahí la razón por la que la economía
del desarrollo se ha convertido en una especie de disciplina
paralela, divorciada de la matemática elegante de la moderna
teoría neoclásica.
En cambio, en la obra de Brenner, la teoría de la conducta
humana y el desarrollo económico conforman un todo integral.
“Sin experimentación”, dice Brenner, “no hay generación
de riqueza”.
Es imposible analizar durante demasiado tiempo el mundo de los
negocios (o de la política, o de la historia militar o de la
mayoría de las facetas de la vida humana) sin chocar con
ejemplos, al mejor estilo Brenner, del espíritu creativo que
emerge de una situación de crisis.
Reaccionar a tiempo
Hace algunos años, Bill Gates desestimó la amenaza
de la Internet hasta que se despertó y comprobó que era
el futuro. De pronto, Microsoft debió enfrentar el peligro
mortal de que Netscape y otros recién llegados le saltaran por
encima. Gates entró en acción de inmediato y, en unos
meses, convirtió a Microsoft en una empresa de Internet tan
poderosa que hoy el Departamento de Justicia de Estados Unidos quiere
desintegrarla.
Dice Brenner: “Gates estuvo a punto de perder y tuvo que actuar
rápidamente para alcanzar a los demás. Esto es lo yo
llamo temor a verse superado por los otros, a quedar rezagado: temor
a la competencia, a la quiebra, al error, a la pérdida”.
En la actualidad, Larry Ellison lucha denodadamente por salvar a
su empresa, Oracle, del juego del rango al que han decidido lanzarse
Microsoft, SAP y otras compañías.
¿Suena familiar este énfasis en el temor como fuerza
motivadora? En su libro de 1996, Only the Paranoid Survive
(Sólo los paranoicos sobreviven), Andy Grove, entonces CEO de
la audaz Intel, denominó “puntos de inflexión” a estos
períodos de crisis y temor a ser devorados por los otros.
Pasados estos momentos críticos, una empresa crece hasta
alcanzar alturas insospechadas (tal como ocurrió con Intel
después del desastroso lanzamiento de su defectuoso chip
Pentium 1995) o se estanca y con el tiempo cae (como le
ocurrió a Digital Equipment cuando no supo enfrentar el
desafío de la PC).
“No conozco a Grove, pero el rango y su idea de que sólo
los paranoicos sobreviven están íntimamente
relacionadas”, dice Brenner, cuya famosa teoría
apareció por primera vez en su libro de 1983, History: The
Human Gamble (University of Chicago Press). Halagado porque el libro
de Grove no hace otra cosa que confirmar su teoría, a
través de una opinión independiente, Brenner bromea:
“Quizá se deba a que todos los húngaros judíos
pensamos de la misma forma”.
Una ruta complicada
Brenner, con sus joviales 50 años, es titular de la
cátedra de negocios de la Universidad McGill, de Montreal, un
destino al que llegó después de una ruta tortuosa.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, su madre húngara
-sobreviviente de Auschwitz- se radicó en Szatmar, Rumania (ex
territorio húngaro), donde conoció al padre de Brenner,
un judío de Viena que también había sobrevivido
a los campos de concentración. En 1947, año en el que
nació Brenner, los comunistas tomaron el control de Rumania.
Durante los años siguientes, la familia Brenner
intentó emigrar a Israel. “Hasta que tuve 14 años
viví siempre con las valijas hechas, esperando partir al
día siguiente”, recuerda Brenner, quien habla con fluidez
cinco idiomas. Finalmente lo lograron en 1962, época en la que
el gobierno rumano necesitaba dinero y vendía visas de salida
a los judíos a cambio de dinero.
Después de obtener títulos en matemática y
economía en la Universidad Hebrea, Brenner ganó una
beca Fullbright para estudiar en la Universidad de Chicago. En 1980,
comenzó a enseñar en la Université de
Montréal y en 1989 Robert Mundell lo recomendó para la
nueva cátedra de la Universidad McGill. Su esposa, Gabriela,
también hija de sobrevivientes del Holocausto y economista
formada en la Universidad de Chicago, suele ser coautora de los
libros que publica su esposo.
Aunque disfruta de su condición de rebelde dentro de la
profesión, Brenner no es un hombre influyente entre los
economistas académicos. Su verdadero predicamento está
entre los hombres y mujeres de carne y hueso que circulan por Wall
Street y por los demás centros financieros del mundo.
“Yo diría que es un economista con espíritu
emprendedor”, dice John Hennessy, del Credit Suisse First Boston.
“Vive en el mundo real y comprende cómo funcionan
verdaderamente los mercados -y, como economista, es excelente”.
Otro modelo
La economía neoclásica es la ciencia de la
política de precios y la asignación de los recursos
escasos. Pero, ¿cómo se fijan los precios de productos
que el mercado nunca ha visto antes -como las PC, los
teléfonos celulares o las unidades de DVD? En lugar de la
economía estándar que sigue la curva de la oferta y la
demanda, Brenner ofrece un modelo que tiene como centro a los
empresarios y financistas con agallas y sangre en las venas.
En sus seis libros y sus numerosos artículos, Brenner
presenta las pruebas históricas que dan sustento a su
conclusión de que, al igual que sus propios padres, la
mayoría de los seres humanos son proclives a asumir un riesgo
cuando perciben que es más peligroso no asumirlo. (Por otro
lado, agrega, las personas -o las empresas, o las naciones- que
están en la cima se preocupan esencialmente por asegurar el
statu quo). Gran parte de esta evidencia se basa en la historia de
las apuestas, o de los parientes cercanos del juego: la
especulación financiera y los seguros. Su influyente trabajo
Gambling and Speculation (Cambridge University Press, 1991) le ha
dado la reputación de autoridad líder en el tema del
comportamiento de los seres humanos audaces, rubro que, en su
opinión, está conspicuamente ausente en los cursos de
economía y finanzas.
Tal como ocurre en el mundo de los negocios, la clave para
desarrollar la riqueza de una nación está en tratar de
comercializar nuevas ideas. Brenner se refiere al tema con estas
palabras: “Si no experimentamos en un terreno en el que otro
sí lo hace, terminaremos quedando a la zaga. Y esto se aplica
tanto a los individuos como a la sociedad. Es evidente que, en
primera instancia, la experimentación puede desviarse del
camino correcto y la sociedad puede enfrentar algún
traspié. Pero en el largo plazo, sólo las sociedades
con instituciones sólidas como para alentar la
experimentación y detener los experimentos erróneos
crean riqueza”.
Lo que distingue a la economía norteamericana de las
demás, dice Brenner, es el acceso que tienen sus empresarios
audaces a los mercados de capitales, de gran volumen y tamaño
y, además, fuertemente competitivos.
En este sentido, Brenner considera que los financistas innovadores
como Michael Milken son las fuerzas centrales que motorizan la actual
prosperidad de Estados Unidos. “Milken no inventó los bonos
basura: existían desde comienzos de siglo. Lo que hizo Milken
fue crear un mercado líquido para esos bonos.
Desarrolló una nueva herramienta para ayudar a las empresas
emprendedoras a prosperar. La gente sigue hablando hoy de los bonos
basura -pero si analizáramos quiénes obtuvieron
financiación con ellos seguramente comprobaríamos que
fueron las empresas clave de nuestra era. Emprendimientos como MCI,
Turner Broadcasting, Steve Wynn en Mirage y las demás empresas
de este juego de apuestas como McCaw Cellular y Medco, todas fueron
inicialmente financiadas por estos bonos basura. Pero
imagínense ustedes el esfuerzo que significó financiar
a MCI cuando AT&T tenía un monopolio de facto y era
considerada la mejor empresa telefónica del mundo”.
Forbes Global conversó con Reuven Brenner sobre muchos de
los temas actuales -desde la crisis del sudeste asiático hasta
el euro, pasando por la errónea política monetaria (por
lo menos eso es lo que opina Brenner) de Alan Greenspan.
En su opinión, las finanzas son un factor clave para la
generación de riqueza. ¿Por qué?
Porque las finanzas evitan la repetición continua de los
errores. Los mercados financieros competitivos no brindarán
indefinidamente capital a los hombres con espíritu emprendedor
que siempre pierden dinero.
Las finanzas sirven para demostrar también por qué
la economía neoclásica está equivocada.
Supongamos, en el mundo real, que usted desea fundar un nuevo
negocio. Para que yo esté dispuesto a financiarlo, usted
tendrá que demostrarme que es realmente único; de lo
contrario, no voy a apostar a usted. Porque sólo el
carácter único de su innovación me va a dar la
oportunidad de cubrir todas las pérdidas generadas por los
demás errores que, inevitablemente, voy a cometer.
La economía neoclásica sostiene que los
emprendedores ingresan a los mercados con productos
homogéneos. Pero nadie financiaría jamás un
producto homogéneo. Entonces, cuando usted analiza el mundo
desde la óptica de las finanzas, puede comprobar
rápidamente que la economía neoclásica
convencional no tiene sentido.
Los mercados financieros globales no parecen haber hecho un
buen trabajo para impedir los errores del sudeste
asiático.
Yo no diría que los mercados del sudeste asiático
son de gran volumen. También pienso que fueron los
súbitos cambios fiscales impuestos por el FMI en esos
países los que provocaron muchos de sus actuales problemas.
La única vez que los mercados de capitales tienen el poder
suficiente como para cambiar el comportamiento de las instituciones
políticas es cuando los gobiernos están al borde de la
quiebra, cuando ya no pueden aplicar mayores impuestos ni obtener
más crédito en los mercados financieros
internacionales.
Parece que estuviera hablando de Tailandia e Indonesia.
Así es. Están a punto de quebrar, por lo tanto
habrán de producirse allí enormes cambios
políticos. Pero llevará tiempo. Analice el caso de
América latina. Durante la década de los ´80 y
durante diez años, todos los países latinoamericanos
parecieron vivir en el limbo. La quiebra no generó un cambio
rápido de las instituciones políticas.
Estas cosas pueden llevar mucho tiempo, en parte porque
Estados Unidos insiste en rescatar a los gobiernos corruptos. La
ayuda conjunta con la que Estados Unidos y el FMI rescataron a
México en 1994 se debió, en buena medida, a que
temían el rumbo que podía tomar el país a
raíz de los cambios políticos si caía el
gobierno. Estados Unidos corría el riesgo de tener millones de
mexicanos cruzando la frontera. Por eso, y frente a este riesgo,
Estados Unidos prefiere comprar algún seguro, aun cuando sabe
que esos rescates pueden provocar alguna otra crisis en el futuro.
Para entonces, los actuales políticos ya no estarán en
el poder y mientras tanto recibe todos los elogios por “haber
resuelto la crisis”. El hecho que el mercado bursátil mexicano
-incluso antes de la crisis asiática- se mantuviera en 40% del
valor previo a la devaluación respecto del dólar de
Estados Unidos, es la señal más clara de que la
devaluación y el tan elogiado paquete de rescate de 1995, en
realidad, fueron un fracaso.
Volvamos al sudeste asiático. ¿Cree usted que es
hora de que los inversores vuelvan a invertir en acciones de esa
región?
No. Indonesia es hoy un claro ejemplo de que cuando los gobiernos
caen, el país puede tomar el rumbo correcto, o puede tomar un
rumbo que genere disturbios en las calles y la huida de los
emprendedores chinos. Y cuando ellos se van, usted pierde mucho.
Otro factor que hay que tener en cuenta es la diferencia entre los
países ricos en recursos -como los productores petroleros,
Venezuela, México y Rusia- y los que no lo son. Si el precio
de ese recurso es elevado, esto sirve para cubrir muchos errores. Los
gobiernos pueden seguir atrayendo capitales y gravando parte de la
renta. Entonces, un país rico en recursos puede seguir
cometiendo errores por mucho más tiempo que países como
Hong Kong o Singapur.
Rusia es una nación rica. Si no lo fuera, el comunismo no
podría haber sobrevivido 70 años. Esta es una de las
razones por las que creo que China nunca va a volver a este sistema.
Creo que hay más posibilidades de que Rusia vuelva a
algún tipo de régimen dictatorial que China, porque
Rusia tiene muchos más recursos. China es un país pobre
en recursos que tiene que alimentar a mil millones de personas, por
lo tanto debe comerciar. Y para poder comerciar, debe contar con
políticas liberales que alienten el comercio.
Parece preocupado por Rusia
Sí. A principios de la década de los ´90, cuando
había posibilidades de hacer muchas cosas en Rusia, dije en
repetidas ocasiones que el gobierno debía dejar que la gente
participara del sistema porque, de lo contrario, volverían a
pedirle ayuda al gobierno. Pero, ¿qué sucedió? No
les dieron tierras ni departamentos, no crearon mercados financieros
y la hiperinflación se llevó los ahorros de la gente.
Es lógico entonces que la población no esté
satisfecha y que vuelva a pedirle al gobierno que se ocupe de ella.
Este es el mayor peligro, porque tiene consecuencias a largo
plazo. Creo que poca gente se da cuenta de ese peligro.
Lo que da estabilidad a un sistema es que la gente sea parte
interesada en él. ¿Cuál fue la primera gran
promesa de Margaret Thatcher? Convertir a los británicos en
propietarios de su vivienda y hoy Gran Bretaña tiene el
índice más alto en este rubro. Esa fue su promesa
explícita para darle a la gente una participación en el
sistema. Les da una especie de benchmark para evaluar las
políticas del gobierno.
Estados Unidos ha avanzado todavía un paso más. Hoy,
lo primero que aparece en las noticias es lo que sucede con el
índice Dow Jones. Si usted se remonta a quince o veinte
años atrás, Wall Street no era la principal noticia
porque en ese momento la vivienda era el principal ahorro para los
norteamericanos. En cambio hoy son sus tenencias en acciones. Creo
que es un avance muy positivo porque ahora los norteamericanos juzgan
las políticas del gobierno en función de lo que sucede
en el mercado bursátil. Si el gobierno de Clinton lanza un
plan nacional de salud y las acciones de los laboratorios
farmacéuticos bajan US$ 50.000 millones, la gente comienza a
pensar que quizás el seguro nacional de salud no sea tan buena
idea.
Forbes Global analizó recientemente la envergadura de
los volúmenes accionarios en manos del público de
distintos países con respecto a su PBI. En Estados Unidos, el
valor de las acciones en manos de inversores privados equivale a 140%
del PBI, en Francia a 40% y lo mismo puede decirse de Italia y
Alemania. Sobre la base de estas cifras, ¿correspondería
decir que los mercados de capitales europeos son bastante
primitivos?
Sí, muy primitivos. Europa financia muchas cosas a
través de los bancos comerciales. Hace dos años, el
capital de riesgo invertido en Israel superó a todo el capital
de riesgo invertido en Europa Occidental.
¿Se podría haber evitado la crisis
asiática?
Si todos los países asiáticos hubieran optado por no
devaluar, y hubiesen instaurado una caja de conversión como
hicieron Hong Kong y la Argentina, gran parte del daño
podría haberse evitado. Repito, una gran parte, pero no todo,
porque, con la caja de conversión, si Alan Greenspan comete un
error, entonces usted lo importa. Y creo que Greenspan cometió
un error y, en mi opinión, sigue cometiéndolo.
Lo que usted está diciendo es que el aumento de las
tasas de interés de Estados Unidos durante el año
pasado impulsó al dólar y obligó a los
asiáticos a romper la atadura entre sus monedas y el
dólar para poder seguir compitiendo. ¿Qué cree que
debería hacer Greenspan ahora?
Creo que debería reducir las tasas y sumar liquidez en
dólares. Llego a esta conclusión a partir de una serie
de señales, no porque sepa exactamente en qué valor
deben estar las tasas de interés.
¿Pero no hay ya demasiada liquidez en la economía
norteamericana, tal como Greenspan obviamente teme?
Yo no creo que haya un exceso de liquidez en Estados Unidos.
Veamos, si no, el deprimido precio de los commodities, inclusive el
oro. Greenspan debería generar mayor liquidez en
dólares. Esa es la señal que yo percibo desde todo el
mundo. Hay una gran demanda de liquidez en dólares.
Si la Reserva Federal no baja las tasas, ¿prevé
usted una recesión global?
Si China devalúa, habrá recesión. Porque
fuera de China y Estados Unidos, nadie está haciendo mucho por
crear dinamismo empresarial interno. Rusia no está haciendo
nada, los países latinoamericanos no parecen estar haciendo
nada y la India tampoco. Por lo tanto, está claro que
solamente dos países están avanzando en el rumbo
correcto: China y Estados Unidos.
Ya que hablamos de divisas, ¿qué perspectivas le ve
al euro?
Creo que el euro va a ser un desastre, porque nadie sabe
cómo va a funcionar. Tampoco sabemos cómo va a
funcionar el banco central europeo. Por ejemplo, si un país
europeo emite títulos de deuda y los mercados de capitales
piensan que es insolvente, ¿habrá alguna especie de
gobierno federal europeo que respalde esa deuda? Hasta lo que yo
sé, no. No se han creado las instituciones para eso. No hay
gobierno detrás del euro, ni patrón monetario, ni oro
que lo respalde.
Cuando se hace algo por primera vez, las reglas deben ser muy
claras, y no lo son.
Ahora bien, el euro podría ser un éxito si
anunciaran que las divisas van a estar vinculadas al oro, porque el
banco central simplemente sigue al patrón oro y ahí
queda todo. No hace falta saber si Europa se convertirá en un
estado federal, basta con saber que tiene un firme compromiso con la
estabilidad cambiaria, por encima de la política.
La gente a veces se olvida, pero Europa tuvo una sola moneda
durante cientos de años: el oro. Pero ésa era una
divisa despolitizada. En cambio, el euro no va a ser una divisa
despolitizada sino política. Y no sabemos cuál
será la política que la rodee.
¿Cree usted que un retorno al patrón oro es una
posibilidad realista?
Este sería un drástico cambio político, y los
cambios de este tipo se producen sólo después de una
crisis. Sería un drástico cambio político porque
este patrón monetario saca instantáneamente a la luz
los errores fiscales. Pienso que quizá después de la
crisis asiática y la debacle mexicana de 1994, ésta
puede ser la última oportunidad para realizar ese cambio y
avanzar hacia el patrón oro. Recientemente, el Secretario del
Tesoro norteamericano Bob Rubin decía que la estabilidad
cambiaria es el factor más importante y que Estados Unidos
debía exportar esta idea. Bueno, ése es un cambio.
Hasta hace muy poco, nunca lo había escuchado a Rubin decir
eso sobre la estabilidad de las divisas. Y quizás éste
sea un comienzo.
Otra señal positiva en este sentido es este gran debate entre el columnista
de Forbes Steve Hanke y el FMI sobre las políticas de devaluación
de divisas del FMI. Hace algunos años, ese debate hubiera sido imposible.
