sábado, 11 de abril de 2026

    El juego del rango

    El 1º de agosto de 1981, Michael Bloomberg fue despedido de Salomon Brothers. Tenía 39 años y había hecho

    toda su carrera dentro de la empresa. Le compraron su

    participación en la sociedad por US$ 10 millones, pero en la

    vida no todo es dinero. Su esposa ahora tendría que decirle a

    sus amigas que su marido había sido alguna vez un importante

    operador de Wall Street. “Estaba preocupado de que Sue sintiera

    vergüenza por mi nuevo status, mucho menos visible”, confiesa

    Bloomberg en su autobiografía, “y también temía

    no poder mantener a mi familia”.

    ¿Cómo hizo Bloomberg para superar esta vuelta del

    destino? Primero le compró a su esposa un tapado de piel y

    luego montó su propio negocio. Hoy, Bloomberg Financial

    Markets brinda información financiera on line a casi 100.000

    terminales en todo el mundo. Tiene programas de radio y

    televisión, publica una revista y se ha convertido en una

    celebridad que vale por lo menos US$ 1.300 millones y quizá

    más. Su trabajo ha promovido la eficiencia en muchos mercados

    de capitales y conseguió quedarse con muchos de los clientes

    de Dow Jones y Reuters, sus rivales más poderosos. “Tuve la

    ventaja”, comenta, “de haber competido contra verdaderos gigantes de

    esta industria”.

     

    ¿Qué se puede perder?

    ¿Cómo explicar las motivaciones de personas audaces y

    emprendedoras como Mike Bloomberg y el comportamiento de los gigantes

    a los que destruyen? Reuven Brenner, profesor de economía de

    la Universidad McGill de Montreal, ha dedicado su carrera a encontrar

    una respuesta a esa pregunta. Y esa respuesta se resume con el nombre

    de un juego: el rango.

    Brenner se refiere así a las personas que deciden correr un

    riesgo cuando perciben que no es mucho lo que pierden si fracasan o,

    en el lenguaje de Wall Street, cuando los posibles beneficios superan

    ampliamente a los perjuicios.

    Habitualmente es una crisis desagradable lo que funciona como

    catalizador: un despido, o un competidor que lanza un producto

    superior. Frente a esas circunstancias adversas, la gente percibe que

    alguien le saltó por encima, como en el juego del rango.

    ¿Qué dirán ahora los analistas? ¿Qué

    le dirá su mujer a sus amigas?

    El mundo parece sombrío y la única manera de salir

    adelante es arriesgar, probar algo nuevo. Y la riqueza del mundo se

    alimenta de estos esfuerzos de emprendimiento.

    Las estériles suposiciones de la microeconomía

    convencional atribuyen a este espíritu emprendedor el objetivo

    de “maximizar las ganancias”. Esto es ridículo, dice Brenner,

    y la mayoría de los empresarios coinciden con él.

    Después de todo, quien emprende algo nuevo está creando

    un negocio. Entonces, ¿dónde están las ganancias

    que busca maximizar?

    La economía ortodoxa no sólo no puede explicar por

    qué la gente arriesga su tiempo y su dinero para llevar

    adelante una nueva idea, sino que resulta igualmente inútil

    cuando intenta dar respuesta a la pregunta más interesante:

    ¿por qué algunas naciones avanzan mientras otras se

    estancan? De ahí la razón por la que la economía

    del desarrollo se ha convertido en una especie de disciplina

    paralela, divorciada de la matemática elegante de la moderna

    teoría neoclásica.

    En cambio, en la obra de Brenner, la teoría de la conducta

    humana y el desarrollo económico conforman un todo integral.

    “Sin experimentación”, dice Brenner, “no hay generación

    de riqueza”.

    Es imposible analizar durante demasiado tiempo el mundo de los

    negocios (o de la política, o de la historia militar o de la

    mayoría de las facetas de la vida humana) sin chocar con

    ejemplos, al mejor estilo Brenner, del espíritu creativo que

    emerge de una situación de crisis.

     

    Reaccionar a tiempo

    Hace algunos años, Bill Gates desestimó la amenaza

    de la Internet hasta que se despertó y comprobó que era

    el futuro. De pronto, Microsoft debió enfrentar el peligro

    mortal de que Netscape y otros recién llegados le saltaran por

    encima. Gates entró en acción de inmediato y, en unos

    meses, convirtió a Microsoft en una empresa de Internet tan

    poderosa que hoy el Departamento de Justicia de Estados Unidos quiere

    desintegrarla.

    Dice Brenner: “Gates estuvo a punto de perder y tuvo que actuar

    rápidamente para alcanzar a los demás. Esto es lo yo

    llamo temor a verse superado por los otros, a quedar rezagado: temor

    a la competencia, a la quiebra, al error, a la pérdida”.

    En la actualidad, Larry Ellison lucha denodadamente por salvar a

    su empresa, Oracle, del juego del rango al que han decidido lanzarse

    Microsoft, SAP y otras compañías.

    ¿Suena familiar este énfasis en el temor como fuerza

    motivadora? En su libro de 1996, Only the Paranoid Survive

    (Sólo los paranoicos sobreviven), Andy Grove, entonces CEO de

    la audaz Intel, denominó “puntos de inflexión” a estos

    períodos de crisis y temor a ser devorados por los otros.

    Pasados estos momentos críticos, una empresa crece hasta

    alcanzar alturas insospechadas (tal como ocurrió con Intel

    después del desastroso lanzamiento de su defectuoso chip

    Pentium 1995) o se estanca y con el tiempo cae (como le

    ocurrió a Digital Equipment cuando no supo enfrentar el

    desafío de la PC).

    “No conozco a Grove, pero el rango y su idea de que sólo

    los paranoicos sobreviven están íntimamente

    relacionadas”, dice Brenner, cuya famosa teoría

    apareció por primera vez en su libro de 1983, History: The

    Human Gamble (University of Chicago Press). Halagado porque el libro

    de Grove no hace otra cosa que confirmar su teoría, a

    través de una opinión independiente, Brenner bromea:

    “Quizá se deba a que todos los húngaros judíos

    pensamos de la misma forma”.

     

    Una ruta complicada

    Brenner, con sus joviales 50 años, es titular de la

    cátedra de negocios de la Universidad McGill, de Montreal, un

    destino al que llegó después de una ruta tortuosa.

    Terminada la Segunda Guerra Mundial, su madre húngara

    -sobreviviente de Auschwitz- se radicó en Szatmar, Rumania (ex

    territorio húngaro), donde conoció al padre de Brenner,

    un judío de Viena que también había sobrevivido

    a los campos de concentración. En 1947, año en el que

    nació Brenner, los comunistas tomaron el control de Rumania.

    Durante los años siguientes, la familia Brenner

    intentó emigrar a Israel. “Hasta que tuve 14 años

    viví siempre con las valijas hechas, esperando partir al

    día siguiente”, recuerda Brenner, quien habla con fluidez

    cinco idiomas. Finalmente lo lograron en 1962, época en la que

    el gobierno rumano necesitaba dinero y vendía visas de salida

    a los judíos a cambio de dinero.

    Después de obtener títulos en matemática y

    economía en la Universidad Hebrea, Brenner ganó una

    beca Fullbright para estudiar en la Universidad de Chicago. En 1980,

    comenzó a enseñar en la Université de

    Montréal y en 1989 Robert Mundell lo recomendó para la

    nueva cátedra de la Universidad McGill. Su esposa, Gabriela,

    también hija de sobrevivientes del Holocausto y economista

    formada en la Universidad de Chicago, suele ser coautora de los

    libros que publica su esposo.

    Aunque disfruta de su condición de rebelde dentro de la

    profesión, Brenner no es un hombre influyente entre los

    economistas académicos. Su verdadero predicamento está

    entre los hombres y mujeres de carne y hueso que circulan por Wall

    Street y por los demás centros financieros del mundo.

    “Yo diría que es un economista con espíritu

    emprendedor”, dice John Hennessy, del Credit Suisse First Boston.

    “Vive en el mundo real y comprende cómo funcionan

    verdaderamente los mercados -y, como economista, es excelente”.

     

    Otro modelo

    La economía neoclásica es la ciencia de la

    política de precios y la asignación de los recursos

    escasos. Pero, ¿cómo se fijan los precios de productos

    que el mercado nunca ha visto antes -como las PC, los

    teléfonos celulares o las unidades de DVD? En lugar de la

    economía estándar que sigue la curva de la oferta y la

    demanda, Brenner ofrece un modelo que tiene como centro a los

    empresarios y financistas con agallas y sangre en las venas.

    En sus seis libros y sus numerosos artículos, Brenner

    presenta las pruebas históricas que dan sustento a su

    conclusión de que, al igual que sus propios padres, la

    mayoría de los seres humanos son proclives a asumir un riesgo

    cuando perciben que es más peligroso no asumirlo. (Por otro

    lado, agrega, las personas -o las empresas, o las naciones- que

    están en la cima se preocupan esencialmente por asegurar el

    statu quo). Gran parte de esta evidencia se basa en la historia de

    las apuestas, o de los parientes cercanos del juego: la

    especulación financiera y los seguros. Su influyente trabajo

    Gambling and Speculation (Cambridge University Press, 1991) le ha

    dado la reputación de autoridad líder en el tema del

    comportamiento de los seres humanos audaces, rubro que, en su

    opinión, está conspicuamente ausente en los cursos de

    economía y finanzas.

    Tal como ocurre en el mundo de los negocios, la clave para

    desarrollar la riqueza de una nación está en tratar de

    comercializar nuevas ideas. Brenner se refiere al tema con estas

    palabras: “Si no experimentamos en un terreno en el que otro

    sí lo hace, terminaremos quedando a la zaga. Y esto se aplica

    tanto a los individuos como a la sociedad. Es evidente que, en

    primera instancia, la experimentación puede desviarse del

    camino correcto y la sociedad puede enfrentar algún

    traspié. Pero en el largo plazo, sólo las sociedades

    con instituciones sólidas como para alentar la

    experimentación y detener los experimentos erróneos

    crean riqueza”.

    Lo que distingue a la economía norteamericana de las

    demás, dice Brenner, es el acceso que tienen sus empresarios

    audaces a los mercados de capitales, de gran volumen y tamaño

    y, además, fuertemente competitivos.

    En este sentido, Brenner considera que los financistas innovadores

    como Michael Milken son las fuerzas centrales que motorizan la actual

    prosperidad de Estados Unidos. “Milken no inventó los bonos

    basura: existían desde comienzos de siglo. Lo que hizo Milken

    fue crear un mercado líquido para esos bonos.

    Desarrolló una nueva herramienta para ayudar a las empresas

    emprendedoras a prosperar. La gente sigue hablando hoy de los bonos

    basura -pero si analizáramos quiénes obtuvieron

    financiación con ellos seguramente comprobaríamos que

    fueron las empresas clave de nuestra era. Emprendimientos como MCI,

    Turner Broadcasting, Steve Wynn en Mirage y las demás empresas

    de este juego de apuestas como McCaw Cellular y Medco, todas fueron

    inicialmente financiadas por estos bonos basura. Pero

    imagínense ustedes el esfuerzo que significó financiar

    a MCI cuando AT&T tenía un monopolio de facto y era

    considerada la mejor empresa telefónica del mundo”.

     

    Forbes Global conversó con Reuven Brenner sobre muchos de

    los temas actuales -desde la crisis del sudeste asiático hasta

    el euro, pasando por la errónea política monetaria (por

    lo menos eso es lo que opina Brenner) de Alan Greenspan.

    En su opinión, las finanzas son un factor clave para la

    generación de riqueza. ¿Por qué?

    Porque las finanzas evitan la repetición continua de los

    errores. Los mercados financieros competitivos no brindarán

    indefinidamente capital a los hombres con espíritu emprendedor

    que siempre pierden dinero.

    Las finanzas sirven para demostrar también por qué

    la economía neoclásica está equivocada.

    Supongamos, en el mundo real, que usted desea fundar un nuevo

    negocio. Para que yo esté dispuesto a financiarlo, usted

    tendrá que demostrarme que es realmente único; de lo

    contrario, no voy a apostar a usted. Porque sólo el

    carácter único de su innovación me va a dar la

    oportunidad de cubrir todas las pérdidas generadas por los

    demás errores que, inevitablemente, voy a cometer.

    La economía neoclásica sostiene que los

    emprendedores ingresan a los mercados con productos

    homogéneos. Pero nadie financiaría jamás un

    producto homogéneo. Entonces, cuando usted analiza el mundo

    desde la óptica de las finanzas, puede comprobar

    rápidamente que la economía neoclásica

    convencional no tiene sentido.

    Los mercados financieros globales no parecen haber hecho un

    buen trabajo para impedir los errores del sudeste

    asiático.

    Yo no diría que los mercados del sudeste asiático

    son de gran volumen. También pienso que fueron los

    súbitos cambios fiscales impuestos por el FMI en esos

    países los que provocaron muchos de sus actuales problemas.

    La única vez que los mercados de capitales tienen el poder

    suficiente como para cambiar el comportamiento de las instituciones

    políticas es cuando los gobiernos están al borde de la

    quiebra, cuando ya no pueden aplicar mayores impuestos ni obtener

    más crédito en los mercados financieros

    internacionales.

    Parece que estuviera hablando de Tailandia e Indonesia.

    Así es. Están a punto de quebrar, por lo tanto

    habrán de producirse allí enormes cambios

    políticos. Pero llevará tiempo. Analice el caso de

    América latina. Durante la década de los ´80 y

    durante diez años, todos los países latinoamericanos

    parecieron vivir en el limbo. La quiebra no generó un cambio

    rápido de las instituciones políticas.

    Estas cosas pueden llevar mucho tiempo, en pa­rte porque

    Estados Unidos insiste en rescatar a los gobiernos corruptos. La

    ayuda conjunta con la que Estados Unidos y el FMI rescataron a

    México en 1994 se debió, en buena medida, a que

    temían el rumbo que podía tomar el país a

    raíz de los cambios políticos si caía el

    gobierno. Estados Unidos corría el riesgo de tener millones de

    mexicanos cruzando la frontera. Por eso, y frente a este riesgo,

    Estados Unidos prefiere comprar algún seguro, aun cuando sabe

    que esos rescates pueden provocar alguna otra crisis en el futuro.

    Para entonces, los actuales políticos ya no estarán en

    el poder y mientras tanto recibe todos los elogios por “haber

    resuelto la crisis”. El hecho que el mercado bursátil mexicano

    -incluso antes de la crisis asiática- se mantuviera en 40% del

    valor previo a la devaluación respecto del dólar de

    Estados Unidos, es la señal más clara de que la

    devaluación y el tan elogiado paquete de rescate de 1995, en

    realidad, fueron un fracaso.

    Volvamos al sudeste asiático. ¿Cree usted que es

    hora de que los inversores vuelvan a invertir en acciones de esa

    región?

    No. Indonesia es hoy un claro ejemplo de que cuando los gobiernos

    caen, el país puede tomar el rumbo correcto, o puede tomar un

    rumbo que genere disturbios en las calles y la huida de los

    emprendedores chinos. Y cuando ellos se van, usted pierde mucho.

    Otro factor que hay que tener en cuenta es la diferencia entre los

    países ricos en recursos -como los productores petroleros,

    Venezuela, México y Rusia- y los que no lo son. Si el precio

    de ese recurso es elevado, esto sirve para cubrir muchos errores. Los

    gobiernos pueden seguir atrayendo capitales y gravando parte de la

    renta. Entonces, un país rico en recursos puede seguir

    cometiendo errores por mucho más tiempo que países como

    Hong Kong o Singapur.

    Rusia es una nación rica. Si no lo fuera, el comunismo no

    podría haber sobrevivido 70 años. Esta es una de las

    razones por las que creo que China nunca va a volver a este sistema.

    Creo que hay más posibilidades de que Rusia vuelva a

    algún tipo de régimen dictatorial que China, porque

    Rusia tiene muchos más recursos. China es un país pobre

    en recursos que tiene que alimentar a mil millones de personas, por

    lo tanto debe comerciar. Y para poder comerciar, debe contar con

    políticas liberales que alienten el comercio.

    Parece preocupado por Rusia

    Sí. A principios de la década de los ´90, cuando

    había posibilidades de hacer muchas cosas en Rusia, dije en

    repetidas ocasiones que el gobierno debía dejar que la gente

    participara del sistema porque, de lo contrario, volverían a

    pedirle ayuda al gobierno. Pero, ¿qué sucedió? No

    les dieron tierras ni departamentos, no crearon mercados financieros

    y la hiperinflación se llevó los ahorros de la gente.

    Es lógico entonces que la población no esté

    satisfecha y que vuelva a pedirle al gobierno que se ocupe de ella.

    Este es el mayor peligro, porque tiene consecuencias a largo

    plazo. Creo que poca gente se da cuenta de ese peligro.

    Lo que da estabilidad a un sistema es que la gente sea parte

    interesada en él. ¿Cuál fue la primera gran

    promesa de Margaret Thatcher? Convertir a los británicos en

    propietarios de su vivienda y hoy Gran Bretaña tiene el

    índice más alto en este rubro. Esa fue su promesa

    explícita para darle a la gente una participación en el

    sistema. Les da una especie de benchmark para evaluar las

    políticas del gobierno.

    Estados Unidos ha avanzado todavía un paso más. Hoy,

    lo primero que aparece en las noticias es lo que sucede con el

    índice Dow Jones. Si usted se remonta a quince o veinte

    años atrás, Wall Street no era la principal noticia

    porque en ese momento la vivienda era el principal ahorro para los

    norteamericanos. En cambio hoy son sus tenencias en acciones. Creo

    que es un avance muy positivo porque ahora los norteamericanos juzgan

    las políticas del gobierno en función de lo que sucede

    en el mercado bursátil. Si el gobierno de Clinton lanza un

    plan nacional de salud y las acciones de los laboratorios

    farmacéuticos bajan US$ 50.000 millones, la gente comienza a

    pensar que quizás el seguro nacional de salud no sea tan buena

    idea.

    Forbes Global analizó recientemente la envergadura de

    los volúmenes accionarios en manos del público de

    distintos países con respecto a su PBI. En Estados Unidos, el

    valor de las acciones en manos de inversores privados equivale a 140%

    del PBI, en Francia a 40% y lo mismo puede decirse de Italia y

    Alemania. Sobre la base de estas cifras, ¿correspondería

    decir que los mercados de capitales europeos son bastante

    primitivos?

    Sí, muy primitivos. Europa financia muchas cosas a

    través de los bancos comerciales. Hace dos años, el

    capital de riesgo invertido en Israel superó a todo el capital

    de riesgo invertido en Europa Occidental.

    ¿Se podría haber evitado la crisis

    asiática?

    Si todos los países asiáticos hubieran optado por no

    devaluar, y hubiesen instaurado una caja de conversión como

    hicieron Hong Kong y la Argentina, gran parte del daño

    podría haberse evitado. Repito, una gran parte, pero no todo,

    porque, con la caja de conversión, si Alan Greenspan comete un

    error, entonces usted lo importa. Y creo que Greenspan cometió

    un error y, en mi opinión, sigue cometiéndolo.

    Lo que usted está diciendo es que el aumento de las

    tasas de interés de Estados Unidos durante el año

    pasado impulsó al dólar y obligó a los

    asiáticos a romper la atadura entre sus monedas y el

    dólar para poder seguir compitiendo. ¿Qué cree que

    debería hacer Greenspan ahora?

    Creo que debería reducir las tasas y sumar liquidez en

    dólares. Llego a esta conclusión a partir de una serie

    de señales, no porque sepa exactamente en qué valor

    deben estar las tasas de interés.

    ¿Pero no hay ya demasiada liquidez en la economía

    norteamericana, tal como Greenspan obviamente teme?

    Yo no creo que haya un exceso de liquidez en Estados Unidos.

    Veamos, si no, el deprimido precio de los commodities, inclusive el

    oro. Greenspan debería generar mayor liquidez en

    dólares. Esa es la señal que yo percibo desde todo el

    mundo. Hay una gran demanda de liquidez en dólares.

    Si la Reserva Federal no baja las tasas, ¿prevé

    usted una recesión global?

    Si China devalúa, habrá recesión. Porque

    fuera de China y Estados Unidos, nadie está haciendo mucho por

    crear dinamismo empresarial interno. Rusia no está haciendo

    nada, los países latinoamericanos no parecen estar haciendo

    nada y la India tampoco. Por lo tanto, está claro que

    solamente dos países están avanzando en el rumbo

    correcto: China y Estados Unidos.

    Ya que hablamos de divisas, ¿qué perspectivas le ve

    al euro?

    Creo que el euro va a ser un desastre, porque nadie sabe

    cómo va a funcionar. Tampoco sabemos cómo va a

    funcionar el banco central europeo. Por ejemplo, si un país

    europeo emite títulos de deuda y los mercados de capitales

    piensan que es insolvente, ¿habrá alguna especie de

    gobierno federal europeo que respalde esa deuda? Hasta lo que yo

    sé, no. No se han creado las instituciones para eso. No hay

    gobierno detrás del euro, ni patrón monetario, ni oro

    que lo respalde.

    Cuando se hace algo por primera vez, las reglas deben ser muy

    claras, y no lo son.

    Ahora bien, el euro podría ser un éxito si

    anunciaran que las divisas van a estar vinculadas al oro, porque el

    banco central simplemente sigue al patrón oro y ahí

    queda todo. No hace falta saber si Europa se convertirá en un

    estado federal, basta con saber que tiene un firme compromiso con la

    estabilidad cambiaria, por encima de la política.

    La gente a veces se olvida, pero Europa tuvo una sola moneda

    durante cientos de años: el oro. Pero ésa era una

    divisa despolitizada. En cambio, el euro no va a ser una divisa

    despolitizada sino política. Y no sabemos cuál

    será la política que la rodee.

    ¿Cree usted que un retorno al patrón oro es una

    posibilidad realista?

    Este sería un drástico cambio político, y los

    cambios de este tipo se producen sólo después de una

    crisis. Sería un drástico cambio político porque

    este patrón monetario saca instantáneamente a la luz

    los errores fiscales. Pienso que quizá después de la

    crisis asiática y la debacle mexicana de 1994, ésta

    puede ser la última oportunidad para realizar ese cambio y

    avanzar hacia el patrón oro. Recientemente, el Secretario del

    Tesoro norteamericano Bob Rubin decía que la estabilidad

    cambiaria es el factor más importante y que Estados Unidos

    debía exportar esta idea. Bueno, ése es un cambio.

    Hasta hace muy poco, nunca lo había escuchado a Rubin decir

    eso sobre la estabilidad de las divisas. Y quizás éste

    sea un comienzo.

    Otra señal positiva en este sentido es este gran debate entre el columnista
    de Forbes Steve Hanke y el FMI sobre las políticas de devaluación
    de divisas del FMI. Hace algunos años, ese debate hubiera sido imposible.