La alimentación representa un aspecto central del presupuesto doméstico, por ello el blog de educación financiera de Naranja X, Hablemos de plata, presenta los resultados del estudio realizado por la consultora Focus Market que compara el costo mensual de una canasta básica alimentaria tradicional con tres esquemas alternativos: sin TACC, vegetariano y vegano. El informe indica que los gastos en comida se encarecen en el primer caso un 12%, mientras que en el segundo, un 14% y en el tercero, un 55%.
El valor mensual de una canasta omnívora tradicional asciende a $206.137,28 por persona, en base a los requerimientos energéticos promedio de un adulto, definidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En tanto, el gasto por mes para un individuo con celiaquía, intolerancia al gluten, o que evita comer trigo, avena, cebada y centeno, asciende a $231.479,27 (+12%).
Quienes adoptan una dieta sin carnes pero con derivados animales, como huevos o lácteos, deben destinar aproximadamente $234.129,09 (+14%). En cambio, para una alimentación totalmente basada en productos de origen vegetal, la inversión por mes equivale a $320.095,85 (+55%).
En los dos primeros casos, la diferencia se concentra en categorías puntuales. En la canasta sin TACC, el mayor impacto se observa en cereales sin gluten (+42% frente a los tradicionales) y especialmente en snacks certificados, donde la brecha alcanza el 230%. En la opción vegetariana, los principales desvíos se registran en cereales sin grasa animal (+30%) y en proteínas sin carne (+21%).
En la dieta vegana inciden aumentos en cereales sin derivados animales (+75%), proteínas vegetales (+55%), lácteos de origen vegetal (+68%) y snacks específicos (+230%). Además, el relevamiento contempla la suplementación de vitamina B12, un requerimiento nutricional adicional cuyo costo estimado ronda los $17.250 mensuales, dado que este nutriente no se encuentra de forma biodisponible en alimentos de origen exclusivamente vegetal.
“Las canastas con requerimientos específicos —como la sin TACC, vegetariana y vegana— presentan, en promedio, un precio superior respecto de la canasta básica alimentaria tradicional. Esta brecha responde principalmente a la menor escala de producción, mayores costos de industrialización y certificación, y a una oferta todavía limitada en algunos segmentos. El resultado es un sobrecosto que impacta directamente en el poder adquisitivo de los hogares que deben o eligen adoptar estos esquemas alimentarios, planteando un desafío en términos de accesibilidad y equidad”, señala Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market.
La presencia de determinados alimentos en las góndolas es otro factor a considerar. Al respecto, Di Pace explica: “En muchos casos, estos productos no se encuentran en supermercados de cercanía y deben adquirirse en tiendas especializadas con escasos puntos de venta. Esto implica mayores traslados, menor competencia y, por lo tanto, precios más altos. En términos económicos, estamos frente a una doble barrera que supone tanto un sobrecosto monetario como un sobrecosto en términos de tiempo, lo que termina afectando especialmente a los hogares de ingresos medios y bajos que requieren o eligen este tipo de alimentación”.
Los resultados muestran que, aún cuando las elecciones alimentarias responden a motivos médicos, convicciones personales o cambios culturales, su impacto en el bolsillo no es uniforme. En ese sentido, herramientas digitales que permiten separar el presupuesto mensual en categorías, aprovechar reintegros y monitorear consumos, son clave para ordenar las finanzas domésticas, prevenir gastos extras y sostener un estilo de vida saludable.
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