lunes, 23 de febrero de 2026

Polymarket y el auge de las casas de predicciones: cuando la apuesta se disfraza de mercado

La expansión de plataformas como Polymarket, Kalshi y PredictIt reabrió en Estados Unidos una discusión de fondo: si estos contratos sobre eventos son instrumentos financieros comparables a un derivado o una forma de juego que exige reglas más estrictas. La política, el retail y la tecnología empujan el crecimiento; los reguladores discuten el encuadre. 

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El negocio de “comprar probabilidad” dejó de ser un experimento marginal y se convirtió en un mercado con volumen, inversores y litigios. Polymarket —plataforma basada en criptoactivos— y Kalshi —operador que funciona bajo paraguas regulatorio de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de Estados Unidos (CFTC)— son los dos nombres más visibles de una industria que avanza por un carril estrecho: la frontera entre derivados y apuestas. 

En los hechos, el producto es simple: contratos binarios, de pago “todo o nada”, vinculados a resultados futuros (elecciones, decisiones de la Reserva Federal, indicadores, premios, deportes). La promesa comercial también lo es: sintetizar información dispersa en un precio que se actualiza en tiempo real. La controversia aparece cuando ese precio, además de “informar”, habilita incentivos a influir el evento o a operar con información privilegiada. 

De la curiosidad digital al capital institucional

Polymarket nació en 2020 y se apoya en una infraestructura cripto (pagos en stablecoins) que facilita la participación transfronteriza y dificulta la trazabilidad tradicional de un sistema bancario. Esa arquitectura aceleró su adopción, pero también concentró preguntas regulatorias: qué autoridad controla, dónde se considera que opera y cómo se aplican reglas antilavado y de protección al usuario. 

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El salto de escala se observa en el financiamiento. En mayo de 2024, Polymarket informó una captación de US$ 70 millones en dos rondas, con inversores del ecosistema tecnológico y cripto.  En octubre de 2025, Intercontinental Exchange (ICE) anunció una inversión estratégica de hasta US$ 2.000 millones, que reflejaba una valuación cercana a US$ 8.000 millones antes de la inversión. 

Ese pasaje —de una plataforma de nicho a una operación con capital de un actor de infraestructura de mercados— reconfigura la discusión: el sector ya no se defiende sólo con argumentos de innovación, sino con una tesis de industria financiera. A la vez, el crecimiento vuelve más costosos los errores: en un mercado líquido, la manipulación deja de ser una hipótesis teórica y se convierte en riesgo operativo.

Kalshi, tribunales y el mapa regulatorio

Kalshi se ubica en el otro extremo del espectro: busca legitimidad a través del encuadre de la CFTC. En octubre de 2024, un tribunal federal de apelaciones habilitó a la compañía a listar contratos sobre resultados electorales, al considerar que la CFTC no había probado de manera suficiente el daño al “interés público” que invocaba para bloquearlos.  En mayo de 2025, la CFTC se movió para desistir de su apelación en ese caso, consolidando un cambio relevante en la práctica regulatoria. 

Sin embargo, el conflicto no se agota en el plano federal. Los estados, que regulan el juego, sostienen que muchos contratos se parecen a una apuesta deportiva tradicional y deben someterse a licencias y controles locales. En febrero de 2026, Nevada presentó una demanda para bloquear a Kalshi, con el argumento de que sus contratos sobre deportes constituyen juego ilegal bajo la ley estatal; la controversia expone el choque entre jurisdicción federal sobre derivados y potestad estatal sobre apuestas. 

En paralelo, la discusión se volvió política. La administración Trump, a través de la conducción de la CFTC, tomó posición pública a favor de estas plataformas, mientras crecían las críticas por potenciales conflictos de interés vinculados a inversiones y roles de asesoramiento en el sector. 

Polymarket y el precedente de la CFTC

En Polymarket, el punto de apoyo regulatorio es distinto: el antecedente más citado es una orden de la CFTC de enero de 2022. Allí, el organismo dispuso una sanción civil de US$ 1,4 millones y ordenó cesar y desistir por ofrecer contratos binarios sin los registros requeridos, además de “desarmar” mercados que no cumplieran con la normativa aplicable. 

Ese episodio funcionó como recordatorio: aun cuando la tecnología reduzca fricciones, el producto se sigue pareciendo a un contrato financiero. La pregunta se desplaza entonces hacia el “cómo”: qué reglas se aplican, qué se prohíbe (por ejemplo, mercados sobre guerra o terrorismo) y qué salvaguardas de integridad se exigen cuando el evento puede ser influenciable. 

La entrada de Robinhood y la masificación del retail

La señal de madurez del sector no provino sólo de rondas de inversión o fallos judiciales, sino del ingreso de una plataforma masiva de intermediación. En marzo de 2025, Robinhood lanzó un “hub” de mercados de predicción dentro de su aplicación, con contratos iniciales ligados a decisiones de tasas de la Reserva Federal y eventos deportivos, apoyados en Kalshi como infraestructura regulada. 

La incorporación de distribución retail altera el equilibrio. Para los defensores, amplía el uso de los contratos como herramienta de cobertura (por ejemplo, empresas expuestas a clima o tasas). Para los críticos, acerca el producto a la lógica de juego: más usuarios, menor sofisticación promedio, mayor necesidad de límites, transparencia y mecanismos de prevención de adicción. La masificación, en otras palabras, obliga a que la discusión deje de ser doctrinaria y se vuelva de política pública.

Empresas similares y la fragmentación del mercado

El ecosistema no se limita a Polymarket y Kalshi. PredictIt opera bajo un esquema particular de “alivio” regulatorio (no-action relief) asociado a fines educativos y pequeña escala, y acumuló litigios sobre el alcance de esa excepción. En julio de 2025, la CFTC emitió una carta que enmienda condiciones vinculadas a ese marco. 

En el extremo no monetario crecen alternativas que priorizan reputación sobre dinero. Manifold funciona como “juego” de predicción con moneda ficticia, con incentivos sociales y baja fricción para crear mercados.  Metaculus, por su parte, se presenta como plataforma de pronóstico y agregación orientada a temas de interés público, con un diseño más cercano a la evaluación de desempeño predictivo que a la transacción financiera. 

La coexistencia de estos modelos muestra la fragmentación: no todo mercado de predicción es un casino, pero tampoco todo contrato binario es una herramienta de cobertura. El problema regulatorio es que las formas se parecen; lo que cambia es el uso dominante.

Lo que está en juego: integridad, incentivos y encuadre legal

La industria crece por una combinación de factores: tecnología que reduce barreras de entrada; apetito retail por productos de resultado simple; y una cultura de información en tiempo real que premia indicadores instantáneos. En ese contexto, el precio de un contrato compite con encuestas, analistas y titulares.

El límite aparece cuando la predicción se vuelve performativa: si el contrato gana volumen, también crea incentivos a forzar el resultado, a desinformar o a operar con ventajas informativas. La respuesta regulatoria todavía está en disputa y, según el caso, oscila entre prohibir por categoría, exigir licencias tipo mercado de derivados, o aplicar reglas de integridad similares a las de apuestas deportivas. 

El desenlace probable no es binario. Todo indica un escenario de convivencia tensa: plataformas que buscan legitimidad federal, estados que reclaman jurisdicción por la vía del juego, y empresas tecnológicas que empujan la demanda. En esa intersección, la pregunta central no es si la sociedad “debe” predecir; es quién captura el valor del pronóstico, bajo qué reglas y con qué costos de integridad institucional. 

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