En pocos días, un ensayo breve y escrito en tono de advertencia se convirtió en un fenómeno de conversación global. Su autor, Matt Shumer, plantea que la inteligencia artificial atraviesa una fase comparable a febrero de 2020: señales visibles para quienes miran de cerca, incredulidad generalizada y, detrás, una dinámica capaz de reordenar rutinas en cuestión de semanas.
El texto se titula “Something Big Is Happening” y fue publicado el 9 de febrero de 2026 en su sitio personal. Shumer lo presenta como una nota para “amigos y familia no técnicos” y lo difundió en X, donde se viralizó con decenas de millones de visualizaciones, según recuentos periodísticos.
Quién es Matt Shumer
Shumer es emprendedor del sector de IA aplicada y se define como CEO de OthersideAI, compañía detrás de HyperWrite, además de inversor ángel y gestor de Shumer Capital, con foco en infraestructura y herramientas para desarrolladores. Su perfil público combina narrativa de producto, inversión temprana y una audiencia relevante en redes.
Esa posición explica el encuadre del artículo: no es un paper técnico, sino un mensaje de “traducción” del estado del arte hacia un público más amplio. En entrevistas posteriores, Shumer reforzó que la intención era reducir la distancia entre lo que se comenta en círculos tecnológicos y lo que percibe el mercado laboral general.
La tesis central: un cambio rápido en trabajos “de pantalla”
El argumento principal es que la automatización ya no se limita a tareas repetitivas o a asistencia básica, sino que empieza a cubrir trabajo de “cuello blanco” que ocurre frente a una computadora: redacción, análisis, soporte, operaciones, investigación, programación y tareas jurídicas iniciales, entre otras. En esa lógica, el impacto más inmediato recaería sobre roles junior y posiciones de entrada, por su alto componente procedural.
Shumer apoya su tesis en experiencia personal: afirma que, con modelos recientes, una parte sustantiva de su carga técnica puede resolverse con sistemas que ejecutan tareas complejas de ingeniería con menor supervisión. En su narrativa, la novedad no reside solo en “hacer lo que se pide”, sino en una sensación de criterio operativo que reduce la necesidad de coordinación humana en ciertos tramos del trabajo.
Para ilustrar ese punto, menciona modelos avanzados lanzados recientemente por laboratorios líderes y su capacidad para completar cadenas de tareas. El énfasis no está puesto en el nombre de una herramienta, sino en la pendiente de mejora: ciclos de avance cortos, adopción rápida y difusión por fuera de comunidades técnicas.
El llamado a la acción: alfabetización en IA como ventaja competitiva
La segunda capa del texto propone una recomendación práctica: aprender a usar herramientas de IA como parte del oficio, porque quienes las adopten temprano amplificarán productividad y desplazarán a quienes no lo hagan. Esta idea, frecuente en el discurso del sector, aparece aquí con un tono más urgente y con analogía explícita a la sorpresa colectiva de la pandemia.
Shumer reconoce la objeción habitual sobre errores y “alucinaciones”, pero sostiene que ese límite convive con un aumento de capacidades que, en términos económicos, ya resulta suficiente para reemplazar o achicar funciones en múltiples áreas. En entrevistas, incluso señaló que usó herramientas de IA para ayudar a redactar parte del propio ensayo, como demostración del salto en desempeño.
Reacciones: apoyo, escepticismo y debate sobre exageración
La viralización disparó respuestas de inversores, emprendedores y académicos. Parte del ecosistema tecnológico acompañó el mensaje, sobre todo en su dimensión instrumental: adoptar herramientas para sostener empleabilidad y competitividad. También aparecieron críticas que cuestionan el sesgo alarmista y la extrapolación lineal desde casos individuales hacia toda la economía.
En medios europeos y análisis posteriores se subrayó el carácter prescriptivo del texto y la tensión típica del sector: advertir sobre desplazamiento laboral mientras se promueve la adopción acelerada. Ese punto alimentó una discusión más amplia sobre ritmo de transición, calidad del empleo, y capacidad de empresas y Estados para amortiguar el shock.
Qué deja el episodio para la agenda de negocios
Más allá del pronóstico específico, la carta expone un cambio relevante: la conversación sobre IA dejó de centrarse en “asistencia” y se desplazó hacia reorganización del trabajo profesional. En términos empresariales, esto impacta en diseño de procesos, inversión en capacitación, rediseño de estructuras junior y revisión de métricas de productividad.
El texto también muestra un rasgo de época: la construcción de narrativa pública sobre tecnología ocurre en redes, con velocidades de difusión que superan a los canales tradicionales, y con consecuencias reputacionales y políticas inmediatas. En ese terreno, el debate no será solo técnico, sino también laboral, regulatorio y distributivo.











