Los mercados agrícolas ingresaron en una fase de mayor volatilidad por la combinación de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, cambios en la política energética norteamericana y la sequía en la zona núcleo argentina. El diagnóstico fue presentado el 9 de febrero de 2026 en Rosario, Santa Fe, por Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
El primer factor es geopolítico: el expresidente estadounidense Donald Trump habría logrado el compromiso de China de comprar 8 millones de toneladas adicionales de soja de Estados Unidos, con un impulso inmediato en los precios de Chicago. La lectura para Sudamérica, sin embargo, se apoya en el efecto de sustitución de orígenes más que en una expansión de la demanda. “Esta noticia no crea demanda nueva, no desaparecen stocks: simplemente cambia el origen del negocio. Todo lo que exporte EE.UU. es soja que no va a exportar Brasil”, dijo Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
El especialista añadió que antecedentes similares suelen activar movimientos especulativos. En la negociación previa entre Estados Unidos y China, los fondos pasaron de posiciones vendidas a comprarse más de 20 millones de toneladas, con subas que luego se desinflaron tras toma de ganancias. “Chicago tuvo récord de volumen operado. Pero esto ya lo vimos: la suba puede ser intensa y después desinflarse”, dijo.
En ese marco, Brasil aparece como el país más expuesto. Con China obligada a sostener compras a Estados Unidos, el país vecino podría acumular volúmenes sin salida inmediata. Romano advirtió el riesgo de soja “trabada en puertos”, con presión bajista sobre las primas de exportación incluso si sube Chicago, y con una brecha regional: FOB más alto en Estados Unidos y más bajo en Brasil.
El segundo factor proviene de la política energética. En Estados Unidos se publicaron guías para distribuir el subsidio a los biocombustibles, de un dólar por galón, atado al índice de “intensidad de carbono” (Carbon Intensity, CI). La metodología favorece a la industria sojera estadounidense: aceites usados o grasas animales reciben mayor subsidio, pero solo si provienen de Estados Unidos, México o Canadá, lo que excluye importaciones desde China, Brasil o Asia. Además, no se incorporó el criterio de uso indirecto del suelo (ILU), que hubiera dejado a la soja fuera del esquema.
Para Argentina, el impacto se concentra en los subproductos. A diferencia de Brasil, el país exporta mayormente soja procesada como aceite y harina, por lo que una mayor demanda de aceite puede mejorar el desempeño relativo. El tercer factor, en paralelo, es climático: la sequía en la zona núcleo llegó durante la floración, con altas temperaturas y falta de agua, y ya se descuentan rindes. El anuncio deja como eje un escenario de decisiones comerciales de corto plazo con alta volatilidad.











