La Federal Communications Commission (FCC) aprobó el despliegue del sistema no geoestacionario de Logos Space Services, un proyecto de conectividad satelital en órbita baja (LEO) que busca competir en un segmento distinto del que domina Starlink: enlaces empresariales y aplicaciones gubernamentales con requerimientos de resiliencia ante interferencias. La iniciativa se apoya en bandas de alta frecuencia y en una arquitectura pensada para operar como red privada de transporte, más cerca de los estándares de telecomunicaciones corporativas que del acceso masivo a internet.
La autorización llega en un contexto regulatorio de aceleración de trámites para constelaciones de gran escala. En documentos y declaraciones públicas, el presidente de la FCC, Brendan Carr, describió la meta de reemplazar procesos “a medida” por una “línea de ensamblaje” de licencias, con plazos más previsibles y reducción de cuellos de botella.
De proyecto en sigilo a licencia para una constelación LEO
Logos Space se presentó públicamente a fines de 2024, tras operar en modo sigiloso, con una tesis clara: existe demanda insatisfecha de conectividad “tipo fibra” para compañías y agencias que priorizan seguridad, disponibilidad y control de red. Su conducción combina perfiles de redes y tecnología con experiencia directa en constelaciones: Milo Medin proviene del mundo de infraestructura digital, mientras que Rama Akella cuenta con antecedentes en iniciativas vinculadas a Starlink y a Project Kuiper (hoy Amazon Leo).
El plan original contemplaba 3.960 satélites distribuidos en siete “capas” orbitales entre 860 y 925 kilómetros, con una primera fase de 1.092 unidades para iniciar servicios y luego escalar capacidad. Ese diseño figura en la narrativa técnica presentada ante la FCC en octubre de 2024.
El esquema se ajustó durante el proceso regulatorio. Según Via Satellite, la FCC otorgó una licencia que habilita el despliegue de hasta 4.178 satélites y fue publicada el 4 de febrero de 2026, mientras que la compañía comunicó el hito el 5 de febrero.
El diferencial: bandas altas, haces estrechos y transporte “por debajo de IP”
El corazón de la propuesta es técnico y comercial. Logos plantea operar en Ka, Q y V, además de solicitar capacidades asociadas a bandas aún más altas (como E), buscando anchos de banda que permitan enlaces multigigabit. En el expediente, la empresa describe el uso de haces estrechos (“pencil beams”) y control distribuido para mejorar tolerancia a interferencias.
La compañía también enfatiza enlaces intersatelitales ópticos, que reducen dependencia de estaciones terrestres y permiten enrutar tráfico entre satélites antes de bajar a tierra, con impacto potencial en latencia y continuidad operativa. En términos de mercado, esta decisión apunta a segmentos donde la infraestructura terrestre es un riesgo (por vulnerabilidad física, restricciones geopolíticas o disponibilidad limitada) y donde la conectividad no se evalúa solo por “velocidad”, sino por continuidad y control.
En su argumentación pública, Medin describió el sistema como una red diseñada para operar con resiliencia frente a interferencias, con una arquitectura de transporte que se ubica “por debajo” del tráfico IP, un matiz relevante: en redes corporativas, el valor está en garantizar calidad de servicio, aislamiento lógico y mecanismos de ingeniería de tráfico.
Cómo compite con Starlink: foco, producto y clientes
Starlink construyó escala sobre un modelo de acceso masivo: terminales de usuario, suscripciones residenciales y movilidad, además de acuerdos con Estados y organismos. Logos intenta competir sin replicar ese frente. Su objetivo declarado es el de conectividad empresarial y gubernamental, incluyendo necesidades de MPLS y Ethernet (servicios típicos de redes privadas corporativas) y entornos que exigen continuidad ante ataques de interferencia o degradación deliberada.
En esa comparación, la variable clave no es solo el satélite: es el diseño de red y el producto comercial. Starlink se apoya en un ecosistema de terminales y en una huella global ya operativa; Logos busca entrar con una red concebida desde el inicio para tráfico corporativo, donde la promesa es “desempeño tipo fibra” y mayor control del transporte. Eso implica competir por contratos de mayor ticket, ciclos de venta más largos y requisitos formales (cumplimiento normativo, acuerdos de nivel de servicio, integración con redes existentes).
También aparece un factor de costo y complejidad: operar en bandas más altas amplía el ancho de banda disponible, pero aumenta sensibilidad a fenómenos atmosféricos (por ejemplo, atenuación por lluvia) y requiere ingeniería de enlace más exigente. La apuesta es que, para clientes corporativos y públicos, el beneficio de capacidad y direccionalidad compensa el desafío operativo.
Capital y regulación: la nueva ola “soberano-comercial”
El financiamiento funciona como señal de posicionamiento. Logos cuenta con respaldo del fondo U.S. Innovative Technologies (USIT), asociado a Thomas Tull, con una inversión reportada de US$ 50 millones en 2025, según Via Satellite. La lógica es consistente con una tendencia de inversión en infraestructura de comunicaciones donde lo comercial y lo soberano convergen: redes privadas, resiliencia, y provisión de servicios a Estados y sectores críticos.
En paralelo, la tracción regulatoria resulta parte del “timing”. La FCC no solo tramita licencias: está redefiniendo su marco para sostener el volumen de solicitudes de constelaciones. Carr explicitó en 2025 la intención de acelerar y estandarizar aprobaciones bajo el concepto de “licensing assembly line”, con el argumento de sostener liderazgo tecnológico y reducir atrasos.
El caso Logos también ilustra cómo la coordinación técnica puede destrabar autorizaciones. Via Satellite indicó que, según la autorización, la empresa firmó un acuerdo de compatibilidad técnica con Iridium en enero para operaciones planificadas en una porción de 23 GHz, habilitando condiciones específicas en Ka.
Cronograma y próximos hitos
El primer objetivo operativo se ubica en 2027, con despliegue por fases y una curva de capacidad creciente. De acuerdo con la narrativa técnica inicial, la primera fase (1.092 satélites) busca habilitar servicio global inicial y luego densificar capas orbitales. En la actualización reportada por medios sectoriales, el despliegue total queda sujeto a plazos regulatorios y a la ejecución industrial (fabricación de buses, contratos de lanzamiento y terminales).
En el corto plazo, el interrogante competitivo no es solo “si” Logos compite con Starlink, sino “dónde” lo hará con mayor eficacia: conectividad corporativa de alta criticidad, redes privadas para energía, minería, logística, data centers remotos, y contratos gubernamentales que prioricen control y continuidad. Allí, el diferencial técnico puede transformarse en ventaja comercial.











