En noviembre de 2025, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una disminución de 0,3% interanual. En la medición desestacionalizada, la actividad también cayó 0,3% respecto de octubre, mientras que la serie tendencia-ciclo no mostró variación. Los datos surgen del informe de Cuentas Nacionales difundido por el Indec.
La fotografía del mes confirma un patrón que la coyuntura viene exhibiendo en forma intermitente: avances sectoriales puntuales conviven con retrocesos en la economía real más ligada al consumo masivo y a la producción industrial. El resultado agregado, por esa vía, queda atrapado en una zona de estancamiento con oscilaciones cortas.
En paralelo, la discusión pública estuvo marcada por el último dato de inflación y por el impacto de la nominalidad sobre decisiones de gasto, reposición y financiamiento. En ese marco, el registro de actividad aporta una clave: incluso cuando el índice general se mantiene cerca de un “cero” estadístico, la composición interna puede anticipar tensiones sobre márgenes, precios y empleo, según el sector.
Una caída leve, con tendencia sin cambio
El informe señala que, con relación a igual mes de 2024, diez de los sectores que integran el EMAE mostraron subas, mientras que cinco registraron caídas. En términos del nivel general, el acumulado del año contra igual período del año anterior se ubicó en 4,5% a noviembre, pero el dato mensual volvió a terreno negativo en la comparación interanual.
El contraste entre el acumulado positivo y la baja interanual del mes sugiere una dinámica de “arrastre” estadístico: parte del crecimiento anual queda explicado por meses anteriores, mientras que el cierre del período muestra pérdida de impulso. En la serie desestacionalizada, la contracción de 0,3% respecto a octubre marca que la economía no logró sostener una trayectoria ascendente.
Esa lectura es relevante para interpretar el cruce con inflación. En contextos de alta nominalidad, una parte del gasto se adelanta por expectativas de precios, pero ese anticipo no siempre se traduce en mayor producción: puede concentrarse en reposiciones, bienes importados o rotación de inventarios. Para el seguimiento de la coyuntura, la señal del EMAE ayuda a separar “movimiento” de “expansión”.
Ganadores: finanzas y agro empujaron el promedio
Entre los sectores que más crecieron se destacaron Intermediación financiera, con un alza de 13,9% interanual, y Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con 10,5%. El Indec atribuyó el salto financiero, principalmente, a la mayor actividad de agentes y sociedades de bolsa.
No fue un aporte marginal: ambos rubros sumaron 0,94 puntos porcentuales (p.p.) a la variación interanual del EMAE, según el desglose oficial. En el gráfico de incidencias, Intermediación financiera aportó 0,49 p.p. y el agro 0,45 p.p., seguidos por Explotación de minas y canteras, con una variación interanual de 7,0% y una incidencia de 0,27 p.p.
La conclusión operativa es directa: el crecimiento estuvo concentrado. Una economía con inflación persistente y financiamiento caro tiende a privilegiar actividades vinculadas a arbitrajes financieros, exportaciones o sectores con capacidad de indexación más rápida. En cambio, los segmentos dependientes del poder de compra interno suelen exhibir ajustes más tempranos.
Perdedoras: industria y comercio volvieron a traccionar hacia abajo
Del lado de las caídas, Pesca marcó -25,0% interanual, pero el impacto macro del rubro es menor. La novedad con efecto general volvió a ser Industria manufacturera, con una baja de 8,2% interanual, y Comercio mayorista, minorista y reparaciones, con -6,4%. De acuerdo al informe, esos dos sectores fueron los de mayor incidencia negativa: industria restó 1,37 p.p. y comercio, 0,86 p.p.
En la misma lista de retrocesos aparece Construcción (-2,3% interanual) y, con menor incidencia, Administración pública y defensa (-0,6%). El mapa sectorial describe un freno en el núcleo de producción y demanda doméstica, que suele actuar como termómetro de la actividad diaria: fábricas, cadenas comerciales y obras.
Para la lectura editorial, el dato se conecta con el hilo que viene apareciendo en notas previas sobre nivel de actividad: la recuperación, cuando existe, no es homogénea. Se parece más a una suma de “islas” —rubro financiero, agro, minería— que a una expansión sincronizada. El riesgo de ese perfil es doble: por un lado, desacopla empleo y producción; por otro, vuelve más errática la transmisión a consumo.
El puente con inflación: nominalidad alta, economía partida
El cruce con el informe de inflación agrega otra capa. La persistencia de aumentos de precios opera como un impuesto sobre el horizonte de planificación: acorta plazos, encarece capital de trabajo y altera la comparación entre vender y financiarse. En ese terreno, la expansión de Intermediación financiera puede leerse como síntoma de un sistema que premia la cobertura y la liquidez.
Al mismo tiempo, el retroceso de industria y comercio sugiere que la nominalidad no alcanzó para sostener volúmenes. Con precios en movimiento, el consumo puede “parecer” activo por facturación, aunque los despachos se achiquen. El EMAE, al medir cantidades implícitas por sector, permite observar esa diferencia.
El próximo informe del EMAE —con la estimación preliminar de diciembre de 2025— se difundirá el martes 24 de febrero de 2026. Será un punto de control para definir si la pérdida de impulso de noviembre fue un bache estadístico o el inicio de un tramo de mayor fragilidad en el nivel de actividad.











