lunes, 26 de enero de 2026

Si la economía de EEUU no repunta, la demanda global de dólares caerá gradualmente, señala el economista Arturo Huerta

La utilización de activos alternativos por parte de diversos bloques comerciales y el estancamiento de los índices de crecimiento en el norte del continente plantean una transformación en la estructura de pagos. Esta tendencia hacia la diversificación de reservas incide directamente en la capacidad de financiamiento de los pasivos públicos.

spot_img

La estructura financiera de los Estados Unidos atraviesa un periodo de observación debido al volumen de sus compromisos fiscales y al papel de su unidad monetaria en el mercado externo. Actualmente, los pagos destinados a cubrir los intereses de la deuda pública han superado los montos asignados a la defensa nacional, una situación sin precedentes en la historia administrativa reciente del país. Con un pasivo que excede los 38 billones de unidades, el ritmo de incremento de esta cifra genera análisis sobre la sostenibilidad del modelo a largo plazo.

La oficina de auditoría gubernamental indica que este escenario deriva en un encarecimiento de los créditos, una reducción en los niveles salariales y un alza en el costo de los suministros. A pesar de estos indicadores, la administración central sostiene que las medidas aplicadas están orientadas a contener el gasto público y a limitar el saldo negativo de las cuentas estatales. La capacidad de refinanciamiento del país depende de la aceptación de su moneda como instrumento de reserva en los bancos centrales de otras naciones.

El economista Arturo Huerta señala que el sistema financiero internacional mantiene una dependencia respecto a este activo, ya que la mayoría de las transacciones comerciales y financieras se ejecutan bajo esta denominación. No obstante, el especialista advierte que la competencia con otras potencias, específicamente con el sector productivo de Asia, ha iniciado un proceso de desplazamiento. Los países integrados en grupos como los BRICS han comenzado a utilizar sus propias unidades monetarias para el intercambio de bienes, lo que reduce la necesidad de adquirir divisas estadounidenses.

Publicidad

En este contexto, se inscriben las tensiones comerciales y la imposición de gravámenes a productos extranjeros. Las políticas implementadas buscan incentivar el retorno de capitales y empresas al territorio norteamericano para reactivar los sectores productivos internos. Si bien se han registrado inversiones provenientes de Japón y Europa, los índices de expansión económica no han alcanzado las metas proyectadas por el Ejecutivo.

La comparación de indicadores con otras regiones muestra disparidades en el rendimiento. El Producto Interno Bruto de China registró un aumento del 5% durante el periodo anterior, alcanzando niveles récord de actividad. Este crecimiento ocurre a pesar de las restricciones arancelarias impuestas por Washington. Los datos reflejan que la inversión en el gigante asiático representa el 40% de su producto interno, mientras que en los Estados Unidos este porcentaje es inferior al 25%. Además, el superávit comercial en el Este se ha mantenido gracias a la exportación de bienes hacia mercados europeos y asiáticos.

Un riesgo identificado en el análisis es la posible liquidación de bonos del Tesoro por parte de los principales tenedores extranjeros. Si la administración intensifica las medidas contra sus socios comerciales, estos podrían proceder a la venta masiva de títulos de deuda. Una acción de este tipo provocaría una caída en el valor de los papeles públicos y un aumento en las tasas de interés, lo que incrementaría la presión sobre un déficit fiscal que ya se sitúa en torno al 5,6% del producto interno.

La incertidumbre generada por la falta de cumplimiento de normativas comerciales internacionales afecta la confianza de los inversores. La fragmentación de las relaciones comerciales entre el bloque norteamericano y el europeo contribuye a que diversas economías busquen alternativas para el suministro de materias primas y la colocación de productos. La superioridad técnica en el desarrollo de nuevos sistemas de producción en otras regiones constituye un factor de competitividad que las barreras aduaneras no han logrado neutralizar.

Finalmente, el estudio sugiere que la demanda de la moneda y de los instrumentos de deuda estadounidenses experimentará una reducción si no se produce una recuperación significativa de los indicadores internos. La búsqueda de autonomía financiera por parte de las economías emergentes y la consolidación de nuevos ejes de intercambio modifican la configuración del poder económico mundial, limitando las herramientas de intervención de las instituciones tradicionales.

Publicidad
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO