Durante las últimas cinco décadas y media, la industria argentina ha experimentado profundas transformaciones en procesos productivos, incorporación de tecnología y organización del trabajo. En ese contexto, Henkel, compañía alemana con 55 años de presencia ininterrumpida en el país, refleja la adaptación de las empresas locales a nuevas dinámicas globales.
La experiencia de Hernán Varela, quien ingresó a la empresa hace más de veinticinco años, ilustra la transición de sistemas tradicionales a entornos digitalizados. Varela inició su recorrido en áreas administrativas y luego se especializó en la cadena de suministros, acompañando procesos de transformación organizacional y operativa. “El cambio más grande fue la forma de comunicarnos. Cuando empecé usábamos télex y fax; hoy nos conectamos en tiempo real con cualquier parte del mundo”, recuerda Varela. Su recorrido evidencia la integración entre áreas técnicas, plantas productivas y cadenas de suministro internacionales.
Por otro lado, Gerardo Labhart se incorporó a Henkel en 1980 a partir de una adquisición en San Isidro, en un momento en que gran parte de los procesos productivos eran manuales. En cuatro décadas, participó de hitos como el traslado de la planta de base acuosa a Chivilcoy, la incorporación de nuevas líneas de producción, la integración tras la adquisición de National Starch & Chemical y la adopción de estándares globales. “Los desafíos se multiplicaron: nuevas culturas, nuevas estructuras, nuevos productos y aplicaciones”, resume Labhart. El directivo destaca que el cambio fue total: “Nada quedó igual. Cambió la tecnología, la organización y las oportunidades”.
Ambos colaboradores coinciden en que la transformación tecnológica estuvo acompañada por modificaciones culturales y organizacionales profundas, tales como la aparición de nuevas formas de trabajo, mayor especialización y equipos más diversos. Señalan la importancia del aprendizaje continuo, así como el acompañamiento recibido por parte de la empresa en diferentes etapas laborales. Para quienes hoy se incorporan a la industria, transmiten un mensaje centrado en la valorización de las oportunidades de formación y crecimiento en un contexto de permanente evolución.
La operación local de Henkel Argentina, con base en San Isidro, planta industrial en Chivilcoy y una academia en Ciudad de Buenos Aires, acompañó el proceso de transformación de la industria nacional. Desde los años 70, la entidad pasó de esquemas productivos manuales a la automatización, incorporó nuevas tecnologías, trasladó parte de su actividad al interior del país y se integró a cadenas de valor globales.
Este recorrido, según informó la compañía, replica a escala la evolución observada en la industria argentina en las últimas cinco décadas y media, donde la modernización productiva, la digitalización y la apertura internacional modificaron profundamente el perfil del sector.
“Los desafíos se multiplicaron: nuevas culturas, nuevas estructuras, nuevos productos y aplicaciones”, resume Gerardo Labhart en su testimonio.












