La decisión llega en un momento particular del negocio. En 2025, Starlink dejó de presentarse como “internet satelital sin límites” y pasó a administrar la demanda: Mercado describió ese giro como el final de la tarifa plana y el comienzo de un modelo por volumen, con paquetes, alertas de consumo y degradación de velocidad si no se compra capacidad adicional. En paralelo, la revista también registró un fenómeno menos glamoroso, pero decisivo: la saturación de capacidad en zonas de alta demanda, con listas de espera y restricciones de nuevas altas. En ese marco, Gen2 aparece como la pieza regulatoria y técnica que permite sostener el crecimiento sin que la red se convierta en su propio límite.
Qué aprobó la FCC, en términos concretos
El comunicado oficial resume un paquete de habilitaciones que, leído en conjunto, funciona como una “actualización de permisos” para un sistema que ya opera a escala masiva. Por un lado, la FCC autoriza a SpaceX a construir, desplegar y operar los nuevos satélites Gen2, con mejoras de diseño y tecnología. Por otro, habilita operación en un conjunto amplio de bandas (Ku, Ka, y también V, E y W), y habilita nuevos “shells” orbitales en altitudes aproximadas entre 340 y 485 km, apuntando a optimizar cobertura y latencia.
Hay un punto que, para el negocio, es tan importante como los satélites: la FCC también flexibiliza restricciones que impedían superposición de haces (“overlapping beams”), consideradas obsoletas para una red que necesita densidad y reutilización de espectro. En otras palabras: no solo se autorizan más activos en órbita; se habilita un modo más eficiente de “exprimir” la capacidad.
Además, el dictamen deja explícito un vector que Starlink empuja hace dos años: conectividad directa a celulares (direct-to-cell) fuera de EE.UU. y cobertura suplementaria dentro del país. Es un recordatorio de que Starlink ya no compite únicamente con ISPs rurales: disputa la frontera entre telecomunicaciones móviles y satcom.
Lo que significa para la estrategia de Starlink: del crecimiento al gobierno de la demanda
Las notas de Mercado sobre el cambio de planes de 2025 anticipaban una paradoja: cuanto más masivo se vuelve Starlink, menos puede comportarse como un servicio “ilimitado”. En redes, la promesa de abundancia tiene un costo: congestión y degradación. El pasaje a planes por volumen y recargas, descrito por Mercado como una reorganización con implicancias más profundas (control, segmentación y administración de uso), se entiende mejor a la luz de esta aprobación: Gen2 es la ampliación de oferta, mientras el esquema comercial es la gestión de demanda.
La saturación reportada en áreas del AMBA y en localidades del interior —con listas de espera y depósitos— fue el síntoma visible de esa tensión. La expansión habilitada por la FCC no garantiza que desaparezca la congestión (la demanda crece), pero sí permite a Starlink abrir un nuevo ciclo de crecimiento, con más capacidad por célula y mejores márgenes operativos, en la medida en que la red pueda servir más tráfico con menos fricción.
Reuters agrega un dato clave para leer el “tono” de la decisión: SpaceX habría solicitado autorización para cerca de 30.000 satélites Gen2, pero la FCC aprobó solo una parte, con exigencias de hitos de despliegue y condiciones asociadas a seguridad espacial y coordinación. El mensaje implícito es doble: respaldo a la expansión, sí; cheque en blanco, no.
Competencia: Starlink se expande mientras Amazon acelera
Para Mercado, 2025 fue también el año en el que Project Kuiper empezó a mutar hacia una operación industrial medible bajo la marca Amazon Leo, con avances en constelación, terminales y cronogramas. En diciembre de 2025, la revista incluso destacó el lanzamiento de nuevos terminales y la apuesta por segmentos corporativos, con una lógica de integración con servicios en la nube.
La autorización a Starlink Gen2 debe leerse en ese tablero: la expansión regulatoria de Starlink fortalece su ventaja de escala justo cuando su principal competidor empieza a despegar del papel. Para América Latina, donde el acceso a infraestructura terrestre sigue siendo desigual, ese contrapunto puede traducirse en una puja por precios, capacidad y calidad. En mercados con demanda concentrada —áreas periurbanas, corredores industriales, polos logísticos— la competencia no será solo por “llegar”, sino por “sostener” servicio bajo estrés.
Un salto tecnológico con costos: órbitas más bajas, más reposición, más debate
Los nuevos shells orbitales más bajos prometen menor latencia, pero exigen un ritmo mayor de reposición (vida útil, arrastre atmosférico, maniobras). La densidad creciente vuelve más relevante la discusión por mitigación de riesgos, coordinación de espectro y basura espacial. Reuters recuerda que el regulador pondera estas cuestiones y que el despliegue viene acompañado de compromisos y reportes.
Esta dimensión no es secundaria: la legitimidad política y regulatoria de Starlink depende, cada vez más, de su capacidad para demostrar que puede crecer sin convertir la órbita baja en un bien común degradado. La FCC, al habilitar y a la vez condicionar, parece intentar ese equilibrio.
Qué cambia, desde Argentina: más oferta potencial, pero no necesariamente más “barra libre”
Para el usuario argentino, la noticia puede leerse como promesa de mejora —más capacidad agregada, potencialmente menos congestión—, pero también como confirmación de una tendencia que Mercado ya había señalado: Starlink se está convirtiendo en un servicio administrado. En un país donde la conectividad puede ser un insumo productivo tan crítico como la energía, la clave no estará solo en cuántos satélites haya, sino en cómo se asigna esa capacidad: planes, priorización, niveles de servicio y política de precios.
FCC le habilitó a Starlink el músculo técnico para seguir creciendo. Pero el modelo de 2025 sugiere que ese crecimiento no volverá al mito de “ilimitado”, sino a una conectividad más parecida a una autopista moderna: con carriles, peajes, y gestión dinámica del tránsito.












