sábado, 4 de abril de 2026

    “Si el gobierno tiene agallas, todos ganan”

    -¿Qué se puede aprender de la decisión del gobierno estadounidense de dividir AT&T a comienzos de la década de los ´80?


    -Primero, que si un gobierno decide fomentar la competencia, tiene que tomar medidas fuertes, a pesar de las tremendas presiones que ejercen las compañías más poderosas. En ese momento, AT&T era una de las mayores empresas del mundo y, a pesar de eso, el gobierno, a través del sistema judicial, logró desmembrarla. El resultado fue la generación de competencia.


    -¿Se puede aplicar aquí el mismo modelo?


    -El mecanismo que se utilizó en esos días no es necesariamente el más aplicable ahora. Pero, en su momento, el monopolio de AT&T era total y el sector de telecomunicaciones apenas comenzaba a abrirse a la competencia. Todo el mundo decía que si la competencia se abría, se produciría la ruptura financiera de AT&T. A pesar de esas presiones y de las previsiones de la empresa, AT&T no quebró y lo que efectivamente ocurrió es que pasamos de tener un solo carrier del tráfico doméstico e internacional a más de 2.000 carriers en un período de menos de 10 años. Surgieron grandes potenciales económicos, como MCI, Sprint y Quest, que nacieron de la decisión de romper el monopolio de larga distancia. Otro de los resultados de esta decisión fue que los precios bajaron muy rápidamente y siguieron bajando.


    -¿Esa decisión acabó definitivamente con los monopolios?


    -Parte de la esperanza era que, a partir de la división de AT&T, las siete Baby Bells, que se quedaron con los monopolios locales, no duraran mucho en ese estado. Sin embargo, se mantuvieron hasta 1996. Ese año se aprobó una nueva Ley de Telecomunicaciones, que le dio poder a la FCC para tomar acciones proactivas en materia de convenios de interconexión de redes y de requerir que los monopolios locales bajaran esos costos de interconexión. Por ejemplo, la FCC actuó muy rápido cada vez que hubo quejas por corte de línea. La filosofía de la FCC es dudar y ser muy escéptica con respecto a los argumentos que presentan las empresas que gozaban de monopolios o las grandes compañías. Cada vez que se propone una nueva regulación, AT&T o cualquiera de las grandes compañías aseguran que quedarán en bancarrota.


    -En el caso argentino, Telefónica y Telecom aseguraron lo mismo cuando se trató el rebalanceo de las tarifas telefónicas.


    -Los argumentos de los monopolios son argumentos globales. Tienen una filosofía casi homogénea que trasciende las fronteras. Afortunadamente, los contraargumentos comienzan a hacer lo mismo. Cuando trabajaba en la FCC trataba de ayudar a mis colegas de otros países, aportando argumentos para contrarrestar lo que planteaban los monopolios y enseñándoles nuestra experiencia en este campo. Es lógico que un gobierno tenga miedo cuando una de las mayores empresas de su país lo amenaza con revisar su plan de inversiones si se decide aplicar tal o cual regulación. Pero la experiencia estadounidense demuestra que si el gobierno tiene agallas, las compañías no pierden dinero y los usuarios ganan. Si un regulador tiene el poder de meterse dentro de la ingeniería contable de las firmas y ver los números reales, y si tiene la capacidad de conseguir argumentos de otras experiencias, puede ampliar la competencia.


    -Durante su gestión en la FCC, ¿hablaba de estos temas con funcionarios de la gestión que encabezaba Germán Kammerath en la Secretaría de Comunicaciones argentina?


    -Sí.


    -¿Cree que sus recomendaciones fueron bien recibidas?


    -Las discusiones son de carácter privado. Lo que puedo decir es que compartimos nuestras ideas y opiniones y, por supuesto, quedaba en ellos tomar las decisiones. En lo referente al área internacional, esa gestión puso a la Argentina en un nivel elevado y logró el respeto de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, entre otros organismos. Hizo buenas ofertas ante la Organización Mundial de Comercio y hasta realizó apuestas fuertes frente al gobierno de Estados Unidos en materia de satélites, por lo que mi gobierno pactó una negociación bilateral con la Argentina, que no hizo con ningún otro país. Sin embargo, en relación con la conducción de la política interna regulatoria no aplicó casi nada. Sólo anunció que generaría políticas de interconexión y de servicio universal, pero no hubo decisiones sustanciales.


    -¿Cómo cree que se desarrollará la telefonía por Internet en el caso argentino?


    -No se duda de si la telefonía sobre Internet se va a desarrollar o no. La cuestión es cuándo y quién lo hará primero. Algunos de los carriers ya la están ofreciendo, pero la cuestión más importante es que Internet es una red muy nueva y con una actitud diferente. Por eso las compañías como Telefónica, Telecom, CTI y Movicom no necesariamente saben cómo hacerlo mejor, ya que requiere ciertos conocimientos específicos. A pesar de la solvencia financiera de esas empresas, es posible que no puedan ofrecer telefonía sobre Internet tan bien como una pequeña compañía que se ha especializado en esta área.


    -¿Cómo observa hoy al mercado argentino de telecomunicaciones?


    -Una de las preguntas fundamentales es cuál va a ser la naturaleza del mercado: si va a estar dominado por dos o tres carriers, si va a haber una guerra de precios de entrada o si va a ser un mercado con carriers grandes y muchos nuevos actores que ofrecerán servicios de nicho. En esta transición desde el monopolio a una competencia pautada, el papel del regulador es fundamental. Es necesaria una fiscalización rápida, porque los nuevos prestadores van a pedir servicios a las grandes operadoras, que seguramente harán lo que hacen en todo el mundo: hacerles las cosas difíciles a los competidores que recién llegan. Lo importante es que haya un regulador proactivo y que envíe una señal clara al mercado en el sentido de proteger a los nuevos. El papel de la FCC en Estados Unidos, así como el de otros organismos reguladores en diferentes países que abrieron rápidamente su economía y su mercado a la competencia, es atender el interés público y promover precios más bajos y competencia, por encima del interés de un par de inversores.


    -¿Algo parecido ocurre con el desarrollo de Internet?


    -En Estados Unidos, la administración Clinton quería desarrollar Internet desde el primer día. El crecimiento de Internet es una de las razones por las que la economía estadounidense goza de buena salud, por lo que proteger a Internet de las grandes operadoras se transformó en una prioridad. La amenaza más grande que la comunidad de Internet tiene es que las empresas de telecomunicaciones que se hicieron grandes sobre la base de una situación monopólica, adquieran la posibilidad de controlar la Red. Porque hay un reconocimiento de que Internet es algo dinámico que funciona mejor cuando en ella trabajan cientos de compañías y la idea de que Internet sea dominada por un par de empresas es algo que no encaja.