Starlink publicó su Progress Report 2025 con un mensaje central: la escala dejó de ser un objetivo y pasó a ser un atributo estructural del negocio. En el cierre de 2025, la compañía reportó más de 9 millones de clientes activos y presencia en más de 155 países y mercados, un nivel de despliegue que no tiene equivalentes en el sector satelital comercial.
En paralelo, el documento marca un giro que excede el acceso fijo en zonas remotas: el servicio se apoya cada vez más en movilidad (aviación, marítimo) y en la futura convergencia con redes celulares, un terreno donde la competencia y la regulación suelen ser más intensas que en el satélite tradicional.
La escala en cifras y la velocidad de adopción
El reporte de Starlink indica que durante 2025 se conectaron “más de 4,6 millones” de nuevos clientes activos y que el servicio se expandió a 35 países, territorios y mercados adicionales. En términos de dinámica comercial, ese dato sugiere un ritmo de incorporación de usuarios que, en el universo de telecomunicaciones, suele asociarse a fases de rápida sustitución tecnológica: el producto deja de ser “alternativo” y empieza a competir en el centro del mercado, con propuestas residenciales y corporativas.
La fotografía que acompaña esos números refuerza ese punto: Starlink reporta 9 millones de clientes activos (9M+) y 155+ países y mercados. La elección de métricas (“clientes activos”, “países y mercados”) también revela una prioridad: contabilizar presencia comercial y utilización efectiva, más que instalaciones acumuladas.
Aviación y cruceros como vectores de negocio
El reporte oficial incorpora indicadores de conectividad en movilidad. En aviación, Starlink informa 21 millones de pasajeros atendidos (21M+) y, en cruceros, más de 20 millones (20M+).
Estas cifras cumplen una doble función. En lo comercial, muestran que el satélite de órbita baja puede capturar segmentos donde la conectividad terrestre no existe o no compite por calidad. En lo estratégico, validan la capacidad de operar como proveedor de infraestructura para terceros (aerolíneas, navieras), con contratos de escala y exigencias de servicio que suelen elevar barreras de entrada.
Para el mercado, el dato es relevante por un motivo adicional: la conectividad “en movimiento” tiende a tolerar precios más altos que el acceso residencial, con menor elasticidad de demanda. En otras palabras, el negocio se diversifica hacia verticales que amortiguan la presión competitiva del segmento hogareño.
Direct to Cell: el puente hacia la red móvil
El capítulo con implicancias más amplias es Direct to Cell. Según el reporte, SpaceX completó el despliegue de la primera generación de la constelación “Direct to Cell”, con más de 650 satélites lanzados a órbita baja en 18 meses. El documento agrega otro indicador: esa modalidad “conectó a más de 12 millones de personas, al menos una vez”, con foco en situaciones donde el acceso puede ser crítico.
Desde el punto de vista de industria, este punto corre la frontera del debate: no se trata solo de banda ancha satelital como sustituto en zonas sin fibra o 4G/5G, sino de la posibilidad de extender cobertura celular sin torres. El impacto potencial abarca tres planos.
– Competencia: el satélite puede operar como complemento de redes móviles, pero también tensiona la economía de la cobertura rural, donde el costo por usuario es alto y la inversión se justifica con subsidios, obligaciones de servicio universal o regulaciones específicas.
– Regulación y espectro: la integración con redes celulares introduce requisitos técnicos y regulatorios distintos a los de internet satelital. En muchos países, el encuadre normativo para este tipo de servicio todavía es incipiente.
– Modelo de negocio: el valor puede capturarse por acuerdos mayoristas con operadores móviles, por planes directos al consumidor, o por esquemas híbridos. El reporte, por ahora, funciona como demostración de capacidad operativa y de despliegue acelerado.
Lo que sugieren estos números para 2026
En su conjunto, el reporte muestra a Starlink como una empresa de telecomunicaciones global con integración vertical: diseña satélites, los fabrica, los lanza y opera la red. Ese modelo permite ajustar capacidad y cobertura con una velocidad poco habitual en el sector, donde la dependencia de terceros (fabricantes, lanzadores, integradores) suele fragmentar tiempos y costos.
Para mercados como el argentino, el punto sensible no está solo en la disponibilidad del servicio, sino en su efecto sobre la estructura competitiva: presión sobre precios en segmentos corporativos y residenciales fuera de grandes ciudades, reconfiguración del mercado mayorista de capacidad, y disputa por la relación con el cliente final. A la vez, los indicadores de movilidad y “Direct to Cell” anticipan un año donde el satélite buscará consolidarse como capa complementaria —o alternativa— a la red terrestre.












