viernes, 23 de enero de 2026

La línea de ensamblaje de bebés

Cómo multimillonarios chinos están utilizando el sistema de gestación subrogada de Estados Unidos para construir dinastías — y testear límites de la prorrogativa de ciudadanía estadounidense.

Por Norberto Luongo para Revista Mercado

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Dentro de una sala de un tribunal de Los Ángeles en 2023, algo rompió el ritmo de la justicia rutinaria. Empleados judiciales, que revisaban lo que solían ser solicitudes estándar de gestación subrogada, advirtieron que un nombre se repetía una y otra vez. El mismo progenitor, y la misma solicitud de filiación legal para múltiples bebés aún no nacidos.

La jueza, Amy Pellman, pronto comprendió que el hombre detrás de los expedientes —Xu Bo, un recluido multimillonario chino del sector de los videojuegos— no estaba intentando ampliar una familia. Estaba intentando fabricarla a escala industrial.

Compareciendo por videoconferencia desde China, y hablando a través de un intérprete, Xu dijo al tribunal que esperaba tener alrededor de 20 hijos nacidos en Estados Unidos mediante gestación subrogada —preferentemente varones, a quienes describió como superiores a las niñas— para que algún día se hicieran cargo de su empresa. Varios niños ya nacidos estaban siendo cuidados por niñeras en California mientras aguardaban la documentación para viajar a China. Xu nunca los había conocido.

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Pellman denegó su solicitud de filiación, algo fuera de lo común en un sistema donde este tipo de pedidos normalmente siempre se aprueban, casi de manera automática. La decisión dejó a los niños en un limbo legal, y a la vez expuso silenciosamente un fenómeno que se desarrolla en gran medida fuera de la vista pública: élites chinas adineradas que utilizan el sistema de gestación subrogada, escasamente regulado en Estados Unidos, para crear grandes cantidades de hijos con ciudadanía estadounidense.

Una década antes, los tribunales estadounidenses se enfrentaban a una versión mucho más simple de esta cuestión, cuando padres extranjeros llegaban para un solo nacimiento y luego desaparecían del sistema. Esta vez, los expedientes no apuntaban a una visita, sino a una línea de producción.

Un mercado oculto… a plena vista

La gestación subrogada en Estados Unidos opera en los grises del sistema legal. Muchos estados imponen pocas restricciones a los pretendidos progenitores, incluidos los extranjeros. No existe un registro centralizado que lleve la cuenta de cuántas gestaciones subrogadas persigue una misma persona, así como tampoco que contabilice si se trabaja con múltiples agencias al mismo tiempo.

Esa opacidad ha permitido que florezca una sofisticada industria transfronteriza. Padres chinos —a menudo sin ingresar nunca a Estados Unidos— pueden enviar material genético al extranjero, seleccionar donantes de óvulos, contratar gestantes estadounidenses y abogados norteamericanos, y organizar que los recién nacidos sean retirados de los hospitales por “servicios profesionales” de cuidado y entrega de los bebés. El costo puede llegar a los 200.000 dólares por niño.

Entre 2014 y 2019, los ciclos de FIV que involucraban gestantes subrogadas para padres internacionales se cuadruplicaron, según investigadores de la Universidad Emory. De esos padres internacionales, el 41 % provenía de China, lo que la convierte, por gran diferencia, en el principal país de origen. Aunque los volúmenes cayeron durante la pandemia, actores del sector aseguran que la demanda ha regresado —y ha mutado de carácter.

Lo que alguna vez fue una solución alternativa a la ya abolida política del hijo único en China se ha convertido, para algunos, en algo completamente distinto.

Del “birth tourism” a la reproducción externalizada

Durante buena parte de las décadas de 2000 y 2010, la práctica en auge fue el llamado birth tourism. Mujeres embarazadas —muchas de ellas chinas— volaban a California en el tramo final de la gestación, donde les esperaba toda una infraestructura creada especialmente para ellas: residencias con personal de servicio chino, hospitales ya contratados para el parto, atención personalizada, etc., todo gestionado por agencias especializadas que hacían de esto un negocio floreciente y sumamente lucrativo. Allí daban a luz y regresaban luego a casa con un pasaporte estadounidense para su hijo recién nacido.

Pero el viaje casi siempre terminaba ahí. No buscaban instalarse en Estados Unidos ni echar raíces: por el contrario, la intención era volver a China y criar a esos niños inmersos en la lengua, la cultura y los valores tradicionales chinos. La ciudadanía funcionaba como una llave guardada en un cajón: una protección a largo plazo, no un cambio de vida inmediato. Recién al llegar a la edad del College o la universidad, esos hijos cruzarían de nuevo el Pacífico para estudiar, ya no como extranjeros, sino con todos los derechos y facilidades económicas que la ciudadanía estadounidense ofrece. El birth tourism era visible y finito: requería presencia física, producía un solo hijo por vez y, muy importante, asumía una parentalidad tradicional: la madre que viajaba era la madre que criaba al niño.

La gestación subrogada a gran escala rompe todas esas limitaciones.

Los padres ya no necesitan aparecer. Los embarazos son simultáneos, y el cuidado se externaliza. El número de hijos deja de estar limitado por lo biológico o lo social, y pasa a estar determinado por lo financiero y lo logístico.

Lo que cambió no fue la ley de la ciudadanía, sino la tecnología y la organización de la reproducción, transformando lo que antes era una laguna legal en un sistema organizado.

De construir familias a construir dinastías

Xu Bo es el ejemplo más extremo, pero no el único.

En redes sociales chinas, Xu se ha presentado como “el primer padre de China”. Cuentas vinculadas a él presumen de que tiene “un poco más de 100 hijos”, todos nacidos mediante gestación subrogada en Estados Unidos. Ha escrito sobre su deseo de tener “50 hijos varones de alta calidad” y ha fantaseado con que sus hijos se casen con los de Elon Musk.

Otro ejecutivo chino, Wang Huiwu, habría utilizado la gestación subrogada en Estados Unidos para tener 10 hijas, seleccionando donantes de óvulos entre modelos y profesionales, con la ambición declarada de que algún día se casen con hombres poderosos. Otros clientes adinerados, según los ejecutivos de las clínicas de fertilidad, han explorado la posibilidad de encargar decenas o incluso cientos de hijos a la vez, imaginando empresas familiares extensas.

El birth tourism nunca aspiró a la escala. Su lógica se detenía en el niño. Este nuevo modelo se extiende explícitamente más allá del individuo, hacia la sucesión, la herencia y el control a largo plazo.

Un negocio en auge con pocos frenos

Las agencias estadounidenses de gestación subrogada cobran entre 40.000 y 50.000 dólares por embarazo, lo que crea poderosos incentivos financieros para decir que sí. Si bien en el sector se recomienda rechazar a clientes que buscan más de dos gestaciones subrogadas simultáneas, esas directrices no prevén mecanismos para obligar a su cumplimiento. La sanción más dura es la expulsión de una asociación profesional. Algunas agencias se niegan, otras no dudan.

Abogados especializados en gestación subrogada describen clientes que presentan solicitudes de filiación en múltiples jurisdicciones, aprovechando el hecho de que los tribunales tienen poco conocimiento sobre los procedimientos iniciados en otros lugares. Si se les niega la solicitud en un condado, el futuro progenitor puede intentar nuevamente en otro, vinculado al lugar de residencia de la gestante, a la clínica de FIV, o al proyectado sitio del nacimiento.

El resultado es un sistema en el que ningún actor tiene una visión completa, y en el que la situación legal de los niños puede depender del azar jurisdiccional.

El birth tourism puso en cuestión el sistema migratorio. La gestación subrogada a gran escala pone a prueba algo más abstracto: si el derecho de familia puede trazar una línea que indique cuándo la reproducción deja de parecerse a una familia en absoluto.

Ciudadanía por diseño

Todo bebé nacido en suelo estadounidense es ciudadano de Estados Unidos en virtud de la 14ª Enmienda. Esa garantía constitucional se encuentra ahora en el centro de la polémica a raíz de la gestación subrogada, pero también como resultado del endurecimiento de las reglas de inmigración: el 20 de enero de 2025, el presidente Trump emitió la Orden Ejecutiva (EO) 14160, mediante la cual se deniega la ciudadanía a las personas nacidas de una madre que se encontraba ilegalmente en los Estados Unidos y cuyo padre no era ciudadano estadounidense ni residente permanente legal (LPR) al momento del nacimiento, o cuando la presencia de la madre en los Estados Unidos al momento del nacimiento era legal, pero temporal. La medida que ahora está siendo revisada por la Corte Suprema de Justicia, y no está claro si se podría extenderse a niños nacidos de gestantes estadounidenses en nombre de padres extranjeros.

Donde el birth tourism generaba temores de entradas oportunistas, la gestación subrogada plantea una pregunta más sutil: si la ciudadanía puede planificarse, multiplicarse y almacenarse, sin colisionar con el derecho migratorio.

La decisión de la jueza Pellman de rechazar la filiación solicitada por Xu Bo destaca, precisamente, porque es excepcional. El derecho de la gestación subrogada en Estados Unidos asume que los progenitores que actúan de buena fe, con la intención de formar familias. Nunca fue diseñado para clientes que buscan ensamblar dinastías a gran escala.

Como dijo una propietaria de una agencia de gestación subrogada: “No es que no puedas tener cuatro hijos. Pero si te arrepientes, no hay marcha atrás”.

La cuestión dentro de China

Oficialmente, China prohíbe la gestación subrogada y la condena como poco ética y explotadora. En la práctica, la aplicación de la norma es desigual, y las agencias ofrecen abiertamente dentro de China servicios de fertilidad en el extranjero.

Sin embargo, el ojo público está atento. En 2021, la actriz china Zheng Shuang fue acusada por su expareja de haber abandonado a sus dos hijos nacidos mediante gestación subrogada en Estados Unidos, después de separarse mientras sendos embarazos subrogados aún estaban en curso. Supuestas grabaciones en las que se discutía la posibilidad de abandonar a los bebés provocaron una fuerte indignación pública en China.

El escándalo generó una dura condena por parte de los medios estatales y de las autoridades. “Que los ciudadanos chinos exploten lagunas legales y acudan a Estados Unidos simplemente porque la gestación subrogada está prohibida en China no constituye en modo alguno un comportamiento conforme a la ley”, afirmó el comunicado de la Comisión Central de Asuntos Políticos y Jurídicos del Partido Comunista. Las grandes marcas cancelaron los jugosos contratos publicitarios que tenían con Zheng, y el caso reavivó el debate sobre la gestación subrogada, en un contexto de crecientes desafíos demográficos en China.

Epílogo: después del birth tourism

En videos vinculados a Xu Bo, niños pequeños se agrupan en patios y parques, recitan tareas escolares, comen juntos, y corren hacia una cámara sostenida por alguien a quien llaman, al unísono, “¡Papá!”

Todos ellos son ciudadanos estadounidenses por nacimiento, y chinos por diseño. Y están creciendo dentro de una zona legal gris, creada por una riqueza extrema, supervisión débil y desigualdad global.

El birth tourism trataba la ciudadanía como una póliza de seguro. Este nuevo modelo la trata más bien como una infraestructura.

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