viernes, 23 de enero de 2026

China adelanta Shenzhou 22 y pone a prueba su protocolo de rescate orbital

La agencia espacial china activó por primera vez una misión launch on need para enviar una nave Shenzhou sin tripulación a la estación Tiangong, tras detectar daños en la cápsula que debía traer de regreso a los astronautas de la misión Shenzhou 20.

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El lanzamiento está previsto para el 25 de noviembre a las 04.11 UTC, desde el Centro de Lanzamiento de Jiuquan, en Mongolia Interior. Shenzhou 22 despegará sobre un cohete Chang Zheng-2F y volará sin astronautas, cargada con alimentos y suministros en lugar de asientos, para acoplarse de forma autónoma a la estación Tiangong y convertirse en el vehículo de retorno de la tripulación actualmente a bordo.

Una cápsula de reemplazo para la tripulación de Tiangong

Shenzhou 22, de unas 8.100 kg, ingresará en una órbita baja inclinada 41,5° respecto del ecuador, en línea con la órbita actual de Tiangong, situada en torno a los 386 x 391 km de altura. Desde allí realizará las maniobras necesarias para acoplarse a uno de los puertos dedicados a las naves tripuladas.

A bordo de la estación se encuentran tres astronautas: Zhang Lu, Wu Fei y Zhang Hongzhang, que llegaron el 31 de octubre en la misión Shenzhou 21. Su situación se volvió inusual cuando se comprobó que la nave con la que debía regresar la tripulación anterior —Shenzhou 20— presentaba daños en una ventana del módulo de descenso, atribuidos a un impacto de basura espacial. El daño afectó al panel externo; los internos no están certificados para soportar la exposición directa al plasma y al calentamiento del reingreso.

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La respuesta fue compleja. La tripulación de Shenzhou 20 (Chen Dong, Chen Zhongrui y Wang Jie) llevaba más de seis meses en órbita y debía regresar por razones de logística y consumos de la estación. Finalmente volvió a tierra el 14 de noviembre, pero dentro de la cápsula de Shenzhou 21, que había llegado pocos días antes. De ese modo se obtuvo un retorno seguro para el trío veterano, al precio de dejar a los nuevos ocupantes de Tiangong sin vehículo propio de evacuación.

El debut operativo del chino

Shenzhou 22 estaba originalmente prevista para la primavera boreal de 2026, pero tanto la nave como su cohete se encontraban ya preparados como misión de “lanzamiento bajo demanda”: un sistema en el cual el siguiente vehículo en la secuencia se mantiene listo para despegar en plazos breves ante una contingencia.

Este enfoque tiene antecedentes claros en la historia espacial. En 1973, problemas en el módulo de servicio de la misión Skylab 3 llevaron a la NASA a alistar un Saturn IB y una cápsula Apolo de repuesto, listas para un eventual vuelo de rescate hacia la estación Skylab. Décadas más tarde, tras el accidente del Space Shuttle Columbia en 2003, todas las misiones del transbordador quedaron acompañadas por planes de rescate, e incluso se asignó una misión específica (STS-400) como respaldo al vuelo de servicio del telescopio Hubble, con otro transbordador preparado en la rampa.

Más recientemente, la fuga de refrigerante de la nave Soyuz MS-22, acoplada a la Estación Espacial Internacional en diciembre de 2022, llevó a Roscosmos a lanzar sin tripulación la Soyuz MS-23 para reemplazarla. La cápsula dañada regresó a la Tierra vacía, mientras que su tripulación lo hizo meses después en la nueva nave.

China adopta ahora el mismo principio: asegurar un “bote salvavidas” orbital disponible aun cuando esto implique reordenar el cronograma de lanzamientos y utilizar una nave originalmente destinada a una misión convencional de relevo como vehículo de respaldo.

Basura espacial y costos de la redundancia

El episodio pone en primer plano el impacto económico y operativo de la basura espacial. El número creciente de satélites y fragmentos en órbita baja eleva la probabilidad de impactos de alta velocidad sobre estructuras sensibles, como radiadores o ventanas, aunque se trate de objetos demasiado pequeños para ser rastreados de forma rutinaria.

Para los programas tripulados, este entorno obliga a incorporar la redundancia como parte estructural del diseño: vehículos de reserva, ventanas de lanzamiento más flexibles, capacidad para extender la permanencia a bordo y protocolos de emergencia claros. En el caso de Tiangong, la estación llegó a alojar seis astronautas durante varios días adicionales respecto a lo previsto, con presión sobre stocks de alimentos, agua y consumibles, hasta que la tripulación de Shenzhou 20 pudo regresar.

El costo de mantener un cohete y una nave listos para despegar de manera anticipada no es menor. Sin embargo, desde la perspectiva de gestión de riesgos, se compara con los beneficios de reducir la probabilidad de pérdida de misión, daños a la reputación del programa y, en el extremo, un accidente con víctimas. Para un país que busca consolidarse como actor central en la economía espacial, esa inversión en resiliencia forma parte del “costo de entrada” a la liga de las grandes potencias espaciales.

Implicancias para la estrategia china en órbita baja

Una vez acoplada Shenzhou 22, la estación recuperará una configuración considerada segura: tres tripulantes y un vehículo preparado para su retorno. Queda pendiente la decisión sobre el destino de Shenzhou 20, aún acoplada. La agencia podrá optar por intentar un reingreso no tripulado sobre territorio chino o bien desorbitar la cápsula de manera controlada sobre el Pacífico, si el análisis técnico concluye que el daño compromete la integridad durante la reentrada.

En el plano programático, los planes de mediano plazo se mantienen. Shenzhou 23 continúa prevista para 2026, con la posibilidad de que uno de los próximos vuelos supere el año continuo en órbita y otro incluya a un astronauta de Pakistán como primer visitante extranjero de Tiangong. Al mismo tiempo, China prepara el primer vuelo orbital sin tripulación de Mengzhou, el vehículo que a futuro reemplazará a Shenzhou en misiones de espacio profundo y, potencialmente, en un programa lunar tripulado.

En conjunto, la activación de Shenzhou 22 funciona como prueba de estrés para la arquitectura logística y normativa del programa tripulado chino. Si el operativo concluye según lo previsto, la estación reforzará su imagen de plataforma estable y de largo plazo, capaz de gestionar contingencias sin interrumpir su agenda científica ni sus planes de cooperación internacional.

En un contexto de mayor competencia geopolítica en órbita baja y de crecimiento de la economía del espacio, la capacidad de responder con rapidez a incidentes derivados de la basura espacial deja de ser un asunto puramente técnico. Se convierte en un elemento central de la credibilidad de cada programa tripulado ante socios, proveedores y futuros clientes comerciales. Shenzhou 22 será, en ese sentido, algo más que una nave de reemplazo: será una demostración pública de hasta dónde llega hoy la madurez operativa del ecosistema espacial chino.

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