El 16 de noviembre, Sentinel-6B fue lanzado a bordo de un Falcon 9 de SpaceX desde la base Vandenberg, en California. La misión integra el programa europeo Copernicus y el proyecto conjunto Sentinel-6/Jason-CS, diseñado para asegurar la continuidad de las observaciones globales del nivel del mar iniciadas en los años noventa. Tras una fase inicial de verificación, el satélite volará detrás de su gemelo Sentinel-6 Michael Freilich, lanzado en 2020, para calibrar de manera cruzada los instrumentos antes de asumir el rol de satélite de referencia.
Un nuevo eslabón en una serie crítica
El nivel del mar no es uniforme: varía entre regiones por efectos de temperatura, corrientes y vientos. Sentinel-6B medirá esas diferencias con precisión de centímetros, alimentando los modelos que utilizan las agencias de gestión de emergencias para proyectar mareas de tormenta y escenarios de inundación en zonas costeras.
“Comprender los patrones de mareas hasta la pulgada es crítico para proteger cómo se utilizan los océanos cada día”, señaló Nicky Fox, responsable de la dirección de Ciencia de la NASA. La misión extiende un registro satelital que permite evaluar el impacto del cambio climático en el aumento del nivel medio de los océanos y en la frecuencia de eventos extremos.
Para gobiernos y empresas, esa información se traduce en insumos para decisiones de inversión en defensas costeras, coberturas de seguros y planificación urbana.
Datos con impacto económico directo
Además del nivel del mar, Sentinel-6B aportará mediciones sobre altura de olas, velocidad del viento en la superficie y parámetros atmosféricos como temperatura y humedad. Esa combinación permite identificar zonas de aguas más cálidas, donde la expansión térmica eleva el nivel del mar y alimenta la formación y el fortalecimiento de huracanes.
Los corredores de comercio marítimo se benefician de estos datos. Pronósticos más finos de altura de olas y condiciones de superficie ayudan a optimizar rutas, tiempos de viaje y consumo de combustible.
La información también resulta relevante para sectores como energía y logística costera. Terminales portuarias, depósitos de combustibles y parques eólicos marinos requieren proyecciones sobre el comportamiento del nivel del mar y del oleaje para definir estándares de diseño y planes de contingencia.
Una alianza transatlántica
Sentinel-6B es fruto de una cooperación que involucra a NASA, ESA, EUMETSAT, NOAA, la Comisión Europea y la agencia espacial francesa CNES. La misión se inserta en la familia de satélites Sentinel del programa Copernicus, que provee servicios de observación terrestre para políticas públicas y usos comerciales en todo el mundo.
“Este logro demuestra lo que puede lograrse cuando agencias e industrias internacionales trabajan hacia un objetivo compartido”, afirmó Simonetta Cheli, directora de Programas de Observación de la Tierra de ESA. La operación diaria del satélite y la distribución de datos estará a cargo de EUMETSAT, que los integrará en los sistemas de monitoreo numérico del tiempo y del océano.
Próximos pasos en órbita
Una vez completada la fase de calibración conjunta, Sentinel-6 Michael Freilich se desplazará a una órbita distinta y Sentinel-6B quedará como satélite de referencia, midiendo de forma rutinaria la mayor parte de los océanos durante una vida útil prevista de unos cinco años y medio.
Para la comunidad de negocios y los responsables de políticas públicas, Sentinel-6B se incorpora como una pieza de infraestructura crítica, menos visible que un puerto o un dique, pero central para gestionar el riesgo físico derivado del aumento del nivel del mar y del cambio en los patrones de tormentas.












