El mercado de capital financiero internacional ha desaparecido para los países emergentes, y esta situación se extenderá por varios años. Incluso en los países industrializados, hay severas restricciones para inyectar recursos en inversiones, mientras la inversión extranjera directa se retrae. Esto lo saben, o debieran saberlo, los políticos argentinos; y con mucha más razón los economistas, que prefieren quedar silenciosos. Si no lo mencionan puede ser por ignorancia, o bien porque no favorece la línea argumental que prefieren defender.
No hay duda de que el Consenso de Washington, aquel manojo de principios de los ´90 que se convirtió en credo de muchos países de la región, está muerto. Hay quienes suponen que será reemplazado por el Nuevo Consenso, otro recetario que persigue concretar “las reformas de fondo que faltan” (el consabido “más reducción del gasto público” y otras nociones aggiornadas por el estilo). Es más que improbable que, ahora, este tipo de ideas tenga aceptación. La realidad no deja margen para ilusiones ni experimentos.
En cambio, sí es probable que avancemos hacia un nuevo y moderno tipo de desarrollismo abierto no impuesto por el Estado, sino definido por la conveniencia del mercado. Habrá que perfeccionar y pulir aquella idea de Aldo Ferrer: “Vivir con lo nuestro”.
En un contexto internacional adverso -o incluso hostil- habrá que reconstruir buena parte de la industria desaparecida, pensando más en lo que hará falta y en lo que se podrá vender en el mundo mañana, que en las actividades de antaño. El nuevo proteccionismo (ver sección Documento en esta misma edición) no facilitará la colocación de mayor volumen y valor de exportaciones. Pero hay que intentarlo, esta vez sí, en una fuerte alianza entre el sector privado y el público.
Probablemente asistamos a la renacionalización obligada de algunos sectores económicos como tímidamente está ocurriendo con la banca. Pero lo esencial en momentos en que la riqueza está en el conocimiento, será reparar y mejorar el capital humano del país, para lo cual habrá que hacer enormes esfuerzos en educación, alimentación y salud. Con certeza, será un proceso simultáneo en toda la región lo que permitirá redoblar el paso del Mercosur.
Que quede en claro: un nuevo paradigma de crecimiento está por instalarse, y es urgente ayudar a definirlo.
