La Inteligencia Artificial llegó para hacer la tarea de la tecnología, facilitarle la vida al humano. Su brillantez es indiscutida a la hora de optimizar, acelerar u organizar procesos, pero en su afán por resolver tareas de comunicación efectiva, tiene dificultades para interpretar los matices emocionales que sostienen un vínculo e interpelar al interlocutor.
Mientras las empresas celebran la eficiencia de un prompt, también pierden calidad de escucha y de conversación.
Según la Encuesta Pymes 2025 de Microsoft, titulada “IA en las PyMEs: Tendencias, Desafíos y Oportunidades”, donde fueron consultados líderes de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, México y Puerto Rico, el 54%de las PyMEs en las Américas usa IA y acorde al 72% de los encuestados “optimiza sus procesos”.
Estos datos evidencian que la IA ya se posicionó como una herramienta esencial en las empresas, por lo tanto el desafío es recuperar la autonomía personal para diferenciar cuándo el algoritmo busca la satisfacción del usuario y cuándo resuelve o mejora un proceso realmente.
El 66% de los encuestados en Puerto Rico la ven como una herramienta “para ahorrar tiempo”, al igual que el 61% de los mexicanos, y es una realidad que, al evitar tareas repetitivas, la ganancia se traduzca en eficiencia. Sin embargo, la paradoja que esto genera es que, a mayor velocidad en la comunicación, menor es el espacio para escuchar activamente, reflexionar y comprender el mensaje. Acelerar el proceso no garantiza una mejor comprensión, únicamente ofrece una mayor rapidez en la respuesta.
Mientras que la eficiencia y la productividad son los indicadores más visibles en Colombia (52%) y Argentina (47%), estos números también invitan a reflexionar sobre la valoración de las habilidades de comunicación humanas que son el verdadero diferencial de las empresas.
Es en este contexto donde debemos repensar los vínculos como algo híbrido ya que la interacción, evidentemente y hace tiempo, dejó de ser exclusiva entre personas y la IA es parte activa del intercambio. Por eso, gestionar el vínculo de la empresa con la IA requiere de aprendizaje y del equilibrio con la riqueza de la comunicación humana.
Resultará indispensable comprender los límites de la tecnología y revalorar la habilidad humana de comprender contextos y construir confianza, de detectar emociones, de tener pensamiento crítico y emitir juicios. Lo que la IA nunca podrá copiar es el diferencial.












