Berlín denunció maniobras de satélites rusos sobre equipos usados por sus fuerzas armadas. La acusación se suma a una serie de incidentes en aire, mar y ciberespacio que tensan la relación entre Moscú y la Alianza Atlántica.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, advirtió que Rusia ha puesto en práctica una táctica tan novedosa como inquietante: dos satélites de la serie Luch Olymp estarían siguiendo de cerca equipos de Intelsat utilizados por la Bundeswehr y por otros gobiernos europeos. La denuncia fue formulada en el Tercer Congreso Espacial de la Industria Alemana, en Berlín, y estuvo acompañada por el anuncio de un programa de inversiones de 35.000 millones de euros para reforzar la defensa espacial del país hasta 2030.
Pistorius expresó dudas sobre la “naturaleza pacífica” de las maniobras rusas y habló de “escenarios de amenaza real” para Alemania. Recordó, además, que tanto Moscú como Pekín han desarrollado en los últimos años tecnologías capaces de interferir comunicaciones satelitales, cegar sensores o incluso destruir físicamente un artefacto en órbita. La advertencia marca un cambio de tono en la política alemana, que hasta hace pocos años mantenía una cooperación limitada con Rusia en materia espacial.
Una cadena de incidentes
La denuncia alemana no se presenta de manera aislada. Forma parte de una secuencia de incidentes que han acentuado la desconfianza entre Rusia y la OTAN. En las últimas semanas, drones atribuidos a Moscú obligaron a cerrar aeropuertos en Noruega y Dinamarca; cazas rusos ingresaron en el espacio aéreo de países aliados, y se detectaron ataques con vehículos aéreos no tripulados sobre territorio polaco.
En el frente cibernético, Pistorius recordó que, en febrero de 2022, poco antes de la invasión a Ucrania, un ciberataque contra la red ViaSat paralizó la operación de unas seis mil turbinas eólicas en Alemania. Aquel episodio, atribuido a Moscú, demostró hasta qué punto la infraestructura civil y militar depende de las comunicaciones satelitales. “Quien ataque estas redes paraliza a naciones enteras”, señaló el ministro.
A estos hechos se añade el antecedente de 2021, cuando Rusia destruyó mediante un misil uno de sus propios satélites, generando una nube de escombros que obligó a la Estación Espacial Internacional a maniobrar para evitar colisiones. Alemania se declaró entonces “muy preocupada” por la falta de previsibilidad de la operación.
Escalada tecnológica
La confrontación con la OTAN se libra en múltiples planos: drones, ciberataques, maniobras aéreas y, ahora, el espacio ultraterrestre. El trasfondo es la búsqueda de ventajas tecnológicas que puedan compensar debilidades en el terreno convencional. Según un informe de la televisión pública estadounidense PBS, servicios de inteligencia occidentales sospechan que Rusia trabaja en un dispositivo nuclear capaz de inutilizar satélites de órbita baja mediante un pulso electromagnético. Aunque no existe confirmación oficial, la sola hipótesis alimenta la percepción de un nuevo “talón de Aquiles” en las sociedades modernas.
Alemania, consciente de esa vulnerabilidad, ha decidido dotarse de medios ofensivos para garantizar la disuasión. “Debemos ser capaces de disuadir en el espacio para ser defendibles”, sostuvo Pistorius. El objetivo declarado es evitar que las comunicaciones militares, el tráfico aéreo, los sistemas de posicionamiento y la infraestructura energética queden expuestos a un ataque que podría inmovilizar a un país entero.
La advertencia de Berlín
El discurso del ministro alemán refleja un giro de largo alcance. Durante décadas, la política de seguridad germana evitó hablar de “amenaza directa” y se concentró en la cooperación internacional. Hoy, sin embargo, Pistorius insiste en que Rusia constituye “una amenaza fundamental” que ya no puede ser ignorada.
Esa percepción se extiende a otros ámbitos. Alexander Dobrindt, ministro del Interior, habló recientemente de una “carrera armamentista de drones” y anunció ejercicios militares en Hamburgo para ensayar la defensa de ciudades frente a ataques híbridos. El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, advirtió ante Naciones Unidas que “detener ahora a Putin es más barato que entrar en la carrera armamentista más peligrosa del mundo”.
El cambio de tono también se refleja en la propuesta alemana de recurrir a activos rusos congelados en Bélgica para financiar armamento destinado a Ucrania. El plan, presentado por el canciller Friedrich Merz, contempla un préstamo de 140.000 millones de euros que solo se devolvería una vez que Rusia indemnice a Kiev por los daños de la guerra.
Un horizonte de incertidumbre
La secuencia de incidentes muestra un patrón: Rusia ensaya tácticas de presión en múltiples escenarios para probar la capacidad de respuesta de la OTAN. Desde los drones que sobrevuelan aeropuertos hasta los satélites que se acercan demasiado a equipos europeos, las señales apuntan a una estrategia de desgaste.
El ministro Pistorius ha advertido que Alemania debe estar lista para un eventual conflicto hacia 2029. Su pronóstico no responde a una inminencia bélica sino a la necesidad de acelerar inversiones en defensa. Como en los años de la Guerra Fría, Berlín vuelve a ser un punto de observación de la pugna entre Oriente y Occidente, esta vez extendida al espacio exterior.
La denuncia sobre los satélites Luch Olymp ilustra un escenario nuevo en la geopolítica global: la competencia por el dominio de la órbita terrestre. Allí se decide no solo la seguridad militar, sino la continuidad de las economías y de la vida cotidiana. En esa frontera, la provocación de Rusia hacia Alemania y, por extensión, hacia la OTAN, abre una etapa en la que la defensa ya no se limita a tierra, mar y aire, sino que se proyecta más allá de la atmósfera.











