Consolidar un proceso de crecimiento sostenido implica necesariamente ampliar
el stock de capital de la economía. Ello es así, en primer lugar,
porque la inversión actúa sobre la oferta de bienes al ampliar
la capacidad productiva, al mismo tiempo que sirve de sostén de la demanda
agregada. A su vez, permite elevar la productividad del capital y del trabajo
y de esa forma sentar las bases para una mejor distribución del ingreso.
Desde el punto de vista empírico, existe evidencia suficiente que muestra
que el crecimiento de la productividad generado a través de la inversión
permite estimular el nivel de actividad y reducir el desempleo, uno de los males
que todavía aqueja a la Argentina actual. De esta forma, para alcanzar
un proceso de desarrollo en el tiempo no basta con aumentar el stock de capital
sino también es necesario generar aumentos en su productividad.
Si se mide la inversión en términos constantes, se estima que
con un valor de 22,4% se supere el registro de 1998 en 1,3 puntos porcentuales.
Este crecimiento de la inversión puede explicarse principalmente por
el incremento registrado en el sector de la construcción, que con una
relación sobre el PBI en torno a 12,6%, fue el rubro más dinámico
y superó en 0,4 puntos el valor registrado en 1998 en términos
constantes.
Por su parte la inversión en equipo durable sobre el producto registró
un valor de 9,7% en términos constantes, por lo que también logró
superar el máximo registrado en 1998, año en el que fue de 8,9%.
De esta forma, el piso de 11,3% observado en 2002 en el cociente Inversión/Producto
parece haber quedado atrás a partir de la recuperación económica
alcanzada.
Un aspecto clave para entender el incremento registrado en los volúmenes
de inversión consiste en analizar el gasto en obras públicas.
En efecto, las erogaciones de capital alcanzaron un piso de 4,3% respecto del
gasto primario en 2002 debido a que la falta de financiamiento obligó
a realizar ajustes en estas partidas. Sin embargo, el valor de las mismas comenzó
a recuperarse fuertemente en los años subsiguientes llegando a representar
10,6% del gasto primario en 2005 y trepando al tope de 13,9% en 2006. El valor
registrado en 2005 de $10.004 millones se incrementó 67,7% en 2006 (el
gasto fue de $16.715 millones).
En cuanto a la composición del gasto de capital, el gasto total realizado
en 2006 en inversión real directa por el sector público nacional
fue 80,5% superior al observado en 2005 ($5.437 millones versus $3013). A su
vez, este monto representó 32,5% de las erogaciones totales. Respecto
a las transferencias de capital, el gasto realizado de $9.843 millones significó
un incremento de 67,8% respecto al año anterior y representó 58,9%
del gasto total. Por último, la inversión financiera en 2006 fue
27,4% superior a la registrada en 2005. Con un valor de $1.435 millones significó
8,6% de las erogaciones totales de capital realizadas en el año.
Los desafíos pendientes
Si bien los datos parecen alentadores, existe todavía una serie de desafíos
que deben superarse para alcanzar la meta del crecimiento sostenido. En primer
lugar, si bien los niveles de inversión son altos y se espera que se
incrementen en 2007, se requerirá un mayor esfuerzo de inversión
para sostener el ritmo de crecimiento argentino. En efecto, el caso paradigmático
resulta ser el de los países asiáticos, que tienen tasas de crecimiento
de la inversión muy por encima de la Argentina, superiores a 40%.
En segundo lugar, la devaluación incrementó el costo del capital
importado, lo cual implica un freno a la inversión en capital productivo
a diferencia de lo ocurrido en los años 90, donde el bajo tipo de cambio
permitía incorporar maquinaria del exterior. En tercer lugar, el carácter
incipiente y por tanto incompleto de los mercados de capitales locales impiden
el desarrollo de productos financieros que posibiliten el financiamiento de
inversión de largo plazo. De esta manera, hace falta mejorar la fiscalización
y el sistema de leyes para proteger a los inversores y evitar las prácticas
perversas de épocas anteriores.
En este sentido, si bien el ahorro ha mostrado signos de recuperación,
los niveles de intermediación financiera continúan siendo bajos.
En cuarto lugar, se perdió participación respecto a los flujos
de inversión extranjera directa respecto al resto de los países
de América latina, lo cual puede resultar problemático en tanto
este tipo de inversión permite realizar transferencias de tecnología
desde las casas matrices y así aumentar la productividad del capital.
Por último la mayor productividad del capital debe complementarse con
mano de obra calificada. Si bien la Argentina se ha caracterizado históricamente
por poseer mano de obra con las habilidades requeridas, es necesario aumentar
la inversión en capital humano para continuar en el sendero del crecimiento.
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