Según CIPPEC, “en 1984, Argentina y Brasil producían las mismas toneladas de granos. Hoy, por cada tonelada argentina, Brasil cosecha más de tres” . El informe destaca que esa diferencia obedece principalmente a las divergencias en la consistencia y orientación de las políticas económicas y productivas aplicadas en cada país a lo largo de las últimas décadas.
Políticas agroindustriales: apertura versus intervencionismo
Brasil consolidó su posición como exportador global de agroalimentos, logrando un aumento simultáneo de su superficie sembrada y de la productividad . En contraste, Argentina se rezagó en esos indicadores, sin lograr crecer al ritmo de su vecino sudamericano.
El informe subraya que Argentina transitó entre etapas de liberalización y otras de fuerte intervención. Durante los años de apertura, el país impulsó su inserción internacional —a través del MERCOSUR y su ingreso a la OMC en 1994—, lo que promovió inicialmente un crecimiento exportador. Sin embargo, ese impulso fue seguido por una política regresiva: impuestos y cuotas a las exportaciones, aranceles a las importaciones y controles de precios internos generaron distorsiones significativas entre precios internos e internacionales .
Como resultado, se deterioró la relación insumo-producto. Se redujeron los márgenes de ganancia, descendió la inversión y freno la adopción de nuevas tecnologías .
Del agro expansivo a la defensa del statu quo
Desde la década de 2000, y particularmente luego de 2011 con la implementación del cepo cambiario y alícuotas elevadas en derechos de exportación, la actividad agroindustrial argentina dejó atrás su lógica expansiva —orientada al crecimiento y la innovación— para adoptar una estrategia defensiva, centrada en preservar la producción existente más que en expandirla .
Ese cambio de paradigma contribuyó a consolidar un ciclo productivo caracterizado por la incertidumbre, los controles económicos y una menor predisposición a invertir en tecnología o mejoras de escala.
Mirada comparada: consistencia frente a vaivenes
La experiencia comparada revela la importancia de dotar al sector agroindustrial de reglas de juego estables. Brasil logró mantener una política previsiblemente orientada al desarrollo del sector, lo que permitió expandir superficie, mejorar productividad y consolidar su participación en el comercio global.
En cambio, Argentina alternó entre apertura y restricciones, lo cual generó una pérdida de ventaja comparativa. La ausencia de políticas de largo plazo —coherentes y estables— terminó relegando al país en relación con su par brasileño.
Consecuencias macroeconómicas y productivas
La distancia productiva entre ambos países se volvió notable: mientras Brasil expandió tanto su superficie sembrada como sus rendimientos por hectárea, Argentina experimentó una reducción relativa en ambos ítems .
Esta brecha no solo refleja un menor crecimiento físico en producción, sino que también da cuenta de una menor eficiencia productiva. La combinación de restricciones cambiarias, impositivas y de mercado interno produjo un escenario donde la adopción de mejores prácticas y tecnología pierde incentivos.
Urgencia de una agenda sectorial coherente
El informe de CIPPEC sugiere que la trayectoria divergente entre ambos países evidencia la necesidad de diseñar políticas agroindustriales de largo plazo, que ofrezcan previsibilidad, estímulo a la inversión, incentivos a la innovación y apertura sostenida al comercio internacional.
Una agenda de este tipo podría restaurar márgenes de rentabilidad, promover la inversión en tecnología y facilitar la expansión hacia mercados globales.
La comparación entre Brasil y Argentina evidencia que recursos similares no garantizan resultados equivalentes. El desempeño del sector agroindustrial argentino ilustra cómo las políticas inconsistentes pueden erosionar ventajas competitivas e inhibir el desarrollo productivo.
El informe aporta un mensaje institucional claro: el crecimiento sostenible del agro requiere tanto eficiencia técnica como estabilidad normativa e integración internacional. La experiencia brasileña lo ilustra; la argentina, por su parte, muestra las consecuencias del vaivén regulatorio.












